El peligro de juntarse con malas amistades del que nos advertían nuestra madres, deberían recordarlo nuestros gobernantes. Pero nunca faltan los desmemoriados. El Gobierno optó por afeccionarse a dos nocivas compañías, el caduco Fidel Castro y el megalómano Hugo Chávez. Entre los tres (don Evo el tercero) han suscrito en La Habana un novedoso pacto tripartido llamado Tratado de Comercio de los Pueblos, que dejará chiquita a la Comunidad Andina de Naciones (CAN), al Tratado de Libre Comercio con los EEUU (al que no se han apuntado los tres países mencionados), al ATPDEA que beneficia a Bolivia.
Pero que no se inquiete el respetable público. Don Evo nos anunció que, estas fórmulas integradoras, proyanqis y neoliberales para mayor vergüenza, serán superadas por el prometedor Tratado de Comercio de los Pueblos, firmado ayer por los tres jinetes del Ameroapocalipsis: Castro, Chávez y Morales. Nadie entiende de qué va a tratar el Tratado. El comercio de Bolivia con Cuba no pasa de los 5.000 (cinco mil) dólares anuales (¡!) No contabilizamos los viáticos de los 200 paramédicos cubanos -- que no todos son médicos de verdad- - y que, con su sola presencia humanitaria, avergüenzan a nuestra salud pública, mal atendida y huelguista consuetudinaria. Con Venezuela, hay un intercambio comercial de $us. 253 millones anuales, más la deuda oculta de las ayudas políticas que reparten hasta bonos de lealtad. Y si el bono es de lealtad al Gobierno de La Paz, también lo es al generoso donante caraqueño. Es sabido que el Tratado de Comercio de los Pueblos apunta sin rubor a conformar un triángulo político contra los EEUU. Total que Fidel, Hugo y Evo declaran la guerra del Sur contra el Norte. ¡El Choque de Civilizaciones! ¡Tiemblen el Departamento de Estado y Wall Street!
Uno podría deducir que la conflictiva Latinoamérica demuestra su incapacidad de integración. Cierto que se han hecho varios intentos, pero han terminado en tinglados burocráticos desmesurados y escasamente eficaces para la difícil tarea de combinar inteligentemente los legítimos intereses de cada país para beneficio de todos. Montañas de Tratados y Convenios incumplidos o cumplidos sólo en mínima parte -lo que prácticamente es lo mismo--. Se ha seguido izando banderas en lugar de concertar negocios dignos, provechosos y duraderos. El caso más patético lo tenemos aquí mismo: la economía boliviana vuela con piloto automático. La rivalidad de Bolivia y Chile no se resuelve. ¡Por qué sorprenderse de que un caribeño atrevido nos someta a su área de expansión imperial de pacotilla, al toque de silbato como jefe de estación!
El intercambio comercial de Bolivia con los países de la CAN va bien: 506 millones de dólares con tendencia a crecer. Y la Ley de Preferencias Arancelarias y Lucha Contra la Droga, que los EEUU mantiene con Bolivia hasta el próximo 31 de diciembre de este año, proporciona 8.000 puestos de trabajo permanente a artesanos, pequeños y medianos industriales, con efectos multiplicadores incalculables. ¿Y el Gobierno va a reventar estas ventajas por manías ideológicas caribeñas? Urge apartarse de las malas compañías. ¡Madres siempre benditas, aunque vuestros hijos se perdieron por las malas amistades!