Texto | Anna Infantas De El Extra para ¡OH!
Fotos | Centro Goethe
Después de 10 años de ser gerente de un banco y de haber iniciado la aventura en una entidad microfinanciera | Gonzalo Puente fue tentado a ‘exportar su conocimiento’. Vive en méxico y es el director ejecutivo de una institución que el propio BID catalogó como exitosa. He aquí los secretos de un hombre tenaz
Aveces, los sueños viajan muy pero muy lejos. En Cuernavaca (México) un cochabambino enamorado de las microfinanzas ha sacado adelante a Finca, una organización crediticia que aumentó de 10 mil a 40 mil sus clientes, que redujo a dos por ciento su tasa de morosidad y, para más sastifacción de Gonzalo Puente, el propio BID los ha reconocido colocándolos en la lista de las 80 entidades microfinancieras más grandes del mundo, con rumbo exitoso, y en la delantera de las 10 organizaciones con mayor profundización en el mercado; "o sea, explica Puente, la que más ha ingresado en los sectores de la pobreza". Lo bueno es que detrás del sueño de este boliviano hay miles de sonrisas que celebran la posibilidad de encontrar signos de un futuro con futuro. No cabe duda de que el principal impulsor es Puente, un hombre, de 52 años, que en vez de quedarse con los brazos cruzados frente a la debacle económica, se animó a cambiar de rumbo y trazó estrategias para que sus clientes pudieran sacarle provecho a los recursos propios, por más flacos que parezcan.
Así pasó de ser gerente de un banco comercial en Bolivia, a la dirección ejecutiva de una microfinanciera cuya base central está en Washington y tiene presencia en 22 países desde hace 15 años. Fueron los "head hunters" de Finca que lo ubicaron y lo invitaron a ocupar el cargo de la dirección ejecutiva en México.
"Siempre digo que las microfinanzas son el otro lado de las finanzas, porque permite dar alternativas para que la gente tenga sus pesitos, ese capital operativo que les ayude a mejorar su actividad productiva, dinero que no se los va a dar un banco. Por eso, cuando se le da una oportunidad financiera a personas que nunca la tuvieron por muchas razones: porque los bancos no los aceptan o ellos no se animan, resulta ser un trabajo muy satisfactorio. Además, agrega, ya es hora de que el tema social nos mueva el piso a todos, porque si no seguirán surgiendo movimientos sociales que no son más que reacciones de la pobreza. Pese a ello, ésta es una hermosa aventura y es algo que lo he sentido en Bolivia después de trabajar cinco años en Ecofuturo, como en Finca".
La labor y el carisma de Gonzalo Puente Ibarnegaray han saltado hasta las páginas del periódico El Universal (el segundo de mayor importancia en el país azteca). Allí, una nota titulada "Un boliviano pone en alto el nombre de México", rescata el trabajo que, para él, no es más que el resultado de lo que aprendió en Bolivia. "Me pareció interesante exportar un poco de nuestros conocimientos a un país tan grande como México", dice. Cuando aceptó la propuesta de cruzar las fronteras, este economista con una maestría en Administración, se encontró con un pequeño proyecto que estaba muy debilitado y en el cual había muchas cosas por hacer.
- ¿Cuáles, por ejemplo, Gonzalo?
- Una de las cosas importantísimas que aprendí en Bolivia es que uno de los éxitos de cualquier entidad microfinanciera recae en su recurso humano. Un recurso humano que, si bien tiene que ser profesional en el manejo de una metodología, también tiene que tener un gran corazón y una tremenda sensibilidad social porque no está negociando con un ‘empresario puro’, sino con un ‘empresario pobre’ cuya realidad es de sobrevivencia. Por eso, el personal tiene que estar muy bien motivado y dirigido. Otro de los temas que traspasé a esta organización fue el de fortalecer los sistemas informáticos para tener información al día. En Bolivia nuestra regulación nos obliga a presentar balances. Recuerdo que llegaba a mi oficina a las 8:30 y ya tenía el balance del día anterior. Lo propio teníamos que hacer con el tema de los procesos, de procedimientos y de controles internos, con la perspectiva de que éste es un negocio con una función social. Tiene que haber rentabilidad, pero con equilibrio. Aunque no lo crea, una de las cosas que tiene nuestra amada patria es que somos un ejemplo en microfinanzas...
- ¿Por qué?
