El muy magnífico señor Santos Ramírez, mestizo ensoberbecido, tal vez cholo, no quisiera utilizar esa palabra por sus reminiscencias algo despreciativas, aunque, ahora mismo que estamos remontándonos aceleradamente hacia una Arcadia Andina puede lanzarse, casi, como un piropo.
Pues bien, a este señor, nada menos que presidente del Senado, sin duda después de largos años en su lucha por la redención indígena y por mayor equidad, habrá que concederle una labia portentosa que no conoce la pausa ni el prudente silencio y siempre tiene la razón, claro está. Resulta que un buen día desaparece del recinto senatorial y las sesiones de los altos Honorables se resienten y atropellan por la falta de su máximo representante; nada se sabe de su paradero, tampoco se registra un pedido de licencia. Algunos senadores se inquietan, se atolondran y se llega al extremo de temer que hubiera sido secuestrado el alto personaje. Felizmente no es así, salen al paso sus allegados: Don Santos Ramírez ha sido invitado por el presidente de la hermana República del Perú y allá se encuentra tratando importantes asuntos de Estado ¡Cuánto alivio!
Lo cierto es que todas estas apreciaciones resultan falsas. Reaparece Don Santos Ramírez y da cuenta de la verdadera magnitud de su ausencia inconsulta: se ha entrevistado nada menos que con Bill Gates el mago de la computación, hasta más mago que ese otro grande de Menlo Park.
La cosa es estupefaciente. Algo así como agarrar el celular y pedirle una cita a Osama Bin Laden y concedida así, sobre la marcha. Sólo que en este caso a la inversa.
Don Santos Ramírez no nos da muchos detalles sobre este notable encuentro. Sí algunos pormenores para reprogramar ajustes en el sistema de impuestos. Los mismos que son por lo general y por costumbre evadidos.
La parquedad de estas noticias nos decepciona un tanto. ¿No habrá algún otro proyecto más imaginativo, más a propósito para el desarrollo de nuestros pueblos imaginarios? ¿Por qué no una especie de Sylicon Valley instalado allá por Calamuchita o en la Quebrada del Ají? Sabemos perfectamente las condiciones del todo sorprendentes de la lengua aymara cuya estructura semántica ha permitido crear adaptaciones informáticas sorprendentes.
Seguro que la parte medular de esta charla ha sido estratégicamente silenciada, tampoco sabemos lo que habrá expresado sobre este asunto el mismísimo Bill Gates. Paciencia.