La irresponsable atribución que hizo un diario local sobre la autoría de la brutal violación y asesinato del niño Mauricio, sin que los procedimientos del Ministerio Público y policiales concluyan, ni mucho menos se inicie juicio a nadie, invitan a toda la sociedad a una profunda reflexión y debate sobre las responsabilidades que tiene el periodismo con la sociedad y el comportamiento ético, más todavía cuando casi nadie se pronunció sobre el tema.
En septiembre de 1999 en la ciudad de La Paz, se produjeron dos bajas en el staff del diario Presencia por una nota informativa donde se aseguraba que el autor del horrendo crimen de la niña Patricia Flores (el 27 de agosto del mismo año) era el portero Odón Mendoza. El 13 de febrero de este año el juez Ángel Arias ordenó una pena de 30 años sin derecho a indulto para Odón.
Mirando eso en el tiempo podría mal pensarse que en ese periódico católico se produjo una injusticia y que esos periodistas hacía más de seis años ya habían resuelto el crimen, ante la pesadez de los administradores de justicia. Pero, la realidad es definitivamente otra o, por lo menos, debe ser otra…
El oficio del periodismo tiene responsabilidades con la sociedad y los individuos que la componen, y entre las más importantes están el respeto a los derechos de las personas.
En la práctica, muchos medios de comunicación, faltos de ética o de profesionalidad y transgresores de las normativas, se toman atribuciones que sólo les corresponde a poderes estatales, como la Justicia, y se creen con derecho a emitir sentencia, cuando la institucionalidad y el respeto al derecho de la presunción de inocencia indican otro camino, el del Estado de Derecho.
Y es que en muchas de las redacciones los periodistas, desvinculados con la realidad social y la institucionalidad, tienen un enorme afán de protagonismo a toda costa, cuando lo único que demuestran es su flagrante desconocimiento de los derechos de los ciudadanos o, peor todavía, su indecencia, que, a decir de Gabriel García Márquez, no los conmueve el fundamento de que la mejor noticia no siempre es la que se da primero sino la que se da mejor.
La ética en el periodista está ceñida a la búsqueda de la verdad y a cuando, después de su jornada de trabajo, regrese a su casa con la certeza de no haber cometido un engaño, insultado a nadie y, sobre todo, no haber vulnerado los derechos de las personas.
Podríamos decir que la ética es la que guía la conducta voluntaria de los periodistas a determinar qué es lo correcto en su actividad como tal, brindándole de ciertos principios y pautas básicas mediante las cuales juzgar si sus acciones son buenas o malas, correctas e incorrectas, responsables o irresponsables.
Lastimosamente la legislación o los administradores de justicia no protegen al ciudadano de estos irresponsables. Nos rasgamos las vestiduras - como debe ser - ante los casos de mala praxis médica, pero no lo hacemos con estos buscadores de escándalos que dañan a la institucionalidad y los derechos individuales.
En una sociedad civilizada, resulta inaceptable e imperdonable que, por más pruebas que tenga un medio de información -en este caso, poseían menos que indicios-- para dar con el autor de cualquier delito, asuma una función que sólo le corresponde a la Justicia, vulnerando los derechos de esa persona a considerársele inocente hasta que se demuestre lo contrario y en un proceso justo en tribunales, si es que existiría la suficiente evidencia para hacerlo. Si la persona apuntada ilegalmente por un medio de información resultare ser efectivamente el autor del delito, no le da razón para nada, sólo lo convierte en un delincuente que además invita a las personas a no respetar la institucionalidad de la Justicia.
No entiendo por qué estos incansables buscadores del escándalo no son más humildes y sustituyen de sus notas "autor", "criminal", etc. con "sospechoso", y no tomarse atribuciones que no las tienen. Pero, lo que peor aún no entiendo es por qué la misma Justicia no pone un alto a estos transgresores de la ley.
Lo peligroso es que mientras sólo sea el mercado laboral el que determine quién está capacitado para ejercer el periodismo los ciudadanos estamos inermes a que, mediante cualquier acusación irresponsable, se nos conculquen nuestros derechos, ya sea por falta de moral o ignorancia.
Lo que sí, la ausencia de un debate sistemático sobre la cuestión ética en el periodismo a nivel local abre la posibilidad de que en nuestros medios de comunicación de cuando en cuando reaparezca la indolencia y la irresponsabilidad, alguna vez resumida por Jorge Luis Borges, en la frase: "sin temor y sin fe, como un mercenario".