A la crisis desatada por él mismo en el seno de la Comunidad Andina de Naciones a raíz de su anuncio del retiro de Venezuela del bloque de integración e intercambio comercial, el presidente Hugo Chavez ha añadido un discurso ajeno a los cánones que inspiran las relaciones entre los estados de la subregión.
No otra cosa significan los insultos que acaba de proferir contra el candidato a la Presidencia del Perú, Alan García, por el hecho de que éste hubiese calificado, no sin razón, de actitud desvergonzada el atacar al gobierno de los Estados Unidos --que es lo que hace Chavez con una frecuencia tal que ya a nadie llama la atención--, y mantener al mismo tiempo el negocio del petróleo con la potencia del norte, que le permite no sólo contar con millonarios ingresos para su gasto dispendioso, sino que imposibilita descubrir lo que ocurriría en caso de que esa operación de compra-venta se interrumpiera.
"Truhán" y "ladrón de siete suelas" fue lo mínimo que el afiebrado mandatario le dijo al político peruano, además de afirmar que llamaría a su Embajador en Lima si fuese ganador de la segunda vuelta electoral en la vecina nación, desde donde el aludido sospechó que semejante exabrupto pudo haber sido efecto del excesivo consumo de ron.
El lenguaje oficial en esta parte de la América del sur siempre ha sido respetuoso como reflejo de la historia común de sus pueblos y de la simpatía que se profesan entre sí. Lastima, por ello, observar este tipo de brotes de abyección.