Santa Cruz | El Deber
Concepción Juan Pesoa Chuvé, de 38 años, casado y padre de siete hijos, señalado sindicado de practicar brujería, tuvo un macabro final, al ser quemado vivo en una hoguera, supuestamente, por sus propios vecinos.
El hecho ocurrió el sábado cerca al mediodía en la comunidad indígena chiquitana de Puesto Nuevo de Lomerío, distante a 80 kilómetros de Concepción. Según las primeras investigaciones realizadas por la Policía, los comunarios, a la cabeza del cacique mayor, habían deliberado sobre algunas denuncias por la muerte de tres personas en circunstancias extrañas. Hallaron que los casos apuntaban a Juan Pesoa como el autor de estos hechos y otras situaciones anormales ocurridas en la comunidad producto de la supuesta brujería.
En las conclusiones de la asamblea se sentenció a muerte a Pesoa.
"Planificaron quemar al supuesto brujo, fue así que lo sacaron por la fuerza de su vivienda, lo amarraron a un tronco, armaron una hoguera y el cuerpo con vida ardió desde las 11:00 hasta la madrugada del domingo", relató el fiscal Iván Ortiz, que convocó a los miembros de la comunidad para que presten sus declaraciones en Concepción desde hoy.
El representante del Ministerio Público prepara la imputación contra los sospechosos del horrendo suceso para imputarlos por delito de asesinato.
"Los comunitarios alegan que decidieron quemarlo porque usaba la brujería para hacer daño en la comunidad. El Código Penal no establece pena para la brujería y para la ley ellos asesinaron a una persona por un delito que no contempla la ley", señaló Ortiz.
El comandante de la Policía Fidel Aráuz, que practicó el levantamiento del cadáver, señaló que apenas se logró recoger algunos huesos de la víctima porque todo había quedado en cenizas. Los restos se encuentran en manos de la Fiscalía y serán utilizados como prueba fehaciente al presentar la imputación.
El hecho conmocionó a los habitantes de la región de Concepción y sus alrededores.
El castigo comunitario no implica crimen
El educador Juan Tomichá, que pertenece a la etnia Monkok Chiquitana de Lomerío, a tiempo de deplorar el macabro hecho, en Puesto Nuevo, aclaró que este hecho no es parte de la justicia comunitaria que practica la cultura lomeriana. "Existe nuestra justicia comunitaria, se sancionan los robos, peleas y violaciones que se cometen con azotes o latigazos, pero nunca se actúa quintando la vida del infractor, menos quemándolos", afirma Tomichá.
Admitió que se habla de brujerías que practican algunas personas, pero no existen "pruebas para comprobar sus actos". También recuerda que hace muchos años se conoció que otras dos personas murieron en las mismas circunstancias.
En el municipio de San Antonio de Lomerío, con 3 mil habitantes y 28 comunidades indígenas, no hay presencia del Estado, a través de los policías.
La gente actúa de acuerdo a sus costumbres. "Sin embargo de tratarse de delitos mayores acuden a la policía de Concepción.