- Porque las cosas se hicieron bien: se penetró y se dio atención a los mercados desatendidos, se dio oportunidades a personas que nunca las tuvieron y porque en Bolivia, más que en ningún otro país, hay casos de clientes que pudieron surgir con éxito. El problema de la pobreza es la vulnerabilidad; es decir, si pasa algún acontecimiento los que no son pobres tienen posibilidades de defenderse porque tienen uno que otro recurso ahorrado o alguna inversión hecha; en cambio, el pobre, cuando pasa algo inesperado, queda más desamparado que antes. Cuando percibí y entendí esto, me propuse ayudar a todo pobre que necesite un préstamo para algún negocio, para que se dignifique como ser humano. No le estoy regalando nada: yo le presto y él me paga y si no me paga, le meto abogado. Hoy más que nunca es posible que los más necesitados tengan créditos cuando tienen una actividad productiva. No se olvide que la pobreza hace que las organizaciones microfinancieras hablemos el mismo idioma.
- ¿No le tiene miedo a la mora?
- El tema es que hay que ir despacio, porque se corre el riesgo de sobre endeudarlos. Nosotros, por ejemplo, empezamos con pequeños montos (entre $us 50 y $us 200), que van subiendo de acuerdo con el buen cumplimiento. Antes de eso, constatamos que esa unidad familiar tenga un negocio, que no sea gente que va a utilizar el dinero para comprarse un refrigerador o un artículo de consumo. El momento en que esto sucede es cuando más se empobrecen.
No cabe duda, sigue Puente, que todos estamos ansiosos de tener más recursos para agrandar nuestro negocio y en el pobre funciona de maravilla. Reciben el dinero, lo reciclan, lo trabajan y lo pagan. Saben que después van a recibir otro monto. Como dicen ellos: tal vez sean analfabetos, pero sí entienden de números, saben hacer su presupuesto y sacar sus propios cálculos.
- ¿Dónde está el secreto?
- En pedir el monto justo, es un tema de conciencia. Tal vez en México no se tiene una cultura crediticia tan desarrollada como en Bolivia; entonces, hay que entrar con prudencia e inteligencia. En dos años hemos triplicado los clientes y, para satisfacción suya, el 96% son mujeres, de las cuales el 80% vive en zonas rurales
- ¿Son ellas su grupo objetivo?
- El microcrédito, por el monto pequeño que se maneja, es más utilizado por mujeres, aunque no es algo discriminatorio. Lo que sucede es que este dinero entra naturalmente en la unidad económica familiar a través de la mujer. Ella es la que tiene su pequeño negocio, su venta de tortillas, de salteñas o su tienda de dulces. Uno de los requisitos que pedimos es demostrar que se tiene o que se conoce el negocio que les interesa. Esta demostración no sólo la hacen a la empresa, sino al grupo porque la metodología es agrupar a varias mujeres...
- ¿Es parte de los llamados bancos comunales esta estrategia ?
- Sí, mi organización es fundadora de esta metodología que tiene como meta llegar a los sectores de mayor pobreza. La idea es simple: agrupar a personas, alrededor de unas 20, que se conozcan entre ellas para que se solidaricen y cumplan con un crédito. Con eso se es sujeto de crédito. Allí hay un concepto de autogestión muy importante, donde nosotros los asesoramos. Si tienen un buen rendimiento, cada 16 semanas se va aumentando el monto. Tenemos el 98% de recuperación de capital, eso quiere decir que sólo hay un dos por ciento de morosidad; un porcentaje que, de seguro, envidiarán muchos bancos", justifica Puente.
Gonzalo todavía tiene grabada en su memoria aquel día en el que un grupo de amigos lo invitó a crear una entidad financiera regulada. Al principio le pareció una locura la idea de prestar $us 50 a un campesino. "Recuerdo que les dije: "¿Cómo van a pagarlo? Mejor regálenselo’. Cuando fui conociendo el tema, descubrí que puede ser muy satisfactorio; por eso, si vale como consejo para los jóvenes economistas: nunca se debe perder de vista que somos parte de una sociedad en la cual hay grandes diferencias, gente que necesita de otro tipo de asistencia y de apoyo, nosotros tenemos que estar atentos para darle a ellos una oportunidad. Además, aunque no lo crea, los economistas también tenemos nuestros corazoncitos", reflexiona, entre risas, Puente, antes de colgar el teléfono, dice: ¡No sabe cómo añoro la patria¡ ¿Que si algún día quisiera volver? Definitivamente, sí. Pero sólo Dios sabe lo que pasará mañana”.