Hay tareas que nadie las quiere para sí, pero alguien debe hacerlas y pocos reconocen este sacrificio
¿Detesta su trabajo? Entonces vea éstos y quizá cambie de opinión. Arreglar a los muertos, recolectar la sangre o excrementos del ganado del matadero, vaciar los pozos sépticos, sacar los desechos de las aguas de los alcantarillados o manipular la basura son trabajos que a muy pocos les gustaría hacer y son labores realizadas de forma sacrificada por varios trabajadores anónimos para el bien de la sociedad. En estos trabajos, todos ellos muy riesgosos, los olores nauseabundos son el día a día y los trabajadores han aprendido a dejar los reparos a un lado. "Hay que ganarse la vida", aseguran.
Juan René Laime nació en 1938 y desde hace 28 años trabaja como "morguero" a pesar de que no recibe sueldo por ello. Su trabajo: arreglar a los muertos. Los lava, los rasura, los viste y, en muchos casos, los arma. "A veces llegan sin cabeza, con su pierna a un lado, con sus barrigas reventadas", explica.
Gracias a su trabajo, los familiares de los difuntos pueden tener una imagen menos dolorosa de sus seres queridos, pero también permite mantener en condiciones salubres los cuerpos que llegan hasta la morgue, evitando así diversos riesgos para la población.
Laime comenta que al principio le costó su trabajo y que empezó a hacerlo porque vivía en la zona. "Al principio me daba miedo, pero luego uno se acostumbra. Más vale estar con muertos que con vivos".
Él es también quien se encarga de alistar y llevar a las fosas comunes a los muertos que nadie reconoce o "k"alanchos" como él los llama. A pesar de su esforzada labor en la que no hay feriados, ni Navidad, ni domingos, y de los reiterados compromisos de varios funcionarios de la Fiscalía de pagarle un sueldo, hasta la fecha no recibe nada. Se mantiene con el roconocimiento que hacen algunos de los familiares por el trabajo que realiza.
Pozos
Juvenal Araoz va donde lo envía su empresa, Servimaster, a vaciar los pozos sépticos que se han llenado y llevar sus aguas a ser tratadas por Semapa. A pesar de que los equipos facilitan su tarea y de que su labor tiene una remuneración buena, el olor pestilente es una constante, aunque Araoz asegura que "uno se acostumbra".
En pro de la alimentación
}Abrham Rocha trabaja desde el año pasado como "sangrero" en el matadero para mantener a sus seis hijos. Durante ocho horas al día tiene la tarea de recolectar la sangre del ganado que es faenado, vaciarla en turriles y colocar éstos en los camines que los llevan hasta empresas donde harán secar la sangre para fabricar alimentos para animales.
Con el mandil salpicado y caminando sobre sangre, admite que al principio le daba asco porque a veces el olor es muy fuerte.
A pocos metros, su compañero Andrés Mendoza trabaja de "sarandero", es decir, de recolector de los excrementos del ganado. "Lo colocamos en la chata y en la tarde cuando se termina el faeneo lo botamos".
Para él, escarbar y recolectar con una pala estos nauseabundos desechos, en los que el penetrante olor de orines se mezcla con el de la bosta, es un medio de subsistencia para mantener a sus cinco hijos.
Por su trabajo, a ambos les pagan 600 bolivianos al mes.
Pero ellos no son los únicos que realizan una tarea difícil en el matadero, tal como explica el Jefe de Planta, Franz Luciano Achá.
"Desde el momento en que usted tiene que ser el autor de dar muerte a un ser ya es un gran problema, no sólo de acción, sino psicológico. A veces la sociedad los trata mal... no se los valora en el sentido de su alimentación y salud", indica.
Con aguas servidas
En la planta de tratamiento de aguas servidas de Semapa en Albarrancho, los obreros trabajan, llueva o no llueva, con uno de los desechos más pestilentes: todo lo que sale de los baños, de las cocinas y todo lo que la mayoría de las personas no quiere "ni ver" es su medio de trabajo.
Con un sistema de pozas, se va limpiando el agua de sus múltiples contaminantes hasta convertirla en un líquido apto para el riego.
Los trabajadores de esta planta tienen la misión de mantener las pozas de sedimentación libres de pastos, cuya presencia permitiría la proliferación de bacterias y moscas que causarían la contaminación de la ciudad, pero también realizan otras arduas tareas como sacar de las mismas aguas la "nata" que se forma por la grasa y otros compuestos orgánicos de las aguas.
"Gracias a este trabajo podemos tener una ciudad libre de enfermedades, garantizamos la salud de toda nuestra población. Además damos vida a otros porque Semapa no cobra un centavo por el agua que es utilizada para riego", explica el Jefe de la Planta, Abel Lizarasu.
A pesar de ello, Asterio Balderrama y Fernando Vargas parecen inmunes al olor y a los contaminantes. "Uno se acostumbra, hay que trabajar", dicen. Por su trabajo reciben alrededor de 1.200 bolivianos.
BASURA
Montañas y montañas de basura y un olor insoportable. Para la mayoría, es un paisaje desolador, pero para los separadores del botadero de K"ara K"ara es el espacio en el que pueden encontrar el pan de cada día.
Separando la basura que traen los camiones desde toda la ciudad, ellos encuentran papeles, vidrio, plásticos, fierro y otros desechos que amontonan para vender.
A pesar del medio poco saludable en el que trabajan, ellos parecen haberse vuelto inmunes a las enfermedades, a la pestilencia y a los reparos.