Texto | Anna Infantas y Mónica Oblitas
Fotos | R. Montero, J. Landaeta y M. Toranzos
La fiesta navideña se inicia con el rescate de las vivencias de sus artesanos. | Niños y adultos forman un ejército de talentosos en todo el país, cuya misión no es otra que realizar pesebres
Cada año, faltando algunos meses para las fiestas navideñas, cientos de artesanos en todo el país comienzan a dar forma a la Navidad a través de las figuras emblemáticas de los pesebres. La mayoría de ellos ha aprendido el oficio de sus padres y se lo están legando a sus hijos, gracias a empresas familiares que en algunos casos ya exportan sus obras. Los diseños van cambiando con el tiempo, adaptándose al gusto de los clientes, así como se modifican las técnicas para fabricarlos. En La Paz, Isabel Guzmán tiene su tienda frente a la de su hija, Cecilia Santander, que también aprendió a realizar las diminutas piezas de cerámica que forman simpáticos personajes de redondas narices y pícaras sonrisas. Vestidas de cholas paceñas y de campesinos altiplánicos, las María y los José reciben el nacimiento de sus pequeños Jesús, también caracterizados como niños aymaras, con el alborozo de platilleros, trompetistas, quenistas, pastores, reyes magos y demás figuras que incluyen hasta alegres mineros y vendedoras de frutas.
Estos nacimientos, si bien se venden hace años, han empezado a tener más acogida en quienes buscan otras alternativas a los clásicos diseños. Su elaboración es complicada, cada pieza debe ser terminada a mano para darle la expresión al rostro; pasa lo mismo con el pintado que se hace detalle a detalle.
"Hay diferentes técnicas en el terminado. La arcilla es natural, es cara y se la trae de la zona sur de la ciudad. En el taller la procesamos y la depuramos. Se utilizan algunos moldes, pero el trabajo es más que todo manual. Nosotros buscamos qué nuevas cosas hacer para satisfacer a los clientes. Antes trabajábamos con pintura al thiner, pero ahora son pinturas al agua y al aceite", cuenta Isabel, para quien el negocio de las artesanías es una pasión. Una prueba de que no es rentable son los 10 bolivianos que se paga por un nacimiento de porcelana fría, armado dentro de una diminuta botella, que incluye hasta un pequeño cactus, por supuesto, con la ayuda de una pinza. Obviamente el esfuerzo es superior a la paga.
"Mientras más pequeñas, más difíciles", explica Isabel, que está en este negocio hace 15 años. "Sin embargo hay mucha gente que cree que porque son piezas pequeñas deben ser más baratas. Sinceramente, la labor de los artesanos no es reconocida en Bolivia. Muchos no ven la calidad, sino lo que está al alcance de su bolsillo. Hay una señora que me compra los adornos y los lleva a Estados Unidos; también tengo otro comprador que los manda a Italia... Allí sí se aprecia y se paga por el arte", concluye la mujer, a tiempo de empezar a regatear con una señora que llegó de Oruro y quiere comprar nacimientos ... "¿Tan chiquitos? ¡Más baratos deberían ser!". La respuesta de la vendedora es la misma desde hace tiempo: "Por eso señora, más trabajo cuesta hacerlos".
Los Niños sagrados
Cada año, faltando tres meses para Navidad, Mario Mansilla y su familia redoblan esfuerzo y talento para cubrir la demanda de figuras de yeso que tienen en La Paz e interior del país. Su taller en Sopocachi parece un mundo de fantasía: al lado de algunas imágenes que quedaron de las Alasitas pasadas, de alcancías y muñecos, toman un protagonismo especial las vírgenes, los Niño Jesús y los Reyes Magos.
Llama la atención un niño regordete y de largas pestañas que, literalmente, ha perdido la cabeza. La familia Mansilla también es restauradora y tiene que curar varios "niños enfermos", Esta es una de las tareas más importantes que les ocupa varios meses y por las que son reconocidos.
"Trabajamos con el pegado de los dedos, los pies o las cabecitas rotas. Generalmente el dueño del niño no quiere perderlo, además no debe botarse, así que muchos los conservan. Hace poco tuvimos un Jesús de más de 70 años. Algunos dejan a sus niños rotos en las iglesias, pero son más los que los hacen curar", explica Virginia Mansilla.
