Definitivamente, las cosas en el Palacio Quemado son distintas. El ritmo de trabajo del presidente de la República, Evo Morales, sumado a su estricto cuerpo de seguridad personal y el casi anonimato de sus colaboradores más cercanos, ha mantenido hasta el momento con un velo de oscuridad esta faceta en la Sede de Gobierno.
Como lo había prometido el día en que juró como el primer Jefe de Estado indígena, Evo llega a Palacio alrededor de las 5:00 y se retira a la residencia presidencial, en algunos casos, un par de horas antes de volver a iniciar su jornada laboral.
Su entorno más allegado, aquellos con los que comparte día tras día sus decisiones, tienen rostros casi invisibles. Nadie dice sus nombres y prefiere obviar una respuesta ante alguna consulta periodística.
De acuerdo con las infidencias de algunos funcionarios, se pudo conocer que tiene tres secretarias personales, tres choferes que indistintamente lo trasladan a los sitios donde se hace presente y dos asesores personales, que al igual que el vicepresidente Álvaro García Linera, tienen contacto permanente con él.
Los horarios de sus comidas, las horas de descanso o posibles paseos son totalmente imprevisibles. Lo mismo que su relación con la prensa nacional, pero especialmente con la paceña, con la que habla casi todos los días y en algunas ocasiones dice: "Esa respuesta que quede para mañana, porque si no, no tendremos de qué conversar".