De nuevo el Presidente Evo Morales explaya sus antipatías con denuncias injuriosas. Esta vez la víctima es el ex Presidente Eduardo Rodríguez Veltzé, a quien el Presidente endilga el haber sustraído del Palacio Quemado documentos relativos a los misiles chinos, por lo que recibió 400.000 dólares. El denunciante tiene obligación moral de restituir la honra del injustamente injuriado. Pero Don Evo no se da por enterado, a pesar de que el acusado ha demostrado sobradamente su inocencia.
Sorprende que el Jefe del Estado se desate en improperios contra quien hizo posible unas elecciones nacionales que le encumbraron a la Presidencia de la República, y, por otra parte -por citar un caso-- no explique adecuadamente por qué a los siete meses de Gobierno todavía no sabemos cómo y cuándo se llevará a cabo la nacionalización de los hidrocarburos y hasta el lunes pasado YPFB no había progresado en su renacimiento.
Mientras tanto, se enturbian las relaciones internacionales. Don Evo envió al Vicepresidente García Linera a los EEUU para implorar la prolongación de las preferencias arancelarias. Ante la ambigüedad de la exposición del Vicepresidente, en Washington le dijeron con socarrona ironía "preséntenos su propuesta por escrito". Tampoco se nos aclara por qué la Presidenta Segunda del Gobierno español tuvo que telefonear al propio Evo pidiéndole explicaciones por el allanamiento a las oficinas de Andina, socia de Repsol YPF y la consiguiente incautación de documentos de dicha empresa.
Y ya que hablamos de política internacional, no se comprende por qué envía como embajadores a países de gran importancia para Bolivia, a personas que deben ser muy dignas en su intimidad, pero que no poseen ni la preparación ni la idoneidad para la misión que se les ha encomendado. ¿Será para que luzcan su linda aunque forzada indumentaria autóctona que allí producirá un gran efecto folclórico, o para negociar asuntos bilaterales de gran necesidad para Bolivia? La retahíla de preguntas parecidas que la gente se hace no cabe en este artículo. Pero volviendo al inicio, tampoco se justifica el ensañamiento de Don Evo con el dignísimo magistrado y luego Presidente de la República, Rodríguez Veltzé. Tal vez lo hace para ganar crédito como adalid de la anticorrupción. La pena es que, siendo ésta una misión necesaria, Don Evo yerra en los blancos a los que dispara. Hay otros peces gordos que parecen intocables.
El ex Presidente, a la vez que rechaza enérgicamente las acusaciones de las que es víctima, recomienda a Evo Morales "guardar respeto a su propia investidura; a las leyes y a los derechos de las personas". La torpe conducta de Evo Morales contrasta con la dignidad de Rodríguez quien aconseja a su gratuito agresor que "en lugar de estirar el dedo acusador, tienda la mano de la conciliación entre todos los bolivianos". La política del linchamiento de personas honorables no es la mejor manera de consolidar la popularidad ganada en las urnas. Parafraseando el conocido refrán castellano, es como "ir por lana" (la popularidad facilona) "y volver trasquilado" (el rechazo de la gente de bien). Al fin, el torpe desliz de Evo, resalta más la digna figura de Rodríguez Velzé.