Volver a Los Tiempos
Edición Semanal
TENDENCIAS
Cochabamba - Bolivia
Revista de Domingo Para Toda La Familia
Domingo, 9 de abril de 2006
CONTENIDO
Tendencias
Colores que incentivan
Recuerdos del primer “Café Cantante”
Hágase la luz
Actualidad
Un espacio para la experimentación conjunta
Chiquitos,MARAVILLASde otro mundo
Paparazzi
Matrimonio:Hinojosa Rojas & Quiroga Rojas
CUMPLEAÑOS:BEATRIZ MIER
Matrimonio:Carla Céspedes & Renzo Tomsich

Staff

PRESIDENTE EJECUTIVO
| Gonzalo Canelas

CONSEJO EDITORIAL
| Fernando Canelas
| Alfonso Canelas

DIRECTORA EDITORIAL
| Maria Reneé Canelas


EDITORA DE ACTUALIDAD
| Mónica Oblitas

EDITORA DE TENDENCIAS
| Mónica Luján

EDITOR DE HABITAR
| Leonardo Terán



Galería de Fotos Miss Bolivia 2008
Elección Miss Universo 2008

Memoria

Recuerdos del primer “Café Cantante”

Texto | Wilson García Mérida

Fotos | Archivo “Datos & Análisis”

HISTORIA URBANA | El “afrancesamiento” de la sociedad cochabambina en los albores del siglo XX implicó un debate acerca de la libertad sexual y sus formas modernas de expresión social, como la organización del heterismo a través de sofisticadas “casas de tolerancia” establecidas a partir de la naciente luz eléctrica. El surgimiento de estos prostíbulos en Cochabamba reflejó el triunfo de la ideología liberal frente al moralismo conservador que perdió su noctámbulo terreno tras la Revolución Federal

Mientras los confesionarios reciben los secretos más íntimos de las damas arrepentidas por sus malos pensamientos, mientras las parroquias ejercen su dominio territorial sobre un espacio urbano dechado de virtudes y buenas costumbres, las fuerzas de lo impío están rondando en las noches de este campanario celestial.

En enero de 1899 —la Revolución Federal está en curso— el diablo en forma de mujer hizo su aparición ante las narices del arcángel San Rafael. El 27 de enero de ese año, “El Heraldo” dio la noticia sobre esa llegada del Súcubo a Cochabamba:

“En la calle denominada ‘Del Diablo’, hay una casa en la que se reúnen mujeres de la más ínfima clase social y de la vida más relajada que, aparte de formidables bolinas que originan noche por noche, constituyen inminente y gravísimo peligro para jóvenes inexpertos que, por desgracia en Cochabamba y de poco tiempo a esta parte, se han multiplicado de tal modo que causa espanto”.

En una callejuela empedrada pero oscura, adyacente a la parroquia de San Rafael (en la zona este de la calle Ecuador), se originaron historias de crímenes y cuentos de almas en pena, por lo que aquel pasaje se llamó “La calle del Diablo”. A fines del siglo XIX, el establecimiento de una “casa de tolerancia” había alimentado la leyenda satánica del Pasaje San Rafael.

PROFILAXIS URBANA

En la catolicísima Cochabamba, los prostíbulos —al igual que las chicherías— estarán confinados a los márgenes suburbanos de la ciudad; porque además la prostitución es un oficio de “mujeres de la más ínfima clase social”, de aquellas que no gozan la dicha de vivir entre inciensos, sedas francesas y visitas obispales a domicilio.

Por lo visto, al comenzar el siglo XX el número de mujeres “de vida airada” está en aumento. Y semejante problema cuya causa es de naturaleza profundamente social, se reduce a un asunto esencialmente sanitario en la visión autoritaria. Por eso, las policías del Municipio y de la Prefectura “están en el deber de auxiliar una inspección facultativa a todas esas mujeres de vida airada que representan verdaderos focos de infección ambulantes, y remitir al hospital a las que resulten contaminadas, o a una casa de corrección a las que persistan en sus hábitos depravados”, según la campaña profiláctica que lanza “El Heraldo” en su edición del 3 de enero de 1901.

Tales medidas preventivas resultaban ya entonces “de la más urgente necesidad y de grande y trascendental beneficio, por lo mismo que libraría a tantos jovencitos, hijos de familia especialmente, de los horrores de un casi seguro contagio”.

Se sabe que la “casa de tolerancia” del pasaje San Rafael fue forzada a trasladarse a la zona de Caracota, en cumplimiento de un reglamento sanitario dictado por el Concejo Municipal.

Sin embargo, el clima de “destapes” abierto por las autoridades liberales en los 15 años siguientes, posibilitó el surgimiento de prostíbulos clandestinos inclusive a pocas cuadras de la plaza 14 de Septiembre.

Los modernos lupanares apadrinados por el emergente liberalismo, tras la Revolución Federal, ofrecían los servicios de “señoritas extranjeras”. El advenimiento del tren a Cochabamba, en 1917, daba un pasaje seguro a “profesionales del amor” que llegaban desde Chile mediante empresas de espectáculos lujosamente organizadas, causando furor en los círculos de la juventud liberal cochabambina, emancipada ya del conservador yugo patriarcal y clerical. De hecho, es en las proximidades de la estación ferroviaria de la Bolivian Railway, en la “frontera” de Caracota, hoy calle Aroma y su prolongación avenida Siles, donde comenzará a florecer tan peculiar “industria sin chimenea”.

