La política no requiere de predestinados y dirigentes píos que velen por su rebaño y aquello lo sabe perfectamente Morales quien ingreso al Palacio Quemado forjado en las lides sindicales en las cuales las asambleas no precisamente son cordiales y afectuosas
El gobierno de Evo Morales Aima enfrenta un escenario de conflictos que comienza a cuestionar la legitimidad del régimen neopopulista del MAS. A la renuncia obligada a YPFB de Jorge Alvarado se suman las crecientes denuncias de corrupción de los altos dirigentes masistas tanto en reparticiones gubernamentales como el Congreso Nacional. Morales se resistió hasta último momento que su cercano colaborador deje la empresa estatal tomando revancha con la destitución de los que llevaron a cabo la denuncia desde la Superintendencia de Hidrocarburos. Quedan pendientes, sin embargo, las objeciones a Manuel Morales Olivera quien estaría comprometido en la corrupción en YPFB, siendo que en el pasado fue uno de los más decididos combatientes en contra de la capitalización.
El gobierno también enfrenta un paro nacional del transporte, al que se suma el magisterio cuya exigencia es un nuevo Congreso de Educación ante la imposición del ministro Félix Patzi y, por si fuera poco, el Comité Cívico pro Santa Cruz recibió el respaldo de la asamblea de la cruceñidad en sentido de evitar la imposición de la nueva reforma agraria y evitar los exabruptos de la Asamblea Constituyente. Los constituyentes, por su parte, desconocen la ley fundamental al declarar que la Asamblea Constituyente tiene un poder originario incurriendo de hecho en la inconstitucionalidad al reclamar atribuciones que no están reconocidas por la Constitución Política del Estado.
El dogal de los movimientos sociales atribuyéndose a sí mismos la representación del pueblo es otro factor que pone en riesgo la estabilidad institucional del país al querer sobreponerse a los constituyentes y obligarlos a cumplir sus mandatos. De esta manera se está incurriendo en un régimen cuya característica creciente es el autoritarismo y el corporativismo que niegan a la deliberación y la existencia de las minorías como es propio de la democracia. Las señales en este sentido son dadas por el vicepresidente Alvaro García Linera quien no duda en anatemizar y reducir a los adversarios tildándolos de incapaces o blandiendo la amenaza de la muchedumbre.
En cierta medida el MAS está recibiendo las mismas medidas con las cuales se enfrentó a la clase política gestora del modelo neoliberal. Los paros, manifestaciones y huelgas fueron concebidos por Morales para derrocar a los gobiernos neoliberales y ahora el mismo presidente comienza a sufrir las medidas de presión. Su respuesta también es la misma que la denostada elite política recurriendo a las Fuerzas Armadas y a la Policía Nacional para acallar las protestas. No otro sentido tiene sus acercamientos a los militares exhortándolos a defender a su gobierno y mantenerse simultáneamente como dirigente cocalero quien no continuará con la ley 1008 y, por el contrario, fomenta el cultivo excedentario de coca.
Se podría decir que el MAS comienza a transitar los trillados caminos de la política en los cuales la mediación prebendal y el clientelismo son la constante. Su campaña electoral y antes su oposición a la ADN, MIR o MNR se caracterizó por hacer gala de la ética y la incorruptibilidad pero como ya advirtió Max Weber quien opte por salvar al mundo en lugar de dedicarse a la política debería abocarse a la religión para salvar las almas. La política no requiere de predestinados y dirigentes píos que velen por su rebaño y aquello lo sabe perfectamente Morales quien ingreso al Palacio Quemado forjado en las lides sindicales en las cuales las asambleas no precisamente son cordiales y afectuosas.