Después de la reciente visita del Presidente de Venezuela al país, han surgido voces que no sólo condenan su injerencia en asuntos estrictamente internos, sino que protestan contra su numeroso al par que pertrechado acompañamiento militar y rematan preguntándose sobre sus actividades el pasado sábado, desconocidas por el propio gobierno boliviano, excepción hecha del vocero oficial que se limitó a calificarlas de privadas.
Simultáneamente el primer mandatario del Perú se quejaba de la conducta de Hugo Chávez frente a la segunda vuelta electoral del domingo próximo, señalando que pondría el caso de su apoyo al candidato Ollanta Humala y sus improperios contra su persona y la de Alan García, el postulante a un nuevo mandato presidencial, en conocimiento de la Organización de Estados Americanos.
La intromisión del jefe de Estado venezolano en Bolivia desde el triunfo de Evo Morales en los últimos comicios generales está probada por los hechos, más allá de que autoridades del régimen se esfuercen en negarlo. Los contingentes militares y de seguridad que llegan junto a él, son también bastante conocidos por la población y los medios de prensa, por lo que no debieran causar sorpresa.
Su desaparición el día 27, previo a su presencia en Tiwanaku el domingo 28, en cambio, es un misterio que quizá las anunciadas peticiones parlamentarias de informe a los ministros de Defensa y Gobierno vayan a esclarecer.