Los únicos son los diputados, y bien harían los candidatos en señalarlo así, sin eufemismos ni tomando la vía de las peteneras.
El comunicado de la Corte Nacional Electoral relativo a la imposibilidad técnica de realizar las elecciones generales y prefecturales el 4 de diciembre en virtud de la irresolución, en la Cámara de Diputados, del problema de la reasignación de escaños, con lo que el proceso que se seguía hacia ese acontecimiento quedó de hecho en suspenso hasta una nueva fecha, probablemente el 11 ó 18 del mismo mes, fue recibido de distinta manera por los tres principales aspirantes a acceder a la Presidencia de la República.
Así, el candidato de Podemos se limitó cauteloso aunque en tono de queja y recriminación, a recordar el espacio de tiempo que aquel cuerpo legislativo tuvo para reformar el artículo 88 del Código Electoral en atención a lo que la Constitución Política establece acerca de curules cuando se hubiera efectuado un censo de población y, más aun, a la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el recurso planteado al respecto por el departamento de Santa Cruz, sin que empero haya llegado a una solución satisfactoria.
En este sentido, el postulante prefirió la crítica suave a los representantes nacionales dirigiéndose en cambio abiertamente y en gesto imperativo al Presidente de la República para solicitarle que mediante decreto, ratifique la ejecución de los comicios en la fecha originalmente fijada, olvidando al parecer que está en plena vigencia la convocatoria a las urnas para la elección por adelantado de un nuevo Primer Mandatario, del Vicepresidente y de senadores y diputados, así como para la selección de prefectos, por lo que a todas luces es innecesaria la tal ratificación, sino cualquier otra acción que desde el Ejecutivo --y del Legislativo, desde luego-- contribuya a que la postergación ahora irreversible, no se extienda demasiado.
Por su parte el líder del Movimiento al Socialismo, en franco desentono con la realidad, no trepidó en endilgarle al organismo electoral supuestos afanes para llevar al fracaso la consulta, sindicando a sus miembros de filiación político partidaria además de amenazar, en esa su habitual práctica del doble discurso que oscila entre el respeto al sistema democrático y la violencia callejera, con una repetición de la revolución de 1952.
Finalmente, el candidato de Unidad Nacional --también fuera de tiesto-- enfiló sus dardos hacia sus dos rivales, denunciándoles de haberse coligado para inviabilizar la redistribución de los escaños con el consiguiente riesgo de fractura de la unidad e integridad del país, aparte de emplazar al Congreso a actuar bajo el principio de la legalidad y respetando la carta fundamental.
En este escenario, los únicos responsables de la situación actual son los diputados, y bien harían los candidatos en señalarlo así, sin eufemismos ni tomando la vía de las peteneras.