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Cochabamba - Bolivia
Revista de Domingo Para Toda La Familia
Domingo, 2 de julio de 2006
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Rodrigo Hasbún: “Me interesa la literatura íntima”
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Rodrigo Hasbún: “Me interesa la literatura íntima”

Rodrigo Hasbún

Texto | Redacción ¡OH!

Fotos | Martín Bouloq

A sus 25 años, Rodrigo Hasbún acaba de publicar su primer libro, “Cinco”, bajo el sello Gente Común. De una madurez notable, los cuentos del joven escritor cochabambino forman parte de la renovación generacional, estilística y temática que atraviesa actualmente la literatura boliviana.

Hasbún, que obtuvo el Premio Nacional de Literatura Santa Cruz de la Sierra el 2002 y fue finalista del Concurso Franz Tamayo en dos ocasiones, conversó con nosotros sobre esta publicación, su proyecto narrativo y otros temas afines.

¡OH!: Cuéntanos un poco del proceso de escritura de “Cinco”.

La mayoría de los cuentos que conforman el libro fueron escritos el año pasado. Inicialmente el volumen contenía el doble o triple: fui depurándolo y quedaron sólo cinco, los que dan nombre al libro.

¡OH!: Tenemos entendido que no es el primero que escribes.

Es el primero que decido publicar. Hay otros guardados en gavetas ocultas y en la computadora. Haberlos escrito me permitió encontrarme en mejores condiciones de enfrentar éste. Fueron mi aprendizaje, maneras silenciosas y a veces difíciles o frustradas de buscar al escritor que intento ser, de inventármelo en la medida de las posibilidades. Suele suceder que muchos se arrepientan o renieguen de su primer libro. Quería evitar a toda costa caer en lo mismo y por eso preferí esperar a estar más seguro de lo que puedo y no puedo ofrecer como escritor antes de publicar.

¡OH!: Háblamos un poco de “Cinco”. El personaje principal de dos de los cuentos se llama como tú. ¿En qué medida se trata de un libro autorreferente?

Me interesa la literatura íntima. Esa en la que parecería que el escritor te está hablando al oído, sólo a ti. Esa en la que los personajes aparecen desnudos y dispuestos a mostrarse y mostrar su terror y sus esperanzas, las dudas y el remordimiento, la tristeza que a veces llega y no siempre se entiende. Podía haber llamado al personaje que mencionas de cualquier modo. Ponerle mi nombre, además de esto que te digo, es una provocación, la forma más contundente de propiciar algunas preguntas que como lector siempre tengo presentes: ¿Cómo sucedió realmente? ¿Sucedió? ¿Saberlo influye en la lectura? ¿De qué manera se relacionan literatura y experiencia, ficción y realidad? ¿Qué las define y cuáles son las fronteras que las delimitan?

¡OH!: Otra de las características que llama la atención es la sexualidad, muy explícita y a menudo cruda. Todos los cuentos abordan el tema en algún momento. ¿Por qué?

Porque es ahí donde quizá somos de forma menos difusa lo que somos, donde resulta más difícil ocultarse o mentir. No me cansaré de repetir que lo que sucede en dormitorios y baños siempre me pareció más revelador que lo que sucede en la sala o en la cocina, y mucho más que lo que sucede en la puerta de calle o en la esquina. En realidad los lugares no importan, sino la mirada, hasta dónde se anima a llegar. Espero que el libro sepa leerse bien, con la madurez y distancia necesarias, y que no hiera la sensibilidad de nadie.

¡OH!: Ni Cochabamba ni Bolivia aparecen mencionadas.

Los cuentos suceden en ciudades sin nombre que casi en todo momento podrían ser cualquier ciudad. No me propongo describir o explicar una realidad geográfica, social o política. Tampoco aventurar respuestas de ningún tipo. Simplemente me acerco a personajes que no siempre son capaces de descifrar lo que les ocurre o sienten y a partir de ellos exploro algunas situaciones, los viajes interiores que realizan, las pérdidas y padecimientos a los que no logran resignarse.

¡OH!: ¿Cómo se inserta el libro dentro de la tradición boliviana?

Como lector siempre me mantuve alejado de la tradición boliviana y sospecho que eso se evidencia en las búsquedas que emprendo o intento emprender en el libro. En cualquier caso, los que están afuera de él y por lo tanto disponen de una perspectiva más amplia que la mía, sabrán responder mejor que yo.

¡OH!: ¿Cómo asume un joven escritor boliviano su vocación?

En Bolivia la ausencia de estímulos para alguien que quiere dedicarse seriamente a esto es abrumadora. Mientras no se asuma que los escritores necesitan de una infraestructura básica para formarse y desarrollar su vocación, la situación seguirá igual de quieta y dormida. No hay fomentos ni becas de creación, gubernamentales o no gubernamentales. Los suplementos culturales no pagan las colaboraciones. Bibliotecas y librerías están pésimamente abastecidas y el mercado es diminuto. En pocas palabras, el escenario perfecto para imposibilitar cualquier aspiración a hacer de la literatura un oficio del que se pueda vivir y al que uno pueda entregarse a tiempo completo. Lo curioso y esperanzador es que a pesar de todo hay gente dispuesta a persistir y dar lo mejor de sí.

¡OH!: ¿Estás trabajando en un nuevo libro?

Hace algunos meses corrijo una novela breve que me gustaría publicar a principios del próximo año, si para entonces siento que está lista y lo merece. Mientras tanto, espero que “Cinco”, que es un libro en el que trabajé mucho, disponga de una buena distribución y difusión.

“Cinco”

La mayoría de los escritores se forman a los ojos del lector; los vemos aprender de un libro a otro, nos compadecemos de sus equivocaciones y nos maravillamos ante sus precarios descubrimientos. Otros escritores, los menos, maduran de manera secreta, en la soledad o en compañía de algunos amigos que leen sus manuscritos; cuando aparece el libro, sentimos que ha valido la pena la espera. Rodrigo Hasbún pertenece al segundo grupo. Hace más de cinco años que leo sus textos y lo intento convencer de que se anime a publicarlos. He leído varios libros inéditos suyos, y allí me he encontrado con muchos textos que merecen la publicación. Rodrigo ha preferido seguir su propio ritmo. Cinco es una acabada destilación de ese exigente proceso. En estos cuentos hay perversas historias de amores desencontrados, reuniones de amigos que carecen de nostalgia, voces de los márgenes que se adueñan del centro, sueños de grandeza que no llegan muy lejos. Hay, también, una mirada que nunca se cansa de escrutar en los motivos y miserias de la condición humana, para ofrecérnosla transformada en alta literatura.

Rodrigo Hasbún: recuerden este nombre. Si es verdad que en el principio está el final, entonces tenemos sobradas razones para celebrar.

Edmundo Paz Soldán

 
 
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