El problema interesa a la comunidad internacional y sus instituciones más representativas, circunstancia que hará cuesta arriba el ideario si no se abre al debate y la coordinación.
La designación de un líder de los productores del Chapare como Viceministro de Defensa Social encargado tradicionalmente de la erradicación de las plantaciones excedentarias y la lucha contra el narcotráfico; el anuncio en sentido de que el Viceministerio de Coca y Desarrollo Integral --sustituto del de Desarrollo Alternativo en el nuevo organigrama del Poder Ejecutivo-- emprenderá una campaña internacional en pro de la despenalización con miras a su exportación e industrialización, y la ratificación de la autorización concedida al sector para el cultivo del arbusto en una extensión de 1.600 metros cuadrados por familia (el cato aprobado por la gestión gubernamental de Carlos Mesa) hasta tanto se realice un estudio sobre la demanda de la hoja en el mercado interno, han perfilado en menos de una semana la política que el presidente Evo Morales llevará a cabo en los próximos cinco años bajo la premisa de que "coca cero" no habrá jamás, según su alocución ante una masiva concentración efectuada el pasado sábado en el subtrópico cochabambino.
Poco hay en las disposiciones mencionadas, excepción hecha del nombramiento de su estrecho colaborador, que no se hubiera conocido por boca del propio mandatario a lo largo de su trayectoria sindical, precisamente en aquella región, y durante el reciente proceso electoral que le dio contundente victoria para asumir la primera magistratura del país.
Si algo nuevo se observa en su discurso, en cambio, es el pedido que hizo a los cocaleros para que voluntariamente no extendiesen sus cultivos más allá de la superficie citada mientras se determina la demanda de la coca para usos alimenticios, medicinales y rituales en el mercado nacional, así como la versión más bien difusa de que estaría decidido a disolver la Fuerza de Tarea Conjunta que integrada por tropas militares y policiales y respaldada por el gobierno de los Estados Unidos, ha venido ocupándose de la erradicación, indistintamente forzosa y compensada, de las hectáreas de cocales que superan lo legalmente previsto, como así también de la destrucción de las factorías de cocaína y la represión de los traficantes del alcaloide.
Por contrapartida y desde la aprobación del cato, se dice que las plantaciones han ido en sostenido incremento no sólo en el Chapare sino en los yungas paceños, hecho que tendría su correlato en informes oficiales y el frecuente hallazgo de factorías de la droga, sin que empero nadie se incline por realizar el demorado estudio de la demanda, a pesar de los ofrecimientos externos de costearlo.
Pero al margen de este contexto, preciso es recordar que el problema de la coca interesa a la comunidad internacional y sus instituciones más representativas por causa del estupefaciente que de ella deriva, circunstancia que hará cuesta arriba la materialización del ideario comentado si no se abre al debate y la coordinación multilateral.