Al convertirse en Presidente Evo Morales dejó de ser líder de unos cuantos para asumir la representación de todos los bolivianos.
El triple papel que ha decidido mantener el presidente Evo Morales como Primer Mandatario, dirigente cocalero y jefe de un partido político, puede ser perjudicial para el gobierno, aunque seguramente el Movimiento al Socialismo (MAS) lo estime provechoso.
Quien está liderando la campaña del MAS para la Asamblea Constituyente es el Presidente en persona, al parecer con la esperanza de reeditar el 53.7 por ciento de votos conseguido el 18 de diciembre del año pasado. El problema de tal papel es que no sólo existe el riego del uso indebido del aparato estatal, como observó la oposición, sino del tiempo que Morales debe dedicar a las tareas del gobierno.
Si bien al Presidente parece preocuparle mucho tener los constituyentes suficientes para cambiar el país, no puede desconocer que, también, debe gobernar una Bolivia que no resolverá todos sus problemas en la Constituyente.
Aunque la Asamblea no será la medicina para todos los males, se ha ido generando demasiada expectativa sobre los resultados de este proceso. El propio MAS apuesta casi todas sus fichas a la cita, olvidando que al haber ganado la Presidencia, su primera responsabilidad en este momento es con el país.
Gobernar desde el rol de dirigente cocalero o de jefe de un partido político inspira, de por sí, a las malas lenguas o, por lo menos, da lugar a la sospecha, y esto empeorará cuando empiecen a moverse recursos económicos y logísticos para la campaña. ¿Qué hará entonces el Presidente-jefe-dirigente?
Complicado si se toma en cuenta que el Primer Mandatario ha tratado de mostrar una imagen de transparencia, incluso disminuyéndose el salario. Sin embargo, cuando mañana alguien le reclame (ya lo están haciendo) por el empleo de fondos públicos para movilizaciones por motivos vinculados al dirigente cocalero o al jefe del MAS, ¿cuál será su respuesta? A medida que se encienda la campaña electoral de los candidatos a constituyentes, el triple papel tenderá a enturbiarse más porque los jefes de partidos políticos y de agrupaciones ciudadanas y pueblos indígenas buscarán con lupa las huellas de los pasos mal dados por el gobierno y por el Presidente.
Esto sin considerar el tercer papel del Primer Mandatario, el de dirigente cocalero, que más de una mueca internacional ha dibujado ya innecesariamente, porque al convertirse en Presidente Evo Morales dejó de ser líder de unos cuantos para asumir la representación de todos los bolivianos. Por tanto, levantar polvo entre otros países y organismos internacionales no parece beneficiar a nadie.
Ojalá que quienes asesoran al Primer Mandatario le ayuden a poner en un lado de la balanza el papel de Presidente y en el otro el de jefe del MAS y dirigente cocalero, para ver hacia qué lado se inclina.