"Éste es un negocio que viene de generación en generación", comenta su padre, Mario Mansilla. "Yo aprendí de mi papá desde que era muy niño y le enseñé a Virginia. Ahora ella le está enseñando a su hijo".
De Virginia justamente son los nuevos diseños del nacimiento en los que ha utilizado colores menos chillones y un acabado más trabajado, que le dan apariencia de antigüedad a los ropajes. El trabajo en cada pieza es complejo: primero se hace el vaciado, el afinado, luego se utiliza un pegamento para pintura, se usa la compresora y, finalmente, se dan los detalles a mano. Cien juegos de pesebre con las cinco figuras que lo conforman tardan en hacerse, aproximadamente, un mes y medio. "También elaboramos la ropa en tela de los niños y otras imágenes", dice Virginia.
Los Mansilla ya casi han acabado de completar los pedidos que tienen para Cochabamba y Santa Cruz. Sus reproducciones son especiales y sus diseños cambian cada cierto tiempo. "Se han modernizado las figuras, las de antes tenían mucho color, pero ahora quieren colores más sobrios". Aunque en la sede de Gobierno se ven algunas "caseras" que ofrecen pesebres con algún aire autóctono, lo cierto es que los modelos se siguen orientando más a los niños rubicundos y de piel clara. Lo que sí ha cambiado es la profusa cantidad de animales de yeso que hay en los establos.
Hace tiempo que el burro y la vaca dejaron de estar solos y ahora, entre camellos y ovejas, también se pueden encontrar desde perros hasta llamas o elefantes, porque cada año las familias suelen aumentar los animales como una tradición que supuestamente traerá suerte al dueño.
ESTILO CUSQUEÑO CLÁSICO
Mientras tanto, en Sucre, los Jesús estilo cusqueño que fabrican los Pinaya Ortega son muy conocidos por su terminado. Amalia Ortega de Pinaya es quien atiende nuestro pedido para conocer más detalles de su faena, que también se hace en familia y que es transmitido a sus descendientes. Su esposo y sus hijos trabajan con ella, que aprendió el oficio de sus tíos.
En el taller casi siempre hay figuras religiosas, sobre todo en esta época, pero este año han decidido hacer solamente niños Jesús. Varios imprevistos los han obligado a reducir su producción, aunque Amalia dice que económicamente no les va tan mal. Todavía fabrican de modo muy artesanal. "Sería rentable si se hiciera en mayor cantidad, pero hacemos poco porque no tenemos la maquinaria. Queremos sacar un préstamo", justifica la señora. Los mercados donde son preferidos sus productos son Oruro, La Paz y Potosí, por el clima frío.
Los niños son realizados en pastina (yeso) y en cera, que es fabricada con miel de abeja, grasa de ballena y otros ingredientes que Amalia se guarda de revelar. "Se hacen en molde, después se les pega la cera. Lo más difícil es la terminación por los ojos, pestañas y cabellos; todo lo hacemos en el taller".
En la tienda de los santos
Eny Britro es, tal vez, una de las ‘santeras’ más antiguas y conocidas de Santa Cruz de la Sierra. En su pequeña fábrica de la calle Landívar, desde sus hijos hasta sus nietos conocen el oficio que ella, pese a su enfermedad, cumple con gran ahínco. Ya perdió la cuenta de cuántos Niños, María y José ha hecho en sus más de 35 años detrás de su fiel máquina de coser. Emocionada asegura que, después de la fiesta de la Virgen de Cotoca, comienza a intensificar la labor navideña. Claro que eso no quita que ya tenga varios Niños en lista de espera y otros ‘en la sala de cuidados intensivos’. "Los traen para que los arreglemos. Los dedos, por lo general, son los más delicados. Mis nietos se encargan de curarlos", afirma la artesana, que pide a una de sus nietas que nos muestre la ropa que ya tiene diseñada para vestir a Jesús. "Todo lo bordo yo y a mano. Tardo una noche en realizar un traje. En mi mente voy haciendo los diseños", se jacta Eny, que asegura que a ella le gusta hacer "adornos sobrios; ni chillantes ni feos, aunque sí llamativos".
