|
|
| Rafael Sagárnaga L. |
|
|
| ibro “Néstor Paz Zamora – Diario de Campaña – Apuntes para
una biografía urgente” |
Paradigma | Hace 35 años, Néstor Paz Zamora, el alma de la guerrilla de Teoponte, moría de inanición. Junto a él también caían los ideales de una generación
El 15 de julio de 1970, el presidente Alfredo Ovando Candia otorgó públicamente credenciales a un alegre grupo de 67 alfabetizadores. Tres días más tarde partieron los veinteañeros rebosantes de vida a buscar la muerte. Cada credencial de educador voluntario tenía como contraparte identificaciones con el nombre de guerra y el tipo de sangre grabados en metal. Los bolsones llevaban uniformes, botas y mochilas; las cajas de cuadernos y lápices contenían además municiones, granadas y armas. Partieron en dos camiones y una camioneta prestados por la Universidad Mayor de San Andrés, a las 08:30, rumbo al selvático norte paceño. Ocho horas después pasaron por Caranavi, a 160 kilómetros de La Paz, con banderines marcados por la letra A y cantando estribillos de “Palito Ortega”. Diez leguas más adelante, cobijados por la oscuridad de la noche, se identificaron con la sigla del Ejército de Liberación Nacional (ELN). A las 02:00 del 19 de julio, pronunciaron el primer ¡Victoria o Muerte, venceremos! de la guerrilla. Luego volaron la draga y tomaron las instalaciones de la aurífera South American Placers Incorporate (SAPI), ubicada en la zona de Teoponte. Fue el inicio de una inmolación colectiva. En los tres meses y 14 días que duró la campaña el destino jugó a placer con los insurgentes y su entorno.
De principio, en Teoponte la vida enseñó que a veces le gusta cambiar a las personas caprichosamente de lugar. Apenas iniciadas las acciones, los guerrilleros descubrieron que el embajador de EEUU, Víctor Siracusa, no estaba en SAPI. El diplomático solía visitar el lugar para jugar golf, pero ese día alguien de la más íntima confianza de los movilizados se convirtió en el primer delator. Un testigo de la época añade que se trataba de una persona de destacada religiosidad.
 |
Pudo ser un golpe decisivo para el futuro de la guerrilla. Incluso se planteaba como una alternativa para hacer demandas a nivel internacional y como una carta de escape. Pero debieron contentarse con llevarse a dos técnicos alemanes con los que negociaron la liberación de prisioneros del ELN en La Paz. Siracusa, de ser internado en el monte como rehén, no habría sido el único estadounidense de la historia. La guerrilla también tenía entre sus miembros a George Fernández Meana (Felipe), un combatiente llegado de EEUU. Irónicamente Felipe cayó, el 28 de agosto, en el primer combate contra un ejército armado guiado por el Pentágono.
Teoponte significó también una lucha lejana para 14 de los combatientes. Ocho chilenos, dos argentinos, un brasileño y un colombiano participaron de la aventura. Sorpresivamente al emprendimiento no se sumaron cubanos, el gobierno de Fidel Castro retiró sus cuadros meses antes de que se inicie la campaña. Se asegura que la mano del destino esta vez vino desde Moscú.
Censura y muerte
Así, en las incursiones iniciales, la guerrilla quedó completamente desubicada, esto porque además entre las primeras pérdidas se registró la del radiotransmisor. Quedó inutilizado y con ello los guerrilleros “elenos” perdieron contacto con las redes urbanas. Antes, algunas de éstas decidieron alejarse con una parte significativa de los fondos de guerra.
Paralelamente cerca de mil soldados empezaron a rodear la zona y cazas Mustag P-51 lanzaron sucesivos bombardeos con bombas Napalm, prohibidas por las convenciones internacionales, como señal de que la lucha no sería limpia. La prensa fue impedida de acercarse a la zona a decenas de kilómetros, censura total.
A 10 días de iniciada la incursión, los problemas de locación aumentaron. Diez de los combatientes sintieron que se hallaban en el lugar equivocado. Alertas a un perdón anunciado por el gobierno, ocho pidieron formalmente su baja, los otros huyeron. Partieron vestidos de civil a morir a pocos kilómetros del lugar. La oferta del gobierno era una trampa: una orden sentenció “ni un herido ni un preso, todos muertos”.