Estos establecimientos nocturnos comenzaron a caer como luciérnagas en el centro de la ciudad, estimulados por la inauguración del servicio de iluminación eléctrica a cargo de la empresa de Luz y Fuerza en 1908. La luz eléctrica no había llegado aún más allá de las 10 cuadras en torno a la Plaza Principal. En términos costo-beneficio, no era comercial ni resultaba acorde con las ideas liberales mantener este negocio esencialmente noctámbulo en zonas no iluminadas del campanario.

PALOMAS NEGRAS EN EL CAMPANARIO

La empresa de Luz y Fuerza había inaugurado su primera red de iluminación domiciliaria el 17 de octubre de 1908, abarcando 89 casas, 25 manzanas y 16 calles principales como la Ayacucho, San Martín, Junín, Colombia, Calama (antes calle Chile), Perú, Baptista, Argentina (hoy calle Jordán), Comercio (hoy calle Nataniel Aguirre), Bolívar, Calle del Teatro (hoy España), Santo Domingo (hoy calle Santiváñez), Calle del Prado (hoy avenida Ballivián), San Francisco (hoy calle 25 de Mayo) y San Juan de Dios (hoy calle Esteban Arze).

Fue dentro este espacio iluminado de la ciudad que, en 1912, había aparecido una organización de espectáculos eróticos y servicios de “compañía para caballeros”, cuyos propietarios eran empresarios chilenos que ostentaban influyentes vínculos dentro la administración liberal. En agosto de ese año fue inaugurado un “Café Cantante” instalado sobre la iluminada calle del Comercio. Dicho establecimiento se instala con consentimiento del gobierno liberal.

Pero los sectores conservadores, todavía dominantes en la sociedad cochabambina, invocaron la autoridad del Concejo Municipal para impedir la instalación de aquel tentador “Café Cantante”.

Es de esperar, decía un editorial de “El Ferrocarril” del 13 de agosto de 1912, “que el H. Concejo rechace la petición de esas industriales sin pudor que dice quieren establecer una casa de tolerancia en la principal calle de la ciudad. La calle del Comercio no es la indicada para el ejercicio de esa industria”.

En la misma edición de “El Ferrocarril” se publicaba un reclamo de los puritanos vecinos de la calle Comercio, exigiendo que la municipalidad tome cartas en el asunto no para clausurar el prostíbulo, sino para desterrar a las “palomas negras” del centro urbano:

“Es justo que estas palomas negras —como sucede en Oruro (que viven en la Ranchería) y en La Paz (que también viven al ir a la Plaza de Toros)— hagan sus oprobiosos nidos en regiones apartadísimas de la ciudad, donde no hay vecindad a quien inmoralizar con los bochinches que momento a momento forman esas horizontales. Ahí tienen para eso: Caracota, Jabonería, Las Cuadras. Creemos también que la Municipalidad está en la obligación de dar a la comuna la moralidad que todo pueblo culto necesita, rechazando esa solicitud en vista de sus ordenanzas vigentes y de un vecindario compacto listo a protestar”.

El 21 de agosto, el Concejo Municipal cedió: los munícipes conservadores perdieron la batalla en su otrora propio terreno. En 1912 la mayoría liberal ya era abrumadora en el ayuntamiento. El “Café Cantante” se inauguraría en la esquina de una flamante calle bautizada con el nombre del presidente liberal Ismael Montes, la misma que se conectaba con las calles del Comercio y Aroma.

Y SE HIZO LA LUZ ROJA

Este moderno prostíbulo concebido al mejor estilo parisino, tipo “Moulin Rouge” iluminado con luces rojas (de ahí la tradicional distinción de este negocio que se identifica con focos pintados de rojo en sus umbrales), funcionaría en pleno centro de la ciudad, ocupando un edificio que inicialmente estaba destinado, según denunciaba “El Ferrocarril”, para instalar una escuela de niños:

“Hace pocos años que el Concejo, reconociendo la necesidad de establecer una escuela para los niños de los barrios del sud, hizo postura en el remate de la amplia casa testamentaria de don Modesto Quiroga, situada a 5 cuadras y media de la Plaza Principal, una y media de la de San Antonio, esquina de la proyectada avenida Montes. No adquirió la casa la Comuna por observaciones abogadiles. Esa casa ha sido comprada por unos chilenos para establecer el Café Cantante, previa licencia concedida por el Concejo Municipal para fundarlo. Los concejales de antes consideraron buena la casa para educar a los niños, los de hoy para… Café Cantante”.

Consumada la derrota de los conservadores, no quedaba sino organizar una comisión médica para proteger la salud de la asidua clientela del “Café Cantante”, creándose mediante Ordenanza Municipal un “Reglamento dictado para dicha casa, con modificaciones y adiciones” planteadas por el Tribunal Médico de la ciudad.

Dicho reglamento municipal debió ser aplicado a otras casas similares que comenzaron a proliferar en las zonas iluminadas de la ciudad, en el mismo año 1912, apenas oficializada la autorización a favor del “Café Cantante”.

A fines de 1912, “los vecinos de la calle Calama, de la cuadra del restaurante francés, se quejan de que algunas palomas han fijado su domicilio en ese barrio, ocasionando todas las noches desórdenes escandalosos. Ponemos en conocimiento de las autoridades respectivas, por si se tomaran la molestia de desalojarlas a barrios más alejados, velando por la moralidad pública y en cumplimiento de sus deberes”.

La única posibilidad de alejar a estas “palomas negras” del centro urbano era extendiendo la luz eléctrica hacia los barrios más apartados de la ciudad, para que los expulsados “cafés cantantes” puedan seguir encandilando con sus luces rojas “a tantos jovencitos, hijos de familia especialmente”. Gajes del progreso.

………………………....

llactacracia@yahoo.com

 
 
Untitled Document
© Cochabamba - Bolivia