Rodeado de mis parientes, contemplaba la escena de la suscripción de contratos del Estado con diez compañías petroleras extranjeras, y durante los dos actos mantuve mi habitual serenidad y parsimonia, cuando de repente mi tía Ohmaygad me roció con champaña de la cabeza a los pies, destruyó mi peinado de peluquería, me besó en las orejas repetidas veces, y me dijo en voz gritando "¡Albricias y pelillos a la mar, ya somos millonarios!"
La euforia de mis parientes se generalizó, y mi tía Encarna me dijo exultante: "llama a tu esposa en este mismo momento y comunícale que los bolivianos somos ahora millonarios y que en el reparto nos corresponderá bastante a cada uno de nosotros, mandato que obedecí porque yo también me había contagiado del entusiasmo general.
-- Tesoro mío, te llamo a estas horas para comunicarte que somos millonarios y que podrás retornar a Bolivia dentro de algunos días.
--¿Qué te pasa, cholito mío? Percibo en tu voz y tono que estas bastante atufado…
-- No, tesorito, estoy completamente sereno.
-- Digo que estas atufado por el tufo a trago que tienes y que me llega hasta España a través del hilo telefónico.
(Me arrebata el tubo telefónico mi tía Ohmaygad). --¡Pilarica, te habla la tía Ohmaygad. Tu marido no está "tundiki" (léase borracho), lo que sucede es que gracias a la nacionalización de los hidrocarburos los bolivianos nos convertiremos en millonarios y debes volver pronto para compartir nuestra felicidad.
-- Yo sólo he sabido por la televisión española que Bolivia ha suscrito acuerdos con algunas compañías extranjeras (entre ellas Repsol) y que éstas continuarán trabajando en Bolivia.
-- Pero Bolivia recibirá 60 mil millones de dólares por el gas que venderá a Argentina durante los próximos cuarenta años y algo así como 30 mil millones de dólares por el gas que venderá a Brasil durante los próximos treinta años. ¿Te das cuenta de lo que es ese dinero y a cuánto nos tocará a cada una de nosotras…?
-- Iré a Bolivia dentro de dos semanas para ver si lo que me dice es verdad. Mientras tanto, dile a mi marido que ya no le enviaré la remesa por el mes de noviembre y que debería hacerlo mañana por que acabo de saber que pronto será millonario.
(Retomo el teléfono) --¿Qué has dicho, tesorito mío? Envíame nomás mañana la remesa por noviembre porque no tengo un centavo y aún no sé cuánto me corresponderá particularmente por la venta de nuestro gas a Brasil y Argentina, y es que todavía no conozco los contratos con las compañías petroleras. De todas maneras, te prometo que las remesas que me envías te las pagaré dentro de los próximos treinta a cuarenta años. Te juro por Dios.