Este domingo se cerró en la plaza Alonso de Mendoza la IV Feria de la Coca y Soberanía, que incluyó una diversidad de productos de la industria, la artesanía y la cultura. La Feria es la columna vertebral de la Campaña Coca y Soberanía, que se realiza cada año desde 2003, e incluye la reflexión y el debate político-intelectual, así como acontecimientos culturales. Este año se completó el abanico con un evento deportivo: la Maratón de Chaskis, que recorrió varios kilómetros entre Villa Fátima y la sede de la Feria, con más de 500 inscritos.
En el seminario internacional suelen congregarse dirigentes cocaleros de diversos niveles con intelectuales, activistas, microempresarios y artesanos que han hecho de la coca el eje de su actividad. Pero también se unen a ellos jóvenes consumidores que con muchos viejos han adoptado el hábito por razones de salud -espiritual y corporal- y porque nos da la gana contradecir al Imperio y a su estúpida doble moral que autoriza a las drogas -cuando son producidas por transnacionales-, pero prohíbe a las plantas que en todas las culturas han hecho de la salud y de la relación con el cosmos un tránsito fluido y reflexivo. La soberanía sobre los cuerpos, que se ejerce tanto en el akhulliku como en la carrera de chaskis, es también un hecho que motiva a la celebración, porque rompe con esas visiones cuadradas y mercantilistas del deporte como cosificación del cuerpo y como esfera del consumo más servil -desde anabólicos y energizantes químicos hasta ropa deportiva de marca- que no sólo esclaviza, sino que difunde las adicciones toleradas y otros vicios de una cultura ajena y violentamente individualista.
Por el lado reflexivo, el Seminario Coca, Despenalización y Constituyente fue un extraordinario encuentro. Lo inauguró el canciller David Choquehuanca y en él participaron quizás por primera vez públicamente los actores centrales de la lucha cocalera: Cofecay y las Seis Federaciones del Trópico de Cochabamba. La Campaña Coca y Soberanía es un evento autoconvocado que no cuenta con auspicio oficial alguno, salvo una magra suma para alojar invitados e imprimir afiches, que dona la Asociación de Pueblos de Montaña del Mundo. Y eso es quizás lo que permite la presencia de voces disidentes. En años pasados fueron los cocaleros de Caranavi. Este año los de Icuna, de los Yungas de Vandiola, que fueron recientemente reprimidos por la Fuerza de Tareas Conjunta, uno de los organismos más controlados por la NAS: la agencia "antinarcóticos" de la Embajada americana.
Uno de los ponentes, Mauricio Mamani, señaló con gran sentido del humor el equívoco en la noción de "narcótico" cuando se aplica a la hoja. Si un narcótico da sueño, la coca es precisamente lo que nos mantiene despiertos.
Anthony Henman, el antropólogo inglés que revolucionó las visiones de la hoja de coca en los 70 con su libro Mama Coca, dijo también algo que debería mover a la reflexión al Gobierno. Que no son necesarios más estudios -los hay en abundancia- para echar por tierra la hipótesis de "toxicomanía" que se asocia a la hoja. Y que por lo tanto urge solicitar a las NNUU que revisen su posición oficial de incluir a la hoja entre las sustancias prohibidas.
En un ambiente de confrontación, pero también de diálogo sincero, varias partes en conflicto pudieron pronunciarse. Y es quizás lo que planteó el Canciller, tanto como la reflexión propuesta por Filomena Nina, lo que permitió este acercamiento dialógico. Lejos de la especulación o la pelea, la postura aymara en torno a Inal Mama Quqa Laphi nos permitió, a través de un akhulli colectivo y ritualizado, desear fervientemente que lleguen mejores días a la política de la coca del Gobierno de Evo Morales.