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Cochabamba - Bolivia Sábado, 29 de octubre de 2005

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El error que cambió la historia del mundo
Por:CARLOS ALBERTO MONTANER

Mi conversación con Yákovlev concluyó con una pregunta mía y una escueta respuesta suya. "¿Por qué no funciona el marxismo? " -indagué. Se me quedó mirando, golpeó su pata de palo con la pipa, y me dijo con cierta melancolía: "no se adapta a la naturaleza humana".

Alexander Yákovlev murió hace unos días en Moscú. Tenía 81 años y dirigía una comisión dedicada a reivindicar la memoria de las víctimas del estalinismo. Incluso dentro de Rusia, es probable que muy poca gente sepa que la desaparición de la URSS y el fin del comunismo en Europa, en gran medida se debieron a una fortuita combinación entre el azar y sus (afortunadamente) equivocadas teorías sobre cómo revigorizar y adecentar al marxismo. Perdió una pierna durante la Segunda Guerra mundial.

Lo conocí en Moscú a principios de la década de los noventa. Llegué a la presencia de Yákovlev de la mano de Yuri Kariakin, un valioso ensayista experto en Goya y en Dostowieski. Los dos eran consejeros de Gorbachov y conocían mejor que nadie la increíble y secreta historia de la implosión del imperio soviético, tal vez el suceso más importante del siglo XX. La larga conversación transcurrió en un inglés patrióticamente mal pronunciado, pero estructuralmente correcto. Yákovlev fumaba, y vaciaba la pipa golpeándola contra su contundente pata de palo, generando con ese sonido una extraña sensación de autoridad. Su asombrosa historia se compone de tres actos y un desenlace perfectamente delimitados.

Primer acto. En 1972, Yákovlev, que presidía nada menos que la sección de propaganda y agitación del Comité Central del Partido Comunista, publicó un artículo muy severo sobre la tradición ultra nacionalista y autoritaria de la URSS, defendiendo la tesis de que los problemas del marxismo derivaban de la imposibilidad de examinar la realidad y corregir los errores en medio de ese clima brutal de intolerancia. Fue su primer acercamiento a la glasnost . Probablemente, esa visión crítica de su país había comenzado a arraigar unos años antes, cuando el Partido lo envió a Columbia University en New York para que aprendiera cómo funcionaba el enemigo.

Segundo acto. Leonid Breznev, entonces Primer Ministro de la URSS, decide alejar del Kremlin a tan revoltoso camarada, y en 1973 lo traslada a Canadá como embajador para que no contaminara a otros miembros de la nomenclatura con tan peligrosas teorías. En Canadá, Yákovlev descubre un país enorme y frío, como el suyo, pero eficiente y próspero, dotado de un capitalismo compasivo, y se reafirma aún más en sus convicciones: si el régimen soviético, donde no existen las contradicciones del mercado ni la codicia de los empresarios, introdujera la libertad de opinión y permitiera la crítica, en pocos años la gran patria del socialismo estaría a la cabeza del planeta.

Tercer acto. Trascurre una década y Yákovlev sigue en su exilio dorado rumiando teorías. Pero en 1983 sucede algo aparentemente inocente: en una escala técnica, pasa por Canadá un camarada de unos cincuenta años, experto en cuestiones agrarias, estrella fulgurante del Politburó y protegido de Yuri Andropov, el sofisticado ex jefe de la KGB que pocos meses antes, tras la muerte de Breznev, había ascendido a Secretario General del Partido Comunista. El visitante se llamaba Mijail Gorbachov, era un hombre práctico, mas sin gran densidad ideológica. Pensaba estar varias horas en Canadá, pero el avión de Aeroflot se rompe y debe retrasar su estancia un par de días. En ese periodo, la mente poderosa de Yákovlev despliega todos sus convincentes argumentos: es posible transformar a la URSS en un gran país. Eso se lograría con libertad.

El desenlace es una concatenación de hechos imprevisibles. En 1984 muere Andropov, y poco meses más tarde le ocurre lo mismo a su sucesor Konstantin Chernenko. La nomenclatura quiere a un jefe joven, y en 1985 Gorbachov resulta elegido. Uno de sus primeros nombramientos es el deYákovlev. Lo quiere en el Kremlin, junto a su despacho. Entre los dos van a demostrarle al mundo la superioridad del comunismo. Van a reformar el sistema de cabo a rabo, ésa es la perestroika , y lo harán en un clima de libertad, ésa es la glasnost . ¿Qué ocurrió? A los pocos años el imperio se desplomó. ¿Por qué? Eran dos ilusos: el comunismo sólo puede mantenerse en pie por medio de la represión. El marxismo es un error intelectual que no conduce al paraíso sino al GULAG . Es inevitable.

Mi conversación con Yákovlev concluyó con una pregunta mía y una escueta respuesta suya. "¿Por qué no funciona el marxismo? " -indagué. Se me quedó mirando, golpeó su pata de palo con la pipa, y me dijo con cierta melancolía: "no se adapta a la naturaleza humana". [©FIRMAS PRESS]

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