No estoy muy seguro de sí el Presidente Evo Morales está aprendiendo de la teatralidad propia de su colega venezolano Hugo Chávez, o la lleva dentro desde su juventud cuando lucía sus cualidades artísticas tocando la trompeta en una orquesta provinciana. Poco pensaría entonces el joven Evo que llegaría a Presidente. ¡Cosas del destino, dice la gente!
Pues ahora resulta que el Presidente planea una fiesta monumental, digna de una película de Cecil B. Miller, en la instalación de la soñada Asamblea Constituyente, el próximo 6 de agosto de este año en Sucre. Parece que quiere reunir a jefes de Estado de aquí y allá para darle la máxima resonancia internacional a la fiesta. Ya ha hecho pública la invitación al Presidente francés, Jacques Chirac, así como también a la novel mandataria chilena Michelle Bachelet. Ambos han respondido cortésmente, agradeciendo la invitación, pero dependiendo de su agenda. Chirac necesita de publicidad ya que su imagen política está muy deteriorada, justo en vísperas de elecciones. Un viajecito a Bolivia y unas palmaditas a Morales y a Chávez, todos vestidos de poncho y lluchu harían sensación en los círculos franceses de la moda, así como entre hinchada populista de la dulce y sibarita Francia. La Bachelet más bien tiene que sopesar cuidadosamente su asistencia a la fiesta para evitar cualquier interpretación "marítima" intencionada, de un lado o del otro. Por ahora no hay más invitaciones anunciadas por el Gobierno.
Puede darse por seguro que en la lista no figurará George W. Bush a quien, tanto Morales como Chávez, le prodigan acaramelados melindres, vengan o no vengan a cuento. Por mí que inviten a Bill Gates para que regale computadoras para todos los escolares de Bolivia. Tampoco entrará en la lista al Rey de España por ser el sucesor de los monarcas opresores de los legítimos pobladores de las tierras que descubrió Cristóbal Colón. ¿Y si invitaran a Putin, el nuevo zar de todas las Rusias? Sería como el encuentro de civilizaciones, la aymara con la eslava. ¿Y si, en un gesto aún más audaz, propusieran a la mismísima Reina de Inglaterra que honrara con su serenísima presencia los actos de la inauguración de la nueva -llamémosla- Cámara de los Lores boliviana? Nada es imposible cuando campea la manía de grandeza que tan ampulosamente administra el gran tutor de las Américas, Hugo Chávez. Por mi parte, todo lo que sea colocar a Bolivia en el sitial internacional que se merece, que sea bienvenido. Con tal de que no cai a en el ridículo.
Aunque todos estos sueños se cumplieran, no podríamos tolerar que los matones de la seguridad del presidente venezolano se arrogaran el derecho exclusivo de garantizar la integridad física de tan ilustres visitantes. No podríamos admitir que cocearan a cuanto cumplidor periodista osara acercarse al "cortejo de los paladines" como escribió Darío.
Mucho me temo que la Constituyente derive en una más de las contiendas inútiles y barrocas en que suelen liarse nuestros políticos. Pero estoy seguro de que la presencia de algunos destacados jefes de Estado sería una buena oportunidad para dar a conocer Bolivia al mundo. Con tal de que algunos descalabrados no empañen la fiesta.