En el anterior artículo recomendé la lectura de obras de divulgación científica, como la nueva de Bill Bryson. De todo lo que se cuenta en su obra, lo que más me asombró no fue que ciertas subpartículas puedan comunicarse a grandes distancias e instantáneamente, sino lo que ocurre con el mundo de las bacterias y compañía. Esta es una realidad muy próxima a nosotros, no sólo porque nuestros organismos están rellenados con legiones de microorganismos, sino porque con el paso de los años en nuestros colchones va predominando el peso de los microorganismos muertos y vivos, más sus eyecciones o lo que sea. Eso, los que conservamos las cosas ad aeternitatis , terminamos durmiendo sobre una capa elástica de microorganismos. Pero no hay que alarmarse, porque el reino animal no es más que una floriciencia entre otros reinos que son vivos pero liliputienses. Resulta que, como se nos informa en la obra de Bryson --ya que las obras especializadas ni las conocemos de nombre--, que en 1976 Carl Woese asombró a la comunidad de los naturalistas y biólogos afirmando que no habría tres reinos, sino 23, en tres categorías principales de seres vivos que llamó "dominios". Estos "dominios" serían: Bacteria, Archaea y Eukarya o Eucarya. Y nosotros pensamos que estudiamos, que sabemos lo fundamental. Bueno, los vegetales, hongos y animales no serían más que ramas externas de eukarya. Todo lo demás con vida sería unicelular. Pasaron dos décadas y en 1998 un zoólogo de Harvard llamado Ernst Mayr, entonces de 94 años, anunció que habrían dos "imperios" de seres vivos: con los Protokaryota y los Eukaryota pluricelulares; dentro de estos "imperios" estarían los reinos de seres vivos, que Mayr reclasificó.
Y miren que hay microrganismos. Y para todos los gustos y rangos. Hay bacterias en fuentes hirvientes, en las calientes del fondo del océano y en las frías aguas antárticas. Los Deinococcus radiodurans son inmunes a la radiación, así que donde la hay se reproducen con entusiasmo, mutando todo el tiempo para adaptarse mejor a nuevos venenos. Los Microcuccus radiophilus viven contentos en tanques de materiales radioactivos, alimentándose de plutonio. Hay bacterias en los depósitos petrolíferos subterráneos y otras en aguas tan calientes que funden el vidrio. Se han hallado en Australia las Thobacillus concretivorans , bacterias que sólo viven en concentraciones de ácido sulfúrico y que llegan a disolver metales. Lo que a los legos nos resulta increíble, pero debemos aceptarlo con fe, es que hayan microorganismos que viven en lo profundo de la costra terrestre, alimentándose de metales. Se calcula que puede haber 100 trillones de toneladas de bacterias viviendo dentro del la costra terrestre en un ecosistema denominado en inglés subsurface lithoautotropic microbial ecosystem , que podemos traducir como "ecosistema microbiano subsuperficial litoautotrópico". Se ha calculado que si se recogiesen estos microorganismos que hay bajo cada metro cuadrados de superficie terrestre y se los compactase al suelo, harían una capa de metro y medio de espesor. Estos microorganismos viven en los infiernos, a grandes temperaturas, cocinándose muy lentamente a tiempo que degustan de los metales y de otras delicias. Incluso se supone que se dividirían, como forma de reproducción, una vez por siglo.
Así, resulta que la mayor diversidad de la vida está en los organismos simples, que no están conformados por un conjunto de células. Y no sólo son pequeñísimos, sino que son muchísimos, dentro de nosotros, en nuestros colchones, en la superficie de la tierra y en cantidades enormes en las capas geológicas que están inmediatamente debajo de la superficie terrestre.