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Recuerdos de la primera exhibición de cine

Los primeros motores de luz para la planta de Chocaya, trasladados de Oruro en mulas a comienzos del siglo XX.

Texto | Wilson García Mérida

Fotos | Archivo Inconográfico Datos & Análisis

HISTORIA | El cine, la máxima solución óptica que ofrece la ciencia del siglo XIX, no tarda mucho en llegar a Bolivia una vez que los hermanos Lumiére imponen su invento en 1895. Para Cochabamba, este acontecimiento significará el advenimiento definitivo de la luz eléctrica

Carlos D. Mesa, en su libro “La Aventura del Cine Boliviano”, coincide con Pedro Susz (“El Cine Silente en la Guerra del Chaco”) respecto a una fecha: 21 de junio de 1897, día que registra la primera exhibición cinematográfica en Bolivia, que se habría celebrado en el Teatro Municipal de La Paz. Un año antes, en 1896, la primera película en Sudamérica se habría exhibido en la ciudad de Buenos Aires.

Según Mesa, una crónica de “El Comercio” de La Paz, en su edición del 21 de junio de 1897, anunciaba lo siguiente:

“Esta noche se exhibirá por primera vez en nuestro coliseo, este admirable aparato electrónico, que forma entre los últimos inventos del inmortal Edison. Dada la novedad, posible es que el empresario tenga casa llena”.

En nuestro libro “Un siglo en Cochabamba”, publicado en 1996, aseveramos que “los cochabambinos asisten al cine por primera vez entre 1898 y 1899. Un empresario de apellido Gacia vendría a ser el artífice de este trascendental acontecimiento”.

Dada la imprecisión del dato, nos habíamos resignado a aceptar por inobjetable el dato de Mesa, tal es así que los cineastas del país adoptaron el 21 de junio del 97 para celebrar el centenario de este arte en Bolivia.

Sin embargo, post libris, mediante una gentileza del erudito historiógrafo doctor Ernesto Daza Rivero, hemos accedido a una fuente que nos pone de cara al eslabón perdido: la primera exhibición de cine en Bolivia se produjo en Cochabamba, el 27 de mayo de 1897, un mes antes de llegar a La Paz, y lo dijo “El Comercio” de Cochabamba en su edición del 28 de mayo de ese año, según esta transcripción de Hugo Quintanilla Quiroga:

“Anoche se ha efectuado la primera exhibición cinematográfica en el Teatro Achá. De las 12 vistas ofrecidas al numeroso público, dos han resultado espléndidas: La ‘Faena Agrícola de Segadores’ y la de ‘Los Bañistas’; las demás han sido confusas, una por falta de luz, otra por una reflejo que interrumpía la visión continuamente de las imágenes. Estos defectos que el Empresario debió prever, han sido causa de impaciencia en el público sentado y de desórdenes en la chusma del gallinero y otras localidades”.

La segregación social y la intolerancia que priman en ese momento constituyen el protagonista central de aquella primera experiencia cinematográfica de los cochabambinos:

“La mala crianza de algunos que se permitieron fumar en los entablados, fue causa de que los desordenes aumentaran produciendo una especie de espanto en la delicadeza de las señoras y caballeros que temían, fundamentalmente, la iniciación de un incendio. (...). Los que así aprovechaban de la oscuridad para cometer actos de incivilidad y descortesía, dan la peor idea de su conducta. Las autoridades que en los primeros momentos de desorden se limitaron a impartir órdenes represivas, abandonaron sus asientos para atender mejores deberes. Habría sido plausible que siquiera a media decena de culpables les hubieran aplicado el castigo necesario a sus faltas... Sin aquellas notas discordantes, cuan agradable habría sido la noche”.

Sociedad mojigata como era aquella comuna nuestra, gobernada por el clero y munícipes conservadores, algunas de las cortas películas ofrecidas en aquella memorable función del 27 de mayo de 1897, ya habían causado escándalo, al menos para el cronista de “El Comercio”:

“Dos de las ofrecidas anoche eran obscenas y propias sólo de burdel. Muchas de las señoras dejaron sus asientos para no asistir a estas representaciones que dañan la moral. Este ejemplo de pudor que tan bien sienta al bello sexo, debió ser imitado por todas ellas”.

Fue así como se produjo la primera exhibición de cine en Bolivia, el 27 de mayo de 1897 en el Teatro Achá de Cochabamba.

LUMIÉRE EN LA LLAJTA

El empresario que trajo este espectáculo al país, a quien las crónicas de la época identifican sólo por su apellido, Gacia, se presentaba como representante de los hermanos Lumiére que operan desde París, Francia, desplegando un circuito internacional que no tardó en tramontar hasta nuestras ciudades.

