Ya casi nadie duda que fumar es dañino para la salud. Pero para los dueños de bares y restaurantes de Buenos Aires prohibir el vicio en sus locales se ha convertido en una pesadilla para sus finanzas.
Desde el 1 de octubre rige en la capital argentina la denominada ley antitabaco, que prohibe fumar en espacios cerrados de acceso público con una superficie menor a los 100 metros cuadrados.
Celebrada por los enemigos del humo y aceptada a regañadientes por los fumadores, la norma encontró en los dueños de bares y restaurantes a sus más fervientes opositores porque, dicen, les ha causado caídas de entre el 20% y 30% en sus ventas.
Según cifras oficiales, el 33,7% de los argentinos fuma, uno de los índices más altos en América Latina.