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Cochabamba - Bolivia Domingo, 30 de abril de 2006

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Mosoj Yan: 15 años de nuevo rumbo de niñas y adolescentes

Cuando tenía 10 años, ella sucumbió al poder de las calles,

Por:Ross Mery Espinoza Chávez

Las calles se adueñaron de ella cuando tenía 10 años, impulsada por el abandono de su madre, quien luego de la separación de su esposo se refugió en el alcohol. Ella estuvo vagando sin rumbo por cerca de ocho años consumiendo clefa, robando y relacionándose a temprana edad con muchos chicos.

Hoy, Julia puede demostrar que su vida cambió radicalmente después de llegar a Mosoj Yan, que en quechua significa "Camino Nuevo". Esta institución la ayudó a salir de las drogas y de los actos delictivos.

Cuando tenía 17 años, quedó embaraza de su primer hijo. Su miedo a que nazca deforme la motivó a salirse de las calles, y ahora, a sus 25, tiene una vida normal junto a su pareja y sus tres hijos.

Ésta es una de las muchas experiencias vividas en Mosoj Yan, institución que nació hace 15 años con el pleno convencimiento de que "al educar a una niña se forma una familia", según explica su directora, Marisol Nacho.

La directora, que también es psicóloga, afirma con satisfacción, orgullo y, al mismo tiempo, humildad, que desde la creación de Mosoj Yan se conocieron los éxitos logrados a través del esfuerzo, fortaleza de cientos de niñas y adolescentes que formaron parte de alguno de sus cuatro proyectos.

"Hemos podido ver vidas con nuevos proyectos dirigidos al estudio, a la construcción de sus hogares. En el caso de las adolescentes, tenemos universitarias que están al borde de salir profesionales", explica.

Agrega que el proceso de educación y capacitación tuvo tal avance que se ha pasado de una "desescolarización" a un nivel de educación superior. Por lo tanto, se tiene la idea de tener un centro que permita dar también capacitación técnica a estas adolescentes.

En los 15 años de funcionamiento se crearon cuatro proyectos: El Centro para Niñas y Adolescentes Trabajadoras, el Centro de Motivación, Albergue de Restauración y la Unidad Productiva Social.

Para acogerse al proyecto de las niñas y adolescentes trabajadoras, el primer requisito es estar escolarizadas. En estos últimos cinco años, no existe ni una sola reprobada, tampoco abandonaron la escuela, explica la Directora.

Otro de los proyectos es el Centro de Motivación, que atiende a las niñas en situación de calle. En este ámbito, también se dieron casos de adolescentes que han regresado a sus hogares o que definitivamente decidieron llevar su vida de manera independiente, pero con un proyecto saludable que les permite atender a sus bebés y crecer integralmente en sus objetivos, ya no en las calles, añade Marisol Nacho.

El Albergue de Restauración atiende a las niñas y adolescentes que han experimentado un abuso extremo, ya sea físico o sexual, por lo que la misión en el lapso de un año es promover la restauración de sus vidas, reinsertarlas a sus hogares o ayudarlas con su independencia, de modo que se coordina con el Sedeges para ayudarlas.

La Unidad Productiva Social es el cuarto proyecto, el más reciente, que recibe los productos materiales de los centros para ser vendidos. Los ingresos se convierten en un pulmón económico. Además, refuerza la autoestima de las muchachas, mejora el producto elaborado y persigue la calidad en los productos ofrecidos en el café (masitas y almuerzo) y la tienda (tarjetas, tejidos, alfombras, cuadros de madera, etc.), ubicados en la calle Bolívar N° 818 entre 16 de julio y Oquendo, teléfono 4500879

En busca de amigos

Los logros obtenidos en los 15 años impulsaron una variedad de proyectos. Uno de los más nuevos es el dirigido a la población de señoritas que concluyen el bachillerato. Pensando en su capacitación, se abrió una posibilidad para que las personas solidarias puedan aportar recursos que permitirán que decenas de ellas puedan seguir estudios superiores. Se denomina "Los amigos Mosoj Yan", personas voluntarias que se convierten en padrinos de los estudios por el lapso de tres años.

"Tenemos unas cinco personas que están bajo ese programa. Es lindo porque la misma sociedad se hace responsable de las adolescentes", dice la directora Marisol Nacho.

Una muchacha tenía el deseo de estudiar Medicina, pero la mamá le dijo no porque es una carrera larga y porque no tenía los recursos. La joven, siendo buena alumna, no podía cumplir su deseo. Pero se logró conseguir apoyo para ella. Ahora dice que será auxiliar de Enfermería y después verá si continúa, cuenta la coordinadora del Centro de Trabajadoras, Gilka Estévez.

PROYECTOS

El primero de los proyectos empezó en 1991. Dos años después, la población de niñas y adolescentes trabajadoras fue creciendo al igual que la necesidad en las calles.