Francisco, el corazón
 |
En medio de la creciente tensión, en el grupo que abandonó la guerrilla se desató un singular drama familiar. Eduardo y Adolfo Quiroga Bonadona decidieron dejar la lucha. El tercer hermano de la familia, Emilio, optó por continuar. Ninguno sobrevivió a Teoponte, con el tiempo, su progenitora se destacó como activista de los derechos humanos.
Pero hubo dramas de familiares marcados por distancias mayores. Cuando las autoridades entregaron los cadáveres de los guerrilleros ejecutados, un militar pidió permiso para identificar a los caídos. Al teniente de fragata, Alberto Letelier, su progenitor, del mismo nombre, le había pedido que encuentre a su hermano, Luis Ernesto (Mauro). El uniformado confirmó la tragedia.
La guerrilla también cosechó sus héroes. De Teoponte la lección más conoci
da es el valor de varios de sus combatientes para sostener sus ideales hasta la inmolación. Y, sin duda, el más destacado fue Néstor Paz Zamora (Francisco). Su diario personal ha tenido vasta difusión internacional e incluso traducciones al inglés. Personalidades célebres como Julio Cortázar, Ernesto Cardenal, Pedro Shimose o Miguel D´Escotto difundieron y destacaron los valores encerrados en el texto. Allí el ex seminarista fusionó la lucha política basada en el humanismo del Che con el misticismo cristiano.
Paz Zamora murió en Teoponte por inanición. Durante las 11 semanas que duró su lucha guerrillera, buscó encarnar de manera superlativa el sacrificio por el prójimo, por construir en sí mismo al hombre nuevo. Alternaba sus reflexiones entre el Nuevo Testamento y el diario del Che. “El amor lo entiendo como una urgencia de solucionar el problema del otro donde estás tú”, advertía al momento de definir sus convicciones. “Estoy aquí hasta el final. Esto es sólo ´Victoria o muerte´. Éste es el camino por donde avanza la historia, no hay otro. Es así ser cristiano”, reflexiona en medio del desgaste guerrillero. Los testimonios de los sobrevivientes de Teoponte recordaron al camarada ideal. “Primo, me has dado la mejor lección de amor a la humanidad. ¡Gracias!”, escribió, en la página final del diario, el único testigo de su agonía, su primo Gustavo Ruiz (Omar).
Como alentando una cábala, la figura emblemática de los idealistas de la guerrilla falleció cerca del río Mariapo, en la cabecera amazónica, un día antes de cumplir los 25 años. A las 12:00 del 8 de octubre de 1970, la misma fecha y hora del Che. El combatiente más religioso del grupo, quien portaba como emblema una cruz en lugar de la estrella del ELN, murió en Teoponte que significa “el puente hacia Dios”. La zona donde durante décadas permaneció sepultado su cadáver, se convirtió en un centro de peregrinación de los campesinos. Algo similar sucedió algunos kilómetros al norte con los restos del cantautor Benjamín Cordeiro, Benjo Cruz (Casiano).
Lecciones crueles
 |
Paz Zamora, el ideólogo de aquella guerrilla de poetas y estudiantes, también legó una romántica historia. La mayoría de las frases de su diario están dedicadas a Cecilia Ávila Seifert, su esposa. “Mi reina adorada. (...) Quiero decirle ante todo que la extraño como algo esencial, sustancial”, le escribe en la primera nota el 24 de julio. “Te amo y que esto quede bien claro. Eres lo que más amo. Lo que amo a plenitud”, fueron las últimas palabras del diario antes de la agonía final. Cecilia y Nestor se juraron amor un 1 de agosto de 1968, la misma fecha prometieron fidelidad a la revolución.
Cecilia guardó el diario de Paz Zamora hasta principios de 1972. Entonces era perseguida por los organismos de represión de Hugo Banzer y confió el texto a sus suegros. El 23 de marzo de aquel año los agentes del control político la acribillaron en una casa de seguridad.
Teoponte también dejó lecciones de crueldad extrema. La guerrilla abortó al finalizar su fase de ambientación. Fue víctima de delaciones, abandonos y la subestima a un ejército curtido dos años antes en la lucha contra el Che. Los militares fueron prestamente armados por EEUU que envió armamento en aviones Hércules hasta El Alto y barcos a las costas peruanas.
