Cuando, con harta frecuencia, el Gobierno se refiere a "los afanes desestabilizadores de la oposición", sólo está repitiendo lo que todos los gobiernos han dicho en anteriores gestiones. Sólo que, a diferencia de ahora, antes sí había oposición. Lo que hay ahora son remanentes fantasmales de un sistema fallecido o legión de novatos que, con alguna excepción, están más desubicados que chuño en majao.
Y a pesar de esas características, es obvio que se podría haber estructurado algo un poco más sólido, en la medida en que la existencia de oposiciones fuertes es una de las mayores ventajas de las democracias. Pero para ello se requieren algunas condiciones.
La primera y fundamental, la definición de una estrategia para la construcción de alternativa. Porque una oposición que no es vista como alternativa es, simple y llanamente, algo que está de más. El sentido fundamental de su existencia es la proyección de una visión al conjunto de la sociedad diciéndole, "no se preocupen, aquí estamos nosotros", lo que ciertamente pasa por la necesidad de tener proyecto.Y la segunda, la constitución de una fuerza real y con capacidad política. Esta segunda tarea es la que normalmente realizan los líderes. Aglutinan, juntan, toman iniciativas, están presentes en las distintas instancias de la sociedad, tienen seguidores -¡para eso el carisma!- y suelen ser un dolor de cabeza para los gobiernos.
Es obvio que una buena parte de la actual oposición que no fue capaz de presentar un proyecto coherente de gobierno en un proceso electoral, menos lo va a hacer después de semejante paliza. Es evidente que "Podemos" no está pudiendo, entre otras cosas, por la ausencia absoluta de un liderazgo serio. No se ejercitan jefaturas a distancia -¡hasta Goni terminó comprendiéndolo!-, o realizando apariciones de cuando en cuando, con alguna declaración intrascendente, sin impacto, sólo para decir "aquí estoy", y un tiempito después, "chau, ahora me voy". Es la jefatura estilo Tuto.
A nadie se le ocurrirá reclamarle al MNR o a Unidad Nacional que asuman un liderazgo de oposición, ¡es un problema de fuerzas! Lo que no le ha impedido a un joven y locuaz diputado de UN pensar ¡y exponer! la solemne tontería de que Evo, Hitler y Mussolini son más o menos lo mismo. Ortega sostenía que la juventud es una enfermedad que afortunadamente se cura con el tiempo. Lamentablemente, no sucede lo mismo con la ignorancia. El fascismo no es problema de formas, querido y joven Honorable. Es un tema que hay que estudiar muy a fondo y supone la existencia de conceptos como el de "proyecto alternativo" de contenido socialista.
¿Cuál oposición? La única oposición real, en relación a la gobernabilidad, al daño que se le puede hacer a un gobierno, es la que hace el propio gobierno ¡Cuánta improvisación!, ¡qué manera de meter la pata, nacional e internacionalmente!, ¡cuánta rectificación sobre la marcha! Y porque es natural la improvisación permanente, es natural su resultado: la necesidad de rectificación permanente. Me recuerdan a mi madre mirándonos compasivamente para recitarnos el reproche "tantas idas y venidas, tantas vueltas y revueltas, dime, niña, ¿son de alguna utilidad?"
Porque, a ese nivel, tampoco veo con claridad en qué consiste el proyecto de gobierno: ¡si acaban de descubrir que nacionalizar había sido difícil! De ahí que junto con la pregunta de ¿cuál oposición?, habría que plantear otra: ¿cuál gobierno?
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