El hecho de que las niñas deambulen vendiendo rosas, dulces y bolsas en las calles, las pone en alto riesgo de ser muchachas de la calle.

De la población de la calle que atiende Mosoj Yan, un 85 por ciento empezó siendo niña y adolescente trabajadora y por ciertos factores se fueron a las calles.

Los distintos proyectos cuentan con un equipo de 23 profesionales y unas 17 voluntarias.

Gilka Estevez - Coordinadora del Centro de Trabajadoras

"Deben tener el deseo de cambio"

Se logra que los padres y madres se hagan responsables de la educación de las niñas, a partir de que es una exigencia que ellas estén en la escuela o colegio.

El principal objetivo es que ellas tengan el deseo de cambio de vida y superación. Por ejemplo, con los talleres de capacitación, se las fortalece en la parte económica, pero también a un nivel espiritual, que es necesario para que sepan a dónde se dirigen, y vuelvan a adquirir los valores que son importantes para ellas, sus familias e incluso la propia sociedad.

Entre las muchas enseñanzas que se les imparte a las jóvenes están las relacionadas con la computación, la tarjetería, repostería y carpintería.

Florentino Gorena - Coordinador del Albergue de Restauración

"Salen con alguna enseñanza técnica"

Este centro alberga actualmente a 12 adolescentes. Su capacidad es para 15 y también acoge a sus hijos. La mayoría de las chicas arrastra dramas como abusos, maltrato, violaciones, rebeldía.

El requisito es que asistan voluntariamente. Después, firmar un documento donde ellas aceptan cumplir las condiciones de portarse bien, no consumir ningún tipo de drogas ni alcohol, y estar dispuestas a someterse al cambio que se les propone.

La reinserción, dependiendo del caso, se logra en un año, año y medio y en algunos casos hasta dos, tiempo en el que tienen que salir con alguna enseñanza técnica, un trabajo y se les busca un cuarto para su independencia.

UNA VIDA, UNA HISTORIA

Vende en la 14 de Septiembre desde hace 41 años. Sin embargo, se ganó el puesto fijo recién hace 10. En todo este tiempo, ha logrado la popularidad y sus clientes más asiduos son los funcionarios públicos de la Alcaldía y la Prefectura. Además, es una persona muy activa, que renueva constantemente sus productos

Teresa Rojas, la vendedora de pastillas más antigua de la Plaza

"Para mi es una fuente de trabajo y me gano bien, más cuando vendo refrescos"

"Todos me conocen como Doña Teresita y lo hacen con mucho cariño porque también les vendo lo que quieren".

Teresa Rojas

"Yo vivo de vender pastillas y refrescos", dice Teresa Rojas de 62 años de edad, que se ganó un puesto para vender sus productos en la acera norte de la Plaza 14 de Septiembre, a pocos pasos de la puerta principal de ingreso a la Prefectura de Cochabamba.

Natural de Mizque, desde sus 10 años empezó a vender cosas pequeñas en la plaza, como billetes de lotería y otros productos en una mesa chica, ambulando de lugar en lugar, todo con la finalidad de ganarse algunos pesos, cuenta a tiempo de recordar que antes no había muchos vendedores como existen hoy en día en la Plaza y en todo lugar.

Llegó a la ciudad de Cochabamba gracias a un tío, porque ella era huérfana de padres, que la dejaron muy pequeña.

"Todos me conocen como Doña Teresita y lo hacen con mucho cariño porque también les vendo lo que quieren", comenta.

Desde 1965, vende dulces, chocolates y refresco en la Plaza 14 de Septiembre, constituyéndose en unas de las primeras vendedoras. "Antes no tenía puesto, gracias al Bombón (Manfred Reyes Villa) tengo este puesto que me compran todas las personas que me conocen", dice.

Teresa Rojas vive sola en un cuarto en anticrético. Vende sus pastillas para sobrevivir y pagar todas sus obligaciones. Los que más consumen sus productos son los funcionarios de la Prefectura de Cochabamba y los efectivos de la Policía Departamental. "No fío y tampoco permito que se hagan la burla", señala.

Trabajo sacrificado, pero compensado

GANANCIAS

Todos los días gana entre 40 y 50 bolivianos y tiene que cumplir con una serie de obligaciones, como pagar la energía eléctrica, teléfono y su alimentación.

LAS PALOMAS

Todos los días alimenta a las palomas de la Plaza 14 de Septiembre. Según ella, son como sus hijos, por lo que les da maíz y pan menudo.

LA VENTA

Ella vende pastillas, chocolates, papas, rosconcitos, refrescos, yogurt y otros productos.

CUENTAS

Tuvo poca capacitación en la escuela, pero sabe leer, escribir y sacar las cuentas para llevar adelante su negocio.

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