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Domingo, 2 de julio de 2006
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Música

Rock boliviano, 40 años bien puestos

Texto | Mónica Oblitas

Fotos | Discolandia, Jorge Landaeta

Iniciativa | Discolandia ha lanzado un libro y cuatro discos que resumen la historia del rock que se grabó en los estudios del sello boliviano

El rock boliviano, desde sus orígenes, ha sido un tema de debate, a veces más a veces menos candente, pero siempre polémico. Para muchos se ha convertido en una misión imposible el ponerle una etiqueta al rock para definirlo como hecho en Bolivia. Sin embargo el rock es rock, aquí o en China, y es justamente esa característica lo que lo hace un emblema universal. Pero más allá de las etiquetas, en Bolivia se ha aportado con originalidad a este género llegando hasta las obras maestras de grupos como Wara que lograron una fusión auténtica del rock universal con los acordes autóctonos de nuestros instrumentos nativos y letras significativas.

Muchas bandas, aun con nombres en inglés, lograron darle un tinte definido al rock, aunque comenzaran (y en algunos casos continúen) interpretando covers.

Larga vida al rock

Pese a la brecha de casi 10 años que sufrió este género en nuestro medio, la historia del rock boliviano se remonta a hace más de 40 años y ahora existen registros para probarlo. Alberto Espinoza, gerente general de Discolandia, junto a Mario E. Vargas, experto en el tema, se dieron a la tarea de recopilar más de 70 grabaciones de grupos nacionales que firmaron con Discolandia desde los orígenes mismos del rock nacional, allá por 1963. En ese entonces, Los Bonny Boys Hot’s y Humberto Castillo, jóvenes y rebeldes, animaban las fiestas de cumpleaños con lo que serían los primeros acordes del rock boliviano. La influencia inglesa y estadounidense era marcada en todos los aspectos, desde la vestimenta hasta los pasos de baile, y eso es reflejado en el desarrollo de la música creada e interpretada por las distintas bandas que poco a poco fueron adquiriendo identidad propia.

El trabajo incluye un catálogo del rock boliviano registrado por los estudios Discolandia, y aunque no es el primer libro que se escribe al respecto, ya que existen los antecedentes del trabajo realizado por el periodista Marco Basualdo, éste es el primer gran esfuerzo que suma la historia y la música hecha por rockeros bolivianos. El box, que se vende en todas las agencias Discolandia incluye el catálogo y cuatro discos compactos que abarcan las distintas épocas del rock en Bolivia, empezando con la Orquesta Lyra, pasando por 50 de Marzo, Wara, Manantial, Antares, Stratus, OM, Dies Irae, Anadda, Llegas, Lapsus, entre otras muchas bandas, hasta llegar a la más reciente grabación de Black Jack, “La Mariscal Santa Cruz”.

El rock, hoy por hoy

¡OH!: ¿Qué sucede con esa brecha que marca un tropiezo importante en la historia del rock boliviano?

Mario Vargas (MV): A fines de la década del 70 se suscitan muchos cambios en el país, entre ellos el caos político de la dictadura y el surgimiento de la música disco, y que obligan al músico a hacer otras cosas para poder vender un producto comercial. La crisis económica también hizo que muchos músicos se fueran del país, se dediquen a otra cosa y es así que Discolandia levanta los brazos en cuanto a la producción del rock. El periodo de los 80 fue oscuro en nuestro rock, hay pocas propuestas válidas, la única que se me viene a la mente es OM. Es recién a fines de esa década que surgen grupos como Coda 3 o Dies Irae.

¡OH!: ¿ Es el rockero el que hace al mercado o viceversa?

Alberto Espinoza (AE): Creo que es el rockero el que labra su público y nosotros tenemos que responder a esa presión. Lo que dice Mario es cierto, aunque no significa que no haya existido rock en la década de los 80, pero sí hubo una fuerte contracción que ahora se ve como una brecha.

MV: Sí, pero el músico tenía que ganarse la vida, había músicos con hijos, familia. Creo que la seriedad del músico hace también al mercado, es increíble que a principios de la década de los 70 hayan surgido grupos como 50 de Marzo, Wara, Climax, Manantial, un periodo muy lindo de muy buena música.

¡OH!: ¿No corremos el riesgo de que se abra otra brecha? ¿Cómo observan la producción rockera actual?

MV: Creo que ahora tenemos muchas propuestas, pero cualitativamente deja mucho que desear la calidad de las interpretaciones. No hay algo que te cautive. No hay nada que sorprenda.

¡OH!: ¿Y qué pasa con el valor que se le da al músico? Existen casos patéticos de gente que ha trabajado por el rock boliviano y que ahora está en la ruina absoluta...

MV: No creo que tengamos la capacidad para valorar culturalmente lo que se hace en Bolivia, creo que nos hemos dejado absorber mucho por nuestro entorno político y estamos tan obsesionados con él, que hemos relegado las manifestaciones culturales a segundo o tercer plano. No somos un público culto y a partir de esta falta de valoración cultural que existe en el boliviano y que es parte de su idiosincrasia, no se valora al músico y se es ingrato con él. Ese es uno de los motivos por el que hemos hecho este trabajo, para que se le dé su lugar a la gente que ha peleado en estos 40 años de movimiento rockero.

AE: La piratería es el principal castigo para el artista. Había un eslogan que decía “No mates la música” y es absolutamente real. Casi todos los artistas que están en este libro viven de otra cosa, o es gente que se ha ido al exterior. No pudieron sobrevivir en Bolivia. En este momento médicos, zapateros, militares, todos compran piratería y esa es la forma en que estamos carcomiendo nuestra música y así estamos educando a nuestros hijos.

¡OH!: ¿Está el rock boliviano identificado con la realidad de su público, con la de su entorno?

MV: Se habla mucho de esto, y en el libro se han incluido los testimonios de Puka Reyes Villa, Sergio Calero y Marco Basualdo al respecto. Siempre se ha tratado de buscar la identidad del rock, pero no podemos decir que es boliviano por ponerle una quena o un charango. La única manera que puede adquirir identidad propia es a través de las letras. En los últimos años se ha manifestado más esto con expresiones de grupos como Supay o 3.18, y el sentido es más impactante que el de grupos que utilizan metáforas.

¡OH!: ¿Qué pasa con los grupos que interpretan covers, por ejemplo? ¿Con aquellos de “éxito espontáneo”?

MV: Es el caso de grupos como Quirquiña, pero en el ambiente under existen grupos como Supay, por ejemplo, o la recopilación que hizo Peggy Martínez en el disco La otra vereda, que incluye grupos como Alkoholica, Indio, 3.18 o Comunidad, que es una producción excelente, con una tendencia muy política. Incluso Black Jack, que toca covers, se anima a hacer un tema como “La Mariscal Santa Cruz”.

¡OH!: ¿Es Lou-kass la banda emblema del rock nacional?

AE: Para ese momento sí, pero no creo que sea emblemática para todo el movimiento rockero.

MV: Hay un número de bandas emblemáticas, citaría a Wara, Climax, Track de Santa Cruz, Manantial, 50 de Marzo de Cochabamba, Lou-kass, Llegas y Coda 3/Octavia, pero de que haya un solo grupo, no. Estos grupos han estado intentado perfilar siempre la identidad de nuestro rock

 
 
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