Bogotá | Ap.- Un grupo denominado Nueva Generación (NG) compuesto por supuestos paramilitares, enfrentó el viernes a una columna rebelde que dio muerte a ocho rivales en un incidente que saca a flote nuevas dudas sobre la desmovilización real de grupos ilegales de extrema derecha.
"Fue una batalla campal que duró toda la mañana del viernes y los campesinos sacaron los cadáveres de ocho combatientes, que aparentemente pertenecían a los paramilitares", dijo ayer el secretario de Gobernación de Nariño, Fabio Trujillo.
El combate se registró en las cercanías del municipio de Policarpa, a 510 kilómetros al suroeste de Bogotá, entre un grupo de las Fuerzas armadas revolucionarias de Colombia (FARC) y el frente NG (Nueva Generación) de los paramilitares.
El comandante operativo de la Policía, general Alberto Ruiz, calificó a los supuestos paramilitares como "criminales emergentes, ya que autodefensas no hay. Estos grupos criminales emergentes crearon un grupo denominado Nueva Generación".
"Los combates fueron el viernes y sábado por la mañana... (De los ocho muertos) hay más de seis no identificados, hay mutilados y hay varios cuerpos muchos impactos de arma de fuego", describió.
Según Ruiz, "la pelea es por el poder del narcotráfico... las FARC no van a ceder esos terrenos por nada del mundo y lucharán hasta la muerte por esos territorios".
Trujillo agregó que probablemente hubo más víctimas que no pudieron ser encontrados en virtud de que "suelen irse con sus muertos y heridos".
GUERRA POR TERRITORIO Y ESPACIO
El departamento de Nariño, en el sur, fronterizo con Ecuador y con el océano Pacífico, se ha convertido en un importante productor y exportador de cocaína.
Tras los combates dos batallones del Ejército de contraguerrilla y un escuadrón de la policía antinarcóticos emprendieron la persecución de ambos grupos armados.
"El propio Ministro de la Defensa ordenó reforzar esa zona y recuperarla de estos bandidos. Más de 300 hombres fueron enviados a esa zona y están allí", manifestó Trujillo.
Más de 30 mil paramilitares se desmovilizaron en Colombia en un proceso de paz, criticado por grupos humanitarios por la falta de garantías a la verdadera desactivación de la organización ultraderechista, así como una débil aplicación de justicia y reparación de las víctimas de atrocidades cometidas durante su campaña.
La misión de Organización de Estados Americanos (OEA) ha denunciado que algunos paramilitares desmovilizados están formando nuevos grupos armados al margen de la ley.