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Cochabamba - Bolivia
Revista de Domingo Para Toda La Familia
Domingo, 1 de enero de 2006
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“El problema no es cultural, es el atraso y la dependencia”
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Alexis Pérez:

“El problema no es cultural, es el atraso y la dependencia”

Texto | Rafael Sagárnaga.

Fotos | Jorge Landaeta

¡OH!: ¿Cuál considera que es la lección más importante de la historia que los bolivianos no han aprendido hasta la fecha?

Lo que aún no logramos aprender, comprender, es el tema que combina el atraso y la dependencia. ¿Dónde nos atrasamos? ¿De qué dependemos? ¿Qué es lo que no está resuelto en Bolivia? De ello se deduce fundamentalmente que el creer que desde afuera se van a resolver los problemas atrayendo capital extranjero. Desde 1880 llegó el capital extranjero. Veamos cómo, por ejemplo, los años 20 fueron realmente sobresalientes en la llegada de capital extranjero y terminaron en crisis. En ese contexto lo que realmente debe aprender el pueblo boliviano es que, como cualquier otro país, necesariamente tiene que partir de una lectura interna del país para allanar los obstáculos hacia aquello que no está resuelto.

¡OH!: ¿Cómo han resuelto o intentado resolver esa falencia nuestros vecinos que en su mayoría nos llevan gran ventaja?

Vayamos a un ejemplo: la economía agrícola argentina satisface al mercado interno y satisface un espacio en el mercado mundial. Entonces, cuando hay crisis, esa economía cae, pero tiene un colchón que es el mercado interno que continúa absorbiendo la producción. Por otra parte, los costos de la producción agropecuaria argentina no tienen parangón con, por ejemplo, los costos de la producción que llegó a tener la minería boliviana. A eso se sumó que gracias a su topografía los argentinos lograron articular mucho más rápido a su país, integraron su espacio con ferrocarriles y carreteras y formaron su mercado nacional. Además era en buena medida un espacio vacío, no tenían población y tuvieron que traer inmigración. En cambio en Bolivia había gran oferta de mano de obra y ésta fue sobreexplotada. Los barones y terratenientes no miraban a esa mano de obra en términos de asalariamiento y prevalecieron la servidumbre y el pongueaje. En cambio en Argentina, por la demanda de mano de obra, fueron obligados desde el principio a pagar salarios.

Esa visión sobreexplotadora en Bolivia generó una especie de muro que impidió la posibilidad de atraer tecnología. Se volvieron reacios a la idea de traer tecnología y prefirieron nomás usar la abundante mano de obra barata que les rodeaba. Prefirieron palliris a chancadoras.

¡OH!: ¿A quién se puede atribuir fundamentalmente ese fracaso en el desarrollo?

Es un fracaso de la clase dirigente, de ayer y de ahora, por no saber leer la realidad interna, por no saber buscar transformaciones y cambios, a excepción de lo sucedido en la revolución de 1952, en la economía interna del país. Eso de esperar que desde afuera nos van a hacer felices fue siempre un error.

¡OH!: ¿Y como se explica esa tozuda mirada hacia fuera?

Porque internalizaron los paradigmas “de la civilización”, como ellos llamaban en el siglo XIX, en los modelos que miraban afuera. Por eso copiaban códigos y leyes, pensando que con eso el país se iba a levantar. Se dedicaron siempre a ver las leyes de afuera antes que la suerte del pueblo boliviano desde adentro.

¡OH!: ¿Entonces sugiere que, por segunda vez, debe surgir una nueva oligarquía, una nueva clase dirigente o tal vez otro tipo de cambios estructurales? ¿Qué base hace falta para lograr ese cambio sustancial?

Es difícil responder en ese sentido. No quisiera caer en definiciones estrechas. Lo que concreto es que se debe resolver, entre una de las urgencias, el desarrollo agrario occidental y eslabonarlo con la industria. La Revolución de Abril empujó la búsqueda de la substitución de importaciones, la ampliación de la oferta exportadora y el desarrollo del mercado interno. Pero se encontró con graves obstáculos: la falta de ahorro interno y la pérdida del potencial minero que, en plena decadencia lo alcanzaba para financiar los grandes proyectos. También faltó una burguesía progresista que debía ser la burguesía industrial, pero que heredó una vieja mentalidad. Se les hizo concesiones y divisas baratas, pero ellos prefirieron la especulación y el contrabando. No buscaron, por ejemplo, al campesino para eslabonar como se entiende en economía, la industria con el desarrollo agrario del occidente. Cuando llegó a haber una oferta grande en el mercado, el campesino liberado no se hacía parte del mercado.

¡OH!: Ahí fracasó la Revolución del 52...

Si recordamos que además se encontró con un país pobre, desarticulado y difícil de articular. Entonces, en 12 años ¿qué se le puede pedir a una revolución? La transformación de Bolivia tenía que producirse en unos 50 ó 60 años, pero con una revolución realmente dura.

¡OH!: Y que tampoco logró gestar una burguesía que construya el país y consolide el Estado, algo que mucho antes ya habían logrado los países del entorno...

