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EEUU, sueño y pesadilla de los inmigrantes latinoamericanos

Por:María Peña
31-10-2006 - 12:29 h.
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Washington | EFE

Estados Unidos, un imán que cada año atrae a millones de inmigrantes de todo el mundo, afronta ahora una crisis de inmigración ilegal de proporciones históricas y, al parecer, sin visos de solución.

En momentos en que EEUU acaba de pasar el hito de 300 millones de habitantes -el tercer país más poblado del mundo, después de China e India- la presencia de unos doce millones de inmigrantes indocumentados y qué hacer con ellos ha polarizado a la clase política y a la sociedad en general.

Aunque no es la primera gran ola de inmigración -la mayor en cuanto a su incidencia demográfica ocurrió entre 1860 y 1920-, los atentados de 2001 y la inseguridad económica frente al fenómeno de la globalización han dado alas a una política de contención migratoria.

"EEUU vive el efecto de la globalización del mercado laboral. Los países industrializados tienen menos gente y más demanda de mano de obra y atraen a inmigrantes de los países del sur", dijo a Efe Dan Restrepo, analista del progresista Center for American Progress.

En el clima político actual, "resulta más fácil tratar de culpar al inmigrante que dar respuesta a las raíces económicas del problema. El ala más conservadora del Partido Republicano espera encontrar votos con una política de mano dura contra los inmigrantes", agregó.

Las restricciones y operaciones contra los indocumentados, que comenzaron en la década de 1990, dieron al traste con la llamada "circularidad migratoria" en la que los inmigrantes mexicanos trabajaban una temporada en EEUU y regresaban a su país.

Ahora, a falta de una reforma migratoria, los cruces ilegales continúan y aumentan la polémica en el país.

Por un lado, están los legisladores y grupos que consideran que los inmigrantes indocumentados son una carga pública y un peligro para la seguridad nacional, y piden que el Gobierno de Washington selle la frontera sur, por donde se cuela la mayor parte de la población clandestina.

Por otro lado, están los que insisten en que los inmigrantes, sin importar su estatus legal, contribuyen al crecimiento económico y a la riqueza cultural del país, por lo que EEUU debe abrirles una vía hacia la legalización.

Según la Oficina del Censo, EEUU añade unos 2,8 millones de personas a su población cada año -una cada once segundos- y, además de la tasa de nacimientos, el 40 por ciento de ese crecimiento demográfico se debe precisamente a la inmigración.

En total, los extranjeros, tanto legales como ilegales, conforman el 12,4 por ciento de la población, según las estadísticas.

Para Daniel Griswold, analista del Instituto Cato, una entidad privada conservadora de estudios políticos y económicos que tiene su sede en Washington, se trata de un fenómeno saludable para un país industrializado, porque ese ritmo de crecimiento refleja la fortaleza de esta democracia y garantiza la misma supervivencia de los jubilados.

"El hito de 300 millones debería ser causa de celebración. Nunca en la historia de la humanidad, ha habido en un sólo país tanta gente que viva en libertad y prosperidad", observó recientemente Griswold.

Debido a los beneficios sociales y económicos que, según Griswold, conlleva el crecimiento poblacional, "sería un gigantesco error que los políticos intentasen restringir" la inmigración.

Para muchos republicanos y grupos conservadores afines, sin embargo, la situación pinta un panorama insostenible que agravará las presiones sociales, el hacinamiento urbano, la congestión vial y, peor aún, pondrá en peligro la identidad cultural del país.

De cara a los comicios del próximo 7 de noviembre, el tema de la inmigración ha caldeado los ánimos en los corredores del Congreso, en los suburbios de grandes zonas metropolitanas y en las barriadas a lo largo de la zona fronteriza con México.

Debido a una pugna partidista, las negociaciones para una reforma migratoria integral se encuentran en un punto muerto en el Congreso, donde los republicanos consiguieron autorizar la construcción de un doble muro de más de 1.126 kilómetros en la frontera sur.

Grupos como el Foro Nacional de Inmigración y la Conferencia de Obispos Católicos de EEUU consideran que la insistencia en medidas punitivas es una vergüenza para un país que se jacta de ser una nación de inmigrantes y que ahora pretende retirarles el cartel de bienvenida.

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