La vejez suele tener algunos premios de y héte aquí que el otro día, luego de ir caminando por las calles de La Paz con una garrafa vacía de gas sobre mis hombros, recibí una carta de Asociación de Antiguos Alumnos de la Compañía de Jesús en la que me comunicaban haber sido designado el Calixtino del Año 2005y una medalla me sería entregada en el Patio de Honor de mi viejo colegio San Calixto.
Acudí temeroso de que se hubiera incurrido en un error, luego de haberle pedido a mi reumatóloga yungueña que me practicase una frotadita en mis ttusus, léase pantorrillas, para aguantar la ceremonia, y que utilizase sus mejores artes para maquillar mi envejecido rostro, tareas que cumplió como buena profesional.
Al llegar al Colegio de los Padres Jesuitas después de tantos años no pude dejar de recordar la vez primera que llegué a ese recinto donde fui conducido a la fuerza por mi madre y una imilla, negándome a entrar al colegio, mientras llorando gritaba:"yo no quiero aprender a leer, yo no quiero comenzar a escribir..." siendo reducido a la fuerza por las dos mujeres que al final me depositaron en el patio que estaba lleno de párvulos.
Quién diría en ese instante que al cabo de tantos años no haría otra cosa que escribir todos los días y leer todas las noches porque si yo no leyera ¿de quién podría copiar mis ideas para escribir cotidiamente? Lo cierto es que al cabo de tantas décadas las benditas mujeres que me habían conducido hasta el Colegio ya han muerto, y la única mujer que me recibió estaba viva y no era otra que la Virgen de mi Colegio, aquélla "bajo cuyo manto sagrado mi madre aquí me dejó..."
En el patio de honor del viejo Colegio se hallaban antiguos alumnos pertenecientes a muchas promociones y en una esquina me esperaban algunos de la mía.Al verle dije: allí están "los chicos del curso" y corrí a abrazarlos, celebrando todos el haber vuelto al colegio después de sesenta años, dato cronológico que prometí no desvelarlo públicamente.
Luego fue oficiada la Misa por el sacerdote jusuita el Padre Aunión quien recordó al Padre Vicente María Beneyto quien actualmente se encuentra en España, desarrollándose luego del programa preparado por la Promoción 1980 que al cumplir 25 años de bachilleres habíanme propuesto como el Calixtino del Año 2005, distinción que el año pasado recibió Don Carlos Mesa Gisbert, entonces Presidente de la República.
Luego de recibir la medalla, no pude menos que decir a los nuevos bachilleres y a los antiguos que les agradecería por el honor que recibía de ellos, subrayando que lo mejor que me enseñaron los padres jesuitas fueron los criterios cristianos que normaron mi vida y que, cojeando y cojeando, los había mantenido a lo largo de mi vida de periodista y escritor católico, arrepintiéndome de mi berrinche parvulario que decía:"no quiero aprender a leer, no quiero comenzar a escribir".