Claro y en el proceso histórico, no logramos hasta el presente, levantar una burguesía poderosa como hay en Argentina o como hay en Chile. La historia chilena muestra cómo su poderosa oligarquía dio un marco institucional al desarrollo de las inversiones extranjeras. Luego ellos además se unieron al capital internacional con su capital nacional. Eso hasta que surgió en el seno de la oligarquía una fracción de clase que se convierte en la burguesía chilena. Recordemos, por ejemplo, la fábrica de tejidos Tomé, altamente competitiva, con un ganado ovino en el sur de Chile, que llegó a competir con las telas inglesas. Eso nada menos en 1883. Ya entonces Chile tenía un parque industrial notable. Luego con su victoria sobre Bolivia y Perú se potenció mucho más. Su clase obrera se volvió consumidora, transformó su minería con tecnología de punta, etc. Entonces se formó la nacionalidad chilena de manera muy temprana.

¡OH!: ¿Se puede culpar además, en mayor o menor medida, a la ingerencia internacional por el atraso boliviano?

No, la culpabilidad central se halla en la oligarquía. Recordemos a Patiño, empezó con capital nacional y lo transnacionalizó. No había nada atractivo para él, para invertir en Bolivia, a excepción de los callapos en Chapare y lo de Pairumani que son cosas nimias en relación al capital que tenía. Veamos el código de minería de 1883, se entregó las minas al capital extranjero de por vida con tasas impositivas bajas. Esta oligarquía es concesionaria, siempre dejó al capital extranjero a sus anchas. Nunca pensó en convertirse en una verdadera burguesía. En los 60 y en los 70 igual, prefirieron comprarse departamentos en Miami, y el Estado no controló los créditos que les había asignado. Fueron además genuflexos al interés extranjero y entreguistas. Apuntalaron dictaduras como negocios porque permitían así que llegue mucho capital, pero en beneficio propio para que luego pague el Estado.

¡OH!: ¿Y por qué las otras capas sociales se resignaron a una oligarquía de esa naturaleza?

Es que tampoco se desarrolló una clase media fuerte, activa, vigorosa, como las de los países que mencionamos. No fue esa clase media de arcada rebeldía, de ideas, de libros. Nuestras mayorías fueron campesinas que luego desarrollaron sus “sucursales” en los suburbios de las ciudades, sus “cazadores de fortunas”, el mundo informal. Ellos no encontraron nunca la famosa “mano invisible” del mercado pregonado por Adam Smith. Fue un desarrollo desigual y ficticio. Veamos Potosí, allí se enriquecieron tres, ¿y qué queda, por ejemplo, en Chayanta, en Chichas, en Lípez? Esto ya lo advirtieron historiadores estadounidenses en los años 30. A ellos, y recuerdo a Margaret Marge, les sorprende ver indios sobreexplotados que no podían usar el tren por su pobreza.

¡OH!: Con esas estructuras endebles y cambios frustrados, ¿cree que en el presente estamos llegando a un cambio histórico, si pensamos en octubre o en esta victoria del MAS por ejemplo?

Cambio histórico no. Si vemos el proyecto societal del MAS, éste no está cristalizado. Ellos son conscientes de que hay un sector empobrecido, pero les cruza una lectura culturalista, antropológica, muy propia de las ONG. Además está mezclada con tendencias de izquierda que siempre le hicieron mucho daño a este país. Entonces todavía no hay un proyecto claro. Lo que desde un principio debía haber planteado el MAS es la reorientación del gasto público y sus formas de capitalización en el agro y los campesinos. Si no hay ese cambio seguirán los levantamientos.

El discurso del MAS es aún de coraje, de presión, es aun un discurso sindical, no de clase. Es muy peticionario, eso no funciona, menos ante un imperio, por ejemplo en el caso de la coca.

¡OH!: ¿Dónde está entonces lo trascendental de esta coyuntura?

Lo histórico está en la tensión que afecta a la sociedad boliviana porque su economía se ha achicado demasiado. Y ante ese escenario los sectores que generan la tensión llegan a un acuerdo para resolver su contradicción por vía eleccionaria, eso es histórico. Un acuerdo entre oligarquía y pueblo. Pero que en el futuro se produzcan transformaciones, tengo mis dudas. Esperemos que la nacionalización traslade recursos y aligere los lastres como el que expliqué y otros como las deudas externas e internas.

¡OH!: Habló de las ONG, ¿por qué? ¿No son las que inducen a la contradicción cultural en lugar de la económica?

Porque son el otro eslabón de la dependencia, además la pobreza da dinero. Ellos tienen grandes capitales y excedentes de mano de obra calificada a la que envían al tercer mundo para que tengan trabajo, pero saben qué tipo de trabajos encargarles.

Es una presencia indirecta de la colonización, ya no es como en el África en el siglo XIX, una administración directa de las colonias, ahora es una colonización indirecta, a través de las ONG. Hay una ausencia de una orientación de clase, el conflicto, la lucha entre oligarquía y el pueblo se está expresando en términos culturales y raciales. Pero ésta no es la contradicción fundamental.

Alexis Pérez es licenciado en Historia de la Universidad Mayor de San Andrés. Se dedica a tiempo completo a la docencia. Brinda la cátedra de Historia Económica de América Latina e Historia Económica en la carrera de Sociología de la UMSA y en la carrera de Economía de la Universidad Católica. Ha sido conferencista en diferentes universidades sudamericanas, especialmente en Argentina, Perú y Chile. Ha escrito el libro “El Atacama Boliviano” y es coautor de la colección Historia Económica de Bolivia junto al economista Napoleón Pacheco. Tiene en preparación un libro sobre Historia de Bolivia.

 
 
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