El miércoles celebró su cumpleaños el candidato presidencial Evo Morales en el salón principal del Hotel Radisson. Ante la importancia del acontecimiento, el Director del Periódico me llamó a su despacho y me dijo: "Paulovich: hágase presente en la fiesta de cumpleaños del señor Evo Morales y escriba una crónica acerca de tan fausto acontecimiento".
Temblando le dije que no tenía invitación para dicho acto social y que tampoco tenía en ese momento la ropita que me permitiera cumplir adecuadamente con la misión que él me encargaba, pero el inflexible director me dijo con voz de trueno: "usted cumpla mis órdenes o se arrepentirá toda la vida", saliendo de su oficina a espetaperros.
Un ordenanza de librea me pidió en la puerta del Radisson mi invitación, y cuando le dije que no la tenía se compadeció de mi y me dejó pasar, recomendándome buen comportamiento, sobre todo en cuanto al consumo de canapés, torta y bebidas alcohólicas, haciéndome prometer que no atentaría contra la vida del candidato y de su acompañante de fórmula.
No contento con eso me hizo firmar un documento que redactó en un instante y que decía: "Conste por el presente documento que yo, periodista aficionado, me comprometo a no atentar contra las vidas de los candidatos del MAS, señores Morales y García Linera, ni insultarlos, ni mirarlos chueco, ni reírme de ellos. Firmado: Paulovich".
Ya en medio de la multitud, nadie reparó en mi persona pues al verme de esmoquin todos pensaron que yo era un camarero del hotel, encargado de proteger la torta de cumpleaños, pues muchos invitados se acercaban al pastel con intenciones de meter uno de sus dedos en la crema chantilly, y luego chupárselo.
Observando a la concurrencia no pude menos que decir para mis adentros "¡qué cantidad de llunkus hay en nuestro país!" Y estuve a punto de decírselo en la oreja cuando el candidato Evo pasó cerca de mi. Vi a señoritos que hace poco tiempo hablaban despectivamente del líder cocalero y ahora decían levantando sus copas de champaña: "Evo es un gran valor indígena y además hay que ver la simpatía que despierta con su sonrisa carismática". Yo los miraba y me quedaba "callaru nomás" porque había jurado comportarme bien.
Como no me gusta mentir, digo que fue una hermosa fiesta y no pude evitar unos lagrimones al escuchar que Evo decía que había comido torta una sola vez en toda su vida, indicándole yo a unos de los mozos que repartían el pastel que le dieran a Evo tres raciones.
La fiesta fue muy chic y una cholita al pasar me dijo cantando esa tonada del Papirri: "ahora que tenemos, ahora que tenemos, bien le cascaremos...", lo cual me hizo pensar en que Evo y su séquito celebraban por anticipado un cambio en sus vidas, mientras un candidato a diputado masista que preguntaba creyendo que yo era mozo del hotel: "¿podría usted decirme cuál es la tarifa para alojarme en este hotel durante cinco años?".
Salí del Radisson muy contento y escribí esta crónica que el Director me había ordenado, y que concluye así: ¡Felicidades Evito y que te duren!