Como todos los sábados, éste último nos reunimos en casa, mis papitos de la tercera edad, mis abuelitos de la cuarta edad, todos ellos "gente grande" adultos mayores o auquis, que como cada sábado, comparte mi generación junto con la de los adolescentes que es la que sucede a los niños y antecede a los jóvenes.
Luego de degustar un macanudo almuerzo y como es usual en familias de clase media o desclasadas, la sobremesa estuvo aderezada con comentarios, críticas, lamentos y súplicas acompañadas de llanto, gritos, euforia y tal vez algo similar a estertores de los comensales que analizábamos la política y actual economía del país. Al respecto la ley de la tercera edad, o sea mi Satuca, aseveró resignada que, durante y después de la Constituyente, veremos enarbolar una wiphala (igualita o muy similar al distintivo de la Comunidad Gay francesa), en lugar de nuestra bandera tricolor rojo, amarillo y verde, ya que habría escuchado de boca de un dirigente masista que la wiphala, además de representar a la República del Tawantinsuyo, sería el engendro maligno de un arcoiris macho que "cruzó con uno hembra; a lo que incrédula yo pregunté a mis progenitores si esa posibilidad existiría.
Como una fábula la tercera edad me explicó que, para las etnias originarias del Tawantinsuyo, según su dirigente campesino, quien lo expresó con real convencimiento ante un medio de TV, este "nacimiento" fue efectivamente producto del cruce de un arcoiris hembra (horizontal) con uno macho (vertical), por lo que el arco quedó sobrando y el iris, producto de la gestación, aumentó sus colores incluyendo al negro y al blanco entre otros. Inmediatamente mi abuelo, en representación de la cuarta edad o la "gente grande y sabia", rojo de la ira, y haciendo ademanes algo groseros (militar jubilado, ex combatiente y sobreviviente a varias revoluciones, gobiernos y dictaduras), nos demostró a todas las edades que tal idea era del todo descabellada, ya que en la época del incario lo más cercano a una bandera que enarbolaran los incas en sus cruentas batallas contra quechuas y aymaras, fue una prenda del vencido empapada en su propia sangre, la que amarraban a su lanza coronándole la punta con el cráneo del victimado. Llevando la voz de los adultos mayores, mi padre intervino y, retrucando tímidamente, adujo que Banderani (un pueblito del Tawantinsuyo), tenía varías dibujos rupestres en forma de banderitas encontradas en cuevas de por ahí, y que por lo tanto, esto nos demostraba que algunas culturas antiguas sí conocieron del tema. De inmediato y más colorado que antes, el abuelo explicó indignado que nuestra ignorancia era del tamaño del atrevimiento masista, puesto que los Aztecas y sus antepasados utilizaron (varios miles de años atrás), esta simbología como numérica, al igual que los egipcios que la tienen en su abecedario. Sin perder tiempo nos mostró antiguas ilustraciones, y mi querido abuelito aseveró con gran conocimiento de causa, que la wiphala es sin vuelta que darle de origen europeo, conocida en el medioevo y utilizada por los caballeros antiguos tanto en sus batallas como para demostrar sus blasones o cubrir su cabalgadura, y que, para los mismos fines, fue traída por los españoles a la nueva América por allá en el año de 1500.
Después de discutir, acotar y maldecir, mi querido abuelito, como buen ex militar, decidió consultar a las Fuerzas Armadas de la Nación si es que su notorio silencio al respecto (por eso de que el que calla otorga), se debería a que: o están de acuerdo con el gobierno en esta osadía de modificar nuestra bandera tricolor, y sustituirla por un híbrido europeo engendro maligno de dos arcoiris; o tal vez algo mucho peor: si aceptarán (para transar) una nueva bandera mitad tricolor y mitad wíphala, y por último, si continuarán guardando silencio, según las malas lenguas, a causa de compradas lealtades... Dicho esto y con gran enojo, el susodicho y adulto remayor abandonó abruptamente el comedor dando el tema por liquidado, mientras los demás de todas las edades nos convertimos en involuntarios testigos de un grupo de adolescentes quienes, muy entusiastas, alistaban sus trajes de arlequines y pepinos confeccionados de antiguas wiphalas, para participar en la entrada del desfile del carnaval, con lo que todos conco damos en que: "esitonomássería" ya que hoy en día todas las generaciones y hasta la tercera edad estamos J.P.C.