Enfrentados por visión de país y por cómo debe conducirse éste, gobierno y la nueva oposición buscarán los unos hacerse del Estado lo antes posible y, los otros, ser autónomos y arquitectos de su desarrollo y crecimiento. Nada será fácil como viene la mano
La oposición en el país es otra. Si antes existían partidos políticos estructurados sobre la base de cuadros y mandos que aglutinaban a un conjunto de adherentes que encontraban en sus lideratos natos a los referentes por donde canalizar determinadas posturas, hoy la situación es diversa. El escenario político es distinto. Partidos como Acción Democrática Nacionalista, UCS, CONDEPA, el Partido Demócrata Cristiano o el FRI, por citar algunos, no existen y tienden a desaparecer definitivamente. Por la misma senda va el Movimiento de Izquierda Revolucionario con Jaime Paz dedicado ahora a la industria de la frutilla y Nueva Fuerza Republicana que con el triunfo electoral de Manfred Reyes Villa, poco o nada pesa.
El MNR subsiste porque en su momento fue el partido político mejor constituido, con presencia en todos los rincones de la patria y con liderazgo nacional proveniente de oriente y occidente.
Su vigencia es aún incierta debido a la falta de renovación en sus mandos de dirección y será difícil que se recupere del fuerte golpe sufrido a raíz de la caída del ex Presidente Gonzalo Sánchez de Lozada.
Las agrupaciones ciudadanas que surgieron como consecuencia del ejercicio compartido de la representación popular con pueblos indígenas y partidos políticos, tal cual manda la Constitución Política del Estado, no son más que intentos fallidos por encontrar estructura, esencia, ideología, visión y misión en una suerte de uniones temporales de gentes que en algún momento pulularon en partidos políticos vinculados a la tradicional casta política y que trataron bajo la permisibilidad constitucional, ganar la preferencia del electorado apareciendo como exponentes del cambio y la transformación. Esfuerzos en ese sentido los desarrolló Jorge Quiroga con Podemos y el actual Prefecto por Cochabamba.
En lo que toca al partido de gobierno es, sin duda, la agrupación política mejor organizada en este momento. Tiene recursos provenientes del Chapare y de organizaciones extranjeras y creo yo, de Venezuela como parte del apoyo a la implementación y consolidación del modelo socialista de corte indígena y de la revolución bolivariana en su faceta andina. Nadie puede poner en tela de juicio la capacidad organizativa del MAS, pese a que como sucede en todo lado, existieron y existen voces disonantes que no comparten con la verticalidad que es propia de liderazgos caudillistas como el que ejerce Evo Morales y, porque no, Álvaro García Linera. El MAS pesa lo que vale por la cohesión de sus mandos y porque cuando fue oposición, ejerció ese rol de manera dura, despiadada, sin que importe el país, su estabilidad, crecimiento, industria, sus exportadores y sus caminos. El país pagó un precio muy caro por ver al partido de gobierno actuar en oposición. Nunca fue contemplativo. Alentó todo movimiento y reclamo social que ganaba las calles, que ponía plazos fatales bajo amenaza de paros, marchas, huelgas y bloqueo de caminos, y jugó sus armas legislativas con verdaderas fichas parlamentarias. Supo hacer oposición pero de la fuerte y persistente, y pudo construir y fortalecer el liderazgo sindical de Evo Morales utilizando ese tipo de expedientes.
Hoy la figura es distinta, ya lo anoté. El otrora partido opositor es ahora partido de gobierno, y no tiene a los cuadros movimientistas, adenistas, ucesistas, eneferistas o miristas en las calles o en el parlamento entorpeciendo con o sin razón, la gestión del gobierno. Todo cambió. Hoy la representación parlamentaria se reduce a tres partidos políticos, uno de ellos de reciente creación y a una agrupación ciudadana. No hay más, y como están las cosas y como se han presentado después de la elección de diciembre, no habrá oposición política por lo menos, este quinquenio.
Por lo tanto, el tablero nos muestra un enroque donde si antes el partido en función de gobierno tenía en otros partidos políticos a sus tradicionales contendores, hoy el gobierno tiene en algunos departamentos y ciudades del país y en sus autoridades y dirigentes cívicos, a los que tomaron la posta para constituirse en la nueva oposición. No con la dureza del "MAS opositor" pero sí con mucha más legitimidad, departamentos como Santa Cruz, Tarija, Beni y Pando son y serán un dolor de cabeza para el gobierno. Éste no tiene porqué preocuparse de una oposición política cohesionada y articulada partidariamente en el parlamento porque sencillamente no existe. Sí tiene que preocuparse y mucho, de la presencia de los Comités Cívicos cruceño y tarijeño, poseedores de un alto grado de credibilidad y, por supuesto, de sus gobernadores (digo esto a fin de estar a tono con los aires autonomistas) que con legalidad y legitimidad, son referentes en sus regiones. Por lo tanto, la oposición que hoy recibe el gobierno es más regional que política, pero es una oposición que pesa por tamaño, coherencia y credibilidad. Enfrentados por visión de país y por cómo debe conducirse éste, gobierno y la nueva oposición buscarán los unos hacerse del Estado lo antes posible y, los otros, ser autónomos y arquitectos de su desarrollo y crecimiento. Nada será fácil como viene la mano. Así lo veo.