Se han publicado recientemente los rankings de las naciones líderes del planeta. Según la tabla de Desarrollo Humano 2005 de la ONU entre 189 países el número 1 es por quinto año consecutivo Noruega. Siguen Islandia, Australia, Luxemburgo, Canadá y Suecia. En competitividad el Foro de Davos coloca en su tabla 2005 nuevamente en primer lugar a Finlandia, que supera a Estados Unidos; los siguen Suecia, Dinamarca, Taiwan, Singapur, Islandia, Suiza y Noruega. En progreso tecnológico dicho foro ubica primero a Singapur, seguido por Islandia, Finlandia, Dinamarca, Estados Unidos y Suecia. Transparencia Internacional 2005 dice que los países menos corruptos del planeta son Islandia, Finlandia, Nueva Zelanda, Dinamarca, Singapur, Suecia, Suiza y Noruega.
Los países nórdicos destacan claramente. Encabezan tres de las tablas, y ocupan los primeros puestos en la otra. Algunos como Finlandia, son pobres en riquezas naturales. Otros no, pero no puede adjudicarse su éxito a ellas, por cuanto en países con recursos todavía mucho más abundantes, como Arabia Saudita, los indicadores vitales se hallan a gran distancia. El éxito parece estar ligado a su organización social, a que han logrado concertar a los diversos sectores tras un proyecto nacional, al énfasis en la equidad, las grandes inversiones que realizan en educación y salud, la universalidad de sus servicios públicos, los altos niveles de participación ciudadana, y los elevados estándares éticos que las sociedades exigen de sus líderes.
Según diversas investigaciones, la equidad parece ser una clave crucial para el progreso económico, y la cohesión social. Todas las religiones del género humano tienen en el centro de sus preocupaciones la equidad. Estudios recientes sobre la naturaleza del ser humano utilizando la teoría de los juegos han concluido que la gran mayoría de las personas se siente incómoda cuando hay inequidades, y las resiente aunque no le afecten. En Latinoamérica con las mayores tasas de inequidad, no es de sorprenderse que el 89% ve muy injusta o injusta la distribución del ingreso.
Por otra parte la insistencia de los países nórdicos en eliminar las discriminaciones de todo orden, incluidas las de género (Suecia tiene un Ministerio antidiscriminaciones), está logrando una efectiva igualdad de oportunidades. En América Latina en cambio el haber nacido en un hogar indígena, o afroamericano significa tener altísima posibilidad de ser pobre y excluido.
Las investigaciones recientes en la llamada economía de la felicidad señalan que la desigualdad es una causante fundamental de infelicidad. Los estudios de Marmot y Layard (Financial Times 2005) indican que "la producción económica por si la mera acumulación de bienes y servicios nunca creará una sociedad feliz, porque no confronta y de muchas maneras exacerba las profundas tensiones generadas por las desigualdades en riqueza, estatus y poder".
La inequidad afecta la autoestima. En la India (Banco Mundial 2005) se puso a niños de diversas castas a resolver problemas, sin informar a qué casta pertenecían. Los rendimientos fueron similares. Se repitió la experiencia pero anunciando el nombre de las castas de los niños. Los de las castas inferiores bajaron el rendimiento.
En América Latina cuya renta per cápita la ubica entre las regiones de "clase media", la vida es pese a ello muy difícil para amplios sectores y ello lleva entre otros aspectos a altas tasas de mortalidad infantil y materna, de desocupación juvenil, y de criminalidad joven.
Ha llegado la hora de confrontar estas realidades como lo han hecho los exitosos con políticas públicas que ayuden a crear igualdad de oportunidades productivas y de desarrollo para todos, y grandes concertacio nes nacionales en derredor de un crecimiento sostenible basado en la equidad.
El autor escribió los bestsellers continentales "Hacia una economía con rostro humano" y "Más ética, más desarrollo".
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