La masacre se saldó con 58 guerrilleros y cuatro soldados muertos. Los militares no informaron sobre subversivos heridos. Análisis forenses evidenciaron torturas inmisericordes, seguidas de ametrallamientos y hasta bazocazos —masacre del Pajonal— contra 35 desertores y detenidos. “¿Cómo explica usted que mi hijo Adolfo no tenía vísceras, ni pulmones ni corazón, estaban absolutamente huecos y mostraban señales de balas (calibre) 44 en el cuello, en el cuerpo y hasta en los pies y las piernas? ¿Cómo puede ser que mi hijo Eduardo no tenga manos, y que su cuerpo estaba lleno de balas?”, reclama una de las partes de la carta de Luisa Bonadona de Quiroga al comandante del Ejército Luis Reque Terán. Las misivas de varios padres de familia hacen testimonios semejantes.
Fue la etapa más macabra de casi cuatro años de emergencia guerrillera y lucha antisubversiva. Teoponte fue la continuidad y la recurrencia, a momentos calcada de Ñancahuazú. Ernesto Guevara adquirió un valor político paternal para los dirigentes universitarios que “volvieron a las montañas”, y, como él, apostaron al quijotismo.
Así con la violencia como método de lucha, en el ELN tampoco faltaron los excesos. En Teoponte, el 26 de septiembre, cuando la guerrilla languidecía, el líder de la columna, Oswaldo Peredo, decidió matar a dos combatientes por haber robado dos latas de sardinas y un trozo de manteca. Cerca de 15 asesinatos fueron ejecutados por los subversivos antes y después de la experiencia en el norte paceño. Supuestos delatores, informantes así como torturadores, cayeron en diversos atentados. No todas las muertes lograron ser justificadas, incluso algunas, como las de los esposos Catalán, respondieron a motivos pasionales.
Los legados
Y en medio de un sinfín de paradojas Teoponte dejó también lecciones económicas. A decir de algunos testigos, tres legados de prosperidad, alejados de los ideales guevaristas, se gestaron en 1970.
Por una parte la presencia guerrillera sirvió para que algunos empresarios audaces le compraran grandes paquetes acciones a la SAPI. Las noticias sobre los guerrilleros habían puesto por los suelos su cotización en las bolsas. Dos años más tarde, durante el gobierno de Banzer, vino la bonanza. Entonces los empresarios se hicieron crecientemente fuertes en los esquemas del poder político.
Además redituaron quienes accedieron a los fondos que nunca llegaron a una guerrilla convenientemente aniquilada. También se integraron a las elites políticas y empresariales de la década. Finalmente de Teoponte emergieron, por otra vía, más personalidades hacia el poder y los negocios.
Durante el golpe de Banzer, el 21 de agosto de 1971, los elenos sostuvieron su última batalla. Derrotaron a un batallón del regimiento Castrillo en el cerro Laikakota. Se cuenta que emergieron con armas y granadas en formación militar y con brazaletes rojos. Varios de ellos compartían esa militancia con la del naciente Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR).
Durante una década, las dictaduras aún supieron ensañarse con lo que supiese a ELN y al MIR por proximidad. Sin embargo 20 años más tarde en otra singular sorpresa del destino, el MIR, liderado por Jaime, el hermano de Néstor Paz, inició un largo idilio político con Banzer. Es más, en enero de 1991 sus organismos de seguridad torturaron y aniquilaron a un pequeño grupo de universitarios. Éstos se autodenominaron comisión Nestor Paz Zamora del Ejército de Liberación Nacional. Tal vez una lección del destino aún por asimilar.
Con datos de:
.Teoponte, una experiencia guerrillera – Hugo Assman – Cedi 1971.
.Néstor Paz Zamora – Diario de Campaña – Apuntes para una biografía urgente- Fundación II Centenario.
.Culminación del Modelo Nacional Revolucionario- Isaác Sandoval R. Ed Urquizo-1979.
.Teoponte, la otra guerrilla guevarista- Gustavo Rodríguez – 2005.
.Misión Teoponte - J. Etchevarne.