Portavoces del MAS han anunciado su intención de presentar a consideración de la Asamblea Constituyente la reelección presidencial para permitir a Evo Morales Ayma proseguir en la titularidad del poder vencido su plazo constitucional mediante una segunda elección general que lo prorrogue en el Palacio Quemado. Sin embargo, fue el mismo Morales y el Vicepresidente Alvaro García Linera quienes negaron este extremo sosteniendo no tener aquella ambición por lo que el partido oficialista muestra nuevamente su ambivalencia en sus manifestaciones públicas. Lo primero a destacarse en este pronunciamiento sobre la reelección presidencial es la pertinencia de la propuesta para los constituyentes quienes en momento alguno crearán fuentes de trabajo, atenderán los problemas municipales o formularán leyes para beneficiar a sus regiones siendo su sola y exclusiva atribución escribir la nueva Constitución Política del Estado.
Nuestra actual Ley Fundamental reconoce la figura del presidencialismo como la del ejercicio del poder en Bolivia. A diferencia de otros países que cuentan con el parlamentarismo o el semipresidencialismo nuestro sistema político es marcadamente presidencialista por lo que se incrementa hasta el exceso las atribuciones del primer mandatario. En nuestra cultura política uno de los rasgos centrales es el del caudillismo y ése caso puede evidenciarse con el presidente quien es a la vez jefe del MAS y dirigente sindical de los cocaleros. Este presidencialismo a partir del ajuste estructural trató de ser mitigado con el sistema presidencialista parlamentarizado, pero como irregularidad a la democracia pactada se dio una gobernabilidad instrumental para con la población que terminó alejando a la clase política de sus electores.
La figura propuesta por el MAS de la reelección presidencial tiene que ser tratada en el escenario de la Asamblea Constituyente en la cual se tendrá que definir también sobre la posibilidad del semipresidencialismo y la revocatoria de mandato, entre otras. En efecto, quizá la forma más conveniente de gobierno sea la semipresidencial para reducir las atribuciones del caudillismo y permitir la renovación de las élites políticas porque a partir de esta medida se diferenciaría al jefe de Estado y al jefe de gobierno o primer ministro. En casos de crisis nacional como la que se atravesó en la guerra del gas no se comprometería a la figura presidencial sino el Parlamento podría censurar y exigir la defenestración del jefe de gobierno. La revocatoria de mandato también es otro tema a tratarse entre los constituyentes para recortar la gestión si el presidente no cumple con su oferta electoral.
La idea de la reelección presidencial no es mala en sí misma y hay países en los cuales su figura permite la estabilidad del sistema político y expresa la aprobación de la ciudadanía si un primer mandatario cumplió con su programa de gobierno y goza del respaldo de la población tal como se da en Colombia o en los Estados Unidos que reeligen a su presidente. Esta decisión de los constituyentes, empero, tendría que definir que la reelección sea por una sola vez para evitar la prorrogación indefinida en el poder y fomentar la promoción de nuevos liderazgos. Se comenzaría a limitar temporalmente a los caudillismos en los cuales hasta el exceso se personaliza la política.
En su versión negativa la reelección presidencial fomenta a las autocracias como la que se dio en el Perú con Alberto Fujimori y en la actualidad con Hugo Chávez Frías. En nuestra historia tampoco las intenciones de prórroga en el poder fueron bien vistas por la ciudadanía y esto ocurrió, por ejemplo, con Hernando Siles durante el Estado oligárquico y Víctor Paz Estenssoro con el Estado del 52 que merecieron la reprobación de sus mismos partidarios.
En todo caso, si bien la temática de la reelección presidencial es una propuesta central para la Asamblea Constituyente a ser contemplada en la nueva Carta Magna, todavía es temprano para acariciarla con Morales quien todavía no llega ni siquiera a su primer año de gobierno y si nos guiamos por los estudios de los psicólogos los amores responden a las estadísticas y el periodo pasional aproximadamente es de tres meses y esos son precisamente los que el primer mandatario está atravesando con los movimientos sociales.