Cuatro años después de que el equipo de Corea del Sur rozara la gloria quedándose a las puertas de la final de la mano del holandés Guus Hiddink, la afición surcoreana sigue viviendo en una nube y espera que el anterior éxito mundialista pueda repetirse lejos de casa, en Alemania, con otro holandés en el banquillo, Dick Advocaat.
La fiebre del fútbol sigue bien arraigada en Corea del Sur, país donde los canales nacionales de televisión siguen emitiendo reportajes especiales sobre la gesta futbolística y las pasiones desbordadas de la "marea roja", su ferviente hinchada.
Para la cita germana, será otro holandés de prestigio el encargado de llevar el rumbo de la selección surcoreana; Dick Advocaat, un técnico de mucho carácter, de 58 años, que como Hiddink ha pasado por la selección holandesa y el PSV Eindhoven.
Advocaat quiere revivir el espíritu de 2002 y devolver la ilusión que no pudieron contagiar los dos sucesores de Hiddink; el portugués Humberto Coelho y el también neerlandés Jo Bonfrere.
Por eso, ha convocado a la base del conjunto que sorprendió en 2002, un equipo físico, basado en el trabajo colectivo y en la solidaridad, donde las individualidades pierden relevancia ante lo colectivo.
Park Ji-sung es la cara más conocida del combinado oriental, así como el futbolista asiático de mayor trascendencia en el panorama internacional. Se trata de un rápido centrocampista de banda, que destacó en el PSV Eindhoven, tras brillar en el pasado Mundial; en su primera temporada en el Manchester United ha sorprendido con su rápida adaptación a los esquemas de Sir Alex Ferguson y los rigores de la Premier League.
Otro de los referentes de este conjunto es el ariete Ahn Jung-hwan, otro de los "héroes" hace cuatro años, que ahora busca fortuna en el Duisburgo alemán.