Cuando Gacia trae el cinematógrafo a Bolivia, Lumiére ya ha producido un total de 358 películas de cortísima duración (tomas de uno a tres minutos), filmadas en diferentes países. Habitualmente, un programa del “Cinematógrafo Lumiére” contenía entre ocho a 12 títulos.

El 9 de noviembre de 1899 volvemos a ver otras películas de Lumiére, esta vez en un salón del Concejo Municipal. Al día siguiente de aquella exhibición que “estuvo muy concurrida”, según una crónica de “El Heraldo”, el público reclama por la deficiente luz en las funciones:

“Las vistas del primer acto estuvieron buenas, de tamaño natural y luz clara. Pero en la segunda parte, que era la más interesante por exhibir la corrida de toros en todas sus manifestaciones, se notó excesiva trepidación de la luz y poca intensidad de ella. En la tercera parte ya fue demasiado opaca e imperfecta, produciendo reclamos estruendosos del público”.

El equipo de Gacia funcionaba con un rudimentario sistema de luz artificial alimentado con gas acetileno. Esta deficiencia que obligó a suspender las exhibiciones de las obras de Lumiére, causa honda preocupación entre los munícipes cochabambinos que quieren ver buen cine. Y será pues, así, que la luz eléctrica llegará a Cochabamba de la mano del cinematógrafo.

En 1900 el cinematógrafo de Lumiére cae en bancarrota ante la expansión de un consorcio norteamericano que adopta el “bioscopio” —una variante del propio invento de Lumiére— diseñado para proyectar películas de más larga duración. Surge así el biógrafo, aparato que requiere poderosos generadores de luz.

EN BUSCA DE FUERZA

A fines de 1902 llega a Cochabamba la compañía Hellec, dueña de un biógrafo que ofrece en venta su generador eléctrico a la Municipalidad. Esta noticia sale a luz el 2 de noviembre de ese año, vía “El Heraldo”:

“Hace días que ha surgido en el seno del Concejo Municipal la idea de comprar el motor y toda la maquinaria de luz eléctrica de la compañía Hellec, empresaria del biógrafo, para aplicarla al alumbrado público... Deseoso el empresario de dar una muestra y hacer la prueba de alumbrar la plaza con luz eléctrica, anoche se instaló a manera de ensayo, en la esquina del edificio municipal, un foco de una fuerza de 18 amperes y otra más de arco, dejando a los concurrentes plenamente satisfechos y convencidos de las ventajas que se obtendrían con la implantación de luz eléctrica en sustitución del kerosene. Con este motivo acudió a la plaza numerosa concurrencia atraída por la novedad”.

Sin embargo el negocio no era muy conveniente para los intereses de la comuna. Los cálculos financieros decían que con menor inversión se podía obtener un mejor generador, capaz no sólo de sostener extensas exhibiciones cinematográficas además de iluminar varias calles de la ciudad, sino incluso con potencia necesaria para impulsar una red de tranvías. Así se gestaba la que en el futuro sería la Empresa Municipal de “Luz y Fuerza”.

Gustavo Rodríguez Ostria recuerda que a raíz de aquella decisión de poseer una empresa propia de luz, los munícipes emprenden la obra casi faraónicamente: “Luchando contra el tiempo, los ingenieros europeos Francisco Zangle y Ricardo Cox montaron la planta de Chocaya. Alimentada por una caída de agua de 80 metros, con dos turbinas, corriente trifásica y un potencial de 300 caballos de fuerza, mientras que el cochabambino Félix Sánchez de Lozada tendió las líneas de transmisión sobre un recorrido aproximado de 18 kilómetros entre Cochabamba y Chocaya”.

Los generadores que darían vida a la planta de Chocaya fueron trasladados desde Oruro en carretas estiradas por mulas. La empresa municipal de “Luz y Fuerza” encendió su primer foco en la plaza 14 de Septiembre, en la fiesta septembrina de 1908.

En la ocasión se presentó el Biógrafo de Paté, con películas como aquella del precursor de los trucos cinematográficos Ferdinand Zecca, “Vida Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo”, obra en la que el cineasta utilizó ingeniosos trucos para realizar escenas donde aparecen ángeles levitando. Esta película, según informó “El Heraldo”, fue presenciada en el Club Social, “en medio de un silencio piadoso de la concurrencia, ante la exhibición gráfica de los martirios inferidos al cuerpo del Divino Redentor, patentizados allí con una verdad casi irreverente”.

El programa de los días siguientes incluía “Las aventuras de Gullivert” y un documental con “episodios de la guerra ruso-japonesa hasta la rendición de Port Arthur”.

llactacracia@yaho.com

 
 
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