EL TALENTO DE ARTE CAMPO
Elva Montaño es la presidenta de la Asociación Arte Campo Vallegrande. Son 105 mujeres que están empeñadas hoy en día en mostrar sus mejores trabajos en la feria que Arte Campo organiza este 5 de diciembre en sus instalaciones. Entonces, dice ella, la gente verá su gran novedad: el nacimiento vallegrandino realizado con chala y palma de sunka. "Quisimos mostrar nuestra cultura, así que hicimos a la familia campesina vallegrandina. La mamá, el papá y los hijos vestidos con el traje típico, acompañados de un ángel, un rey, una oveja y un burro. Es el pesebre completo", detalla Elva, sin poder ocultar su orgullo por lo alcanzado. "No quisimos poner a la mujer hincada, sino sentada, además le amarramos en la cabeza un pañuelo, porque después del parto hay la creencia de que vienen dolores de cabeza y eso ayuda a evitarlos. Hace 15 años venimos haciendo nacimientos, antes era una choza... ahora será un corral", acota la presidenta.
Trabajar con chala y palma no sólo demanda creatividad, sino también paciencia. Estas señoras han aprendido que la calidad es una condición que se debe respetar. Por ello escogen muy bien la materia prima que ellas mismas cosechan o que obtienen subiéndose en los árboles para obtener la palma sunka (es más resistente). Hacer 60 nacimientos les ha tomado un mes y medio (ocho días tardan en hacer sólo el pesebre). Han organizado una escala de calificación donde premian la calidad. Este negocio representa unos pesitos más para la olla y en algunos casos es el único ingreso para sus hogares. Entre amigas y familiares han aprendido a compartir técnicas y definir diseños innovadores.
Una experiencia similar tiene Petrona Urandaba en Ascensión de Guarayos, aunque ella y las 68 socias de su asociación se dedican a los tejidos a croché o punto cruz, desde caminos de mesa hasta cojines. ¿La novedad? "Portabotellas con motivos navideños", responde Petrona. Existe una maestra artesana guaraya que es la que dicta la moda. "Ella combina los colores y hace los diseños para toda nuestra producción", corrobora Urandaba. Sus ingresos, al igual que el de las vallunas, dependen de la capacidad de fabricación. Existe un grupo que utiliza el ganchillo y otro el punto cruz... "Hay que saber cuadrar la tela para que el dibujo esté bien centrado, no es nada fácil; por eso, digo que son como las matemáticas", comenta la presidenta que puede pasarse 20 días bordando una pieza y para quien ser artesana es un gran orgullo.
Secretos
Las creencias alrededor del Nacimiento
En su libro De la tradición paceña, Antonio Paredes Candia se refiere a las costumbres y tradiciones que se tejen alrededor del pesebre para tener buena suerte
"Se arregla un Nacimiento en casi todos los hogares. Los matrimonios que se fundan compran (cambiar es en el léxico popular cuando se trata de compra de imágenes sagradas) un Niño Dios de cualquier material y lo visten con rica túnica, ya que también es creencia —pero ésta de carácter supersticioso— que cuando se lo tiene desnudo (khala, pelado), en el transcurso del año es dificultoso para los dueños renovar su vestuario.
Se arregla el Nacimiento en el lugar más elegante de la casa o en el más notorio para los visitantes. Sobre una mesa grande, se superponen dos o tres cajones de diferente tamaño haciendo una especie de estrado, sobre el último se coloca al niño recostado en un alfombradito de césped o una diminuta cuja muy recamada. Le rodean flores y adornos, y en algunas casas, al estilo antiguo, forman un bosque de ramas de árboles frutales como naranjos, duraznos y perales llenos de frutos verdes. Los juguetes se colocan en los espacios libres al gusto del que arregla el nacimiento y nunca falta en él un espejo que simula un lago donde están asentados patitos y cisnes en miniatura. En diminutos candelabros se colocan ceras de colores, llamadas "de Navidad", que se las hace arder a las doce de la noche, hora en que la gente dice: "Está naciendo el Niño”.
Las personas que piden materializar un deseo en el transcurso del año próximo, el día 24 amasan greda y en este material modelan objetos, cosas que ansían obtener y las colocan al pie del niño, pronunciando: "Niño lindo, hazme este milagro". Dicen que a las doce de la noche, cuando el Niño nace, mira los objetos, los bendice y el creyente no tarda en obtener su pedido, a veces hasta de obsequio o de herencia”.