Peligroso enemigo para Israel desde hace más de dos décadas, el jeque libanés Hasan Nasrala, líder de Hizbulá, está a punto de convertirse en una pesadilla eterna para Tel Aviv. En su persona reúne todo lo necesario para conseguirlo.
Además de ser respetado dirigente religioso, versado en la más alta teología islámica, es un astuto comandante militar, un mártir que perdió a su hijo mayor en el campo de batalla y un carismático político capaz de manejar a su antojo a las masas de chiítas libaneses.
Nacido en 1960, dicen que de niño, cuando sus compañeros jugaban al fútbol, él se sumergía en los textos coránicos. A los 15 años ya militaba en un grupo armado.
En 1975 se trasladó a la ciudad iraquí de Nayaf para continuar sus estudios. Tres años después, fue expulsado por el Gobierno de Bagdad, como cientos de libaneses, y volvió a su país en plena guerra civil. De inmediato, los líderes religiosos chiítas repararon en un joven barbudo que cautivaba con su lucida oratoria y extremismo.
La invasión israelí del Líbano en 1982 fue el acicate que necesitaba el joven Nasrala para subir a la cúspide. Aunque operativa desde 1982, la milicia Hizbulá no hizo su aparición pública hasta tres años después.
Eran los comienzos de la guerra santa contra los judíos y de las tomas de rehenes occidentales. En estos años fue el comandante más avezado hasta que en 1992 llegó al liderato de Hizbulá. Su líder, Musaui, había muerto en un ataque israelí.
Con el apoyo explícito del ayatolá iraní Ali Jamenei, Nasrala intensificó el combate contra las fuerzas hebreas. Siria también lo vio con buenos ojos. Damasco permitió que Hizbulá se asentara en el sur del Líbano, en la frontera con Israel, a cambio de retener la última palabra sobre las acciones militares.
En 2000, la histórica retirada de Tel Aviv del Líbano fue interpretada en el mundo árabe como una rotunda victoria del jeque, que subió a los altares de los grandes luchadores. La leyenda le destaca como el único soldado musulmán que ha derrotado a los judíos en combate.
Poco antes, en 1997, su hijo mayor, Hadi, murió en un enfrentamiento. Tenía 18 años.
A pesar de la retirada israelí, Nasrala no dejó las escaramuzas militares al tiempo que se fortalecía en la política interna libanesa.
Gracias al importante respaldo financiero iraní, Hizbulá ha creado una efectiva red de asistencia social que proporciona ayuda, desde médicos a maestros, a la empobrecida población chiíta.
Su influencia está garantizada en las populares barriadas del sur de Beirut. Cuenta con su propio canal de televisión, Al Manar, que ven 10 millones de personas, y que aprovecha el jeque para nutrir la guerra psicológica contra el enemigo judío.
APASIONADO LECTOR
- Casado con Fatima Yassin, a Nasrala le quedan tres hijos. Apasionado lector, no desdeña las biografías de sus enemigos, incluidas las "Memorias de Sharon", para conocerlos hasta el más mínimo detalle.
- Aunque la formación de un Estado teocrático al estilo iraní sea casi un imposible en el Líbano, el clérigo sigue pensando que el Islam es la solución de todos los problemas.
- El líder de Hizbulá pregona que el Islam no es una simple religión, con rezos y creyentes. Tiene un mensaje divino, y puede responder a cualquier pregunta, incluso de la vida privada.