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Memorias de una ciudad |
Los idus de agosto |
| Por: Wilson García Mérida |
| Agosto es un mes fatalista para muchos cochabambinos. Un día como éstos, 28 de agosto de 1990, un sicario de la mafia inmobiliaria intentó asesinar al suscrito con una puñalada que me hizo besar a la muerte en sus labios de hiel y hielo. Le pedí a la guadaña aguardarme unos añitos más porque debía acabar de escribir mi libro sobre la historia de la ciudad; además que en esos días nacería mi hijo. “Concedido”, me dijo la malhadada con su desencajada y sarcástica sonrisa. “No tardes mucho”, exigió con letal sentencia. Así que me apuré y al salir endeudado de la clínica planté un árbol en el jardín de mis padres.
Terminé el libro en 1995, bajo los auspicios y alientos de mi compadre ariano Ernesto Asbún, coincidiendo con el centenario de la Taquiña. Puse en la dedicatoria: “Para Diego Alejandro, que nació en septiembre | A sus cinco años de traviesa presencia | A sus crayones regastados | A su video de Billie Holiday | A su Super Nintendo con juegos imposibles | A su precoz sentido del humor | Y, a pesar mío, a Batman, su paradigma del buen tipo”.
Pasaron cinco agostos y en el 2000 la muerte se asomó de nuevo en mis entornos, llevándose a fines de julio a mi mejor amigo, Miguel Montero, alma bendita. Escribí para él mi historia sobre la diosa aymara Kawillaka —dentro mi ensayo “En los umbrales del horizonte utópico”—, revelando lo apócrifo de una virgen que no es de Asunción y a la cual festejamos en agosto, que es mes de la siembra, en esta “llacta” que es un santuario precolombino. El mismo día en que moría mi amigo Miguel, nacía mi hija Sofía Alejandra.
Dicen que el 21 de agosto del 2004 la señora de Urkupiña se puso celosa por mi amor a Kawillaka y conspiró con unos eneferistas corruptos para mandarme unos cuchilleros enclefados a sentarme la mano, perforándome otra vez la panza y vaciando mi esmirriada billetera que se agotó en los costos del quirófano. Volví a no morir en virtud a mis artes marciales y ahora es cuando le digo a la parca sin ambages: “Basta de tu exceso en nuestras vidas, muerte de porquería”.
Controversial, intenso y peligroso: agosto es siempre así para nosotros los de abril.
Con decir que el 9 de abril de 1952 jamás habría sido posible en Cochabamba sin el bombardeo contra nuestra ciudad, aquel 28 de agosto de 1949 cuando Urriolagoitia mandó una flota aérea para bombardear la Plaza 14 de Septiembre, quedando en escombros el legendario Hotel Majestic.
Sobreviviendo al miedo, saludo a otro agosto que ya fue.
llactacracia@yahoo.com
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