Texto | Mónica Luján
Ilustración | Gastón Calbimonte
EN LA ACTUALIDAD | Es común escuchar que algunos niños no gatearon o que apenas lo hicieron. En muchos casos, se debe a la falta de tiempo de los padres para una adecuada estimulación y por lo general el niño va directamente al andador. Sin embargo, los padres deben tomar conciencia de que el gateo conlleva muchos beneficios en la vida futura de su hijo
Desde el momento del nacimiento, el crecimiento físico es un proceso que sigue ciertas pautas y un calendario madurativo en el que intervienen componentes hereditarios y factores ambientales como la alimentación, hábitos de sueño y reposo y el estado de salud del niño.
“Es importante que los padres tomen conciencia de la importancia de que su niño gatee, ya que este hecho será determinante en muchos aspectos. Sin embargo, el que sus hijos lleguen a gatear en muchas ocasiones pasa inadvertido por algunos padres. De hecho, no se le da la suficiente importancia al gateo, antecedente inmediato a los primeros pasos de un niño. Se debe tomar en cuenta que el gateo es básico para desarrollar correctamente el cerebro. Se ha comprobado que gatear desarrolla la visión, el habla, el equilibrio, la manualidad, la coordinación y la orientación, además de otras funciones”, explica Nora Claros, licenciada en Fisioterapia y Kinesiología.
En la actualidad es común escuchar que muchos niños no gatean o apenas lo hicieron. Esto en muchos casos se debe a la falta de tiempo de los padres para una adecuada estimulación y por lo general el niño va directamente al andador. En otros casos, el menor se resiste a gatear y quiere saltarse esta etapa tan importante. Sin embargo, los padres deben saber que si se estimula adecuadamente y se tiene paciencia seguro que se logrará que su hijo gatee.
“El gateo cobra importancia porque desarrolla el movimiento grueso o desplazamiento con el cuerpo y el movimiento fino o manualidad, la orientación y discriminación espacial de fuentes acústicas y la futura capacidad de escritura. El gateo además otorga estabilidad en la cintura y hombros. Otro factor por el que se debe fomentar el gateo es la reacción de protección que otorga. Los niños que no gatearon tienden a caer de cara porque no utilizan las manos como medio de protección. Por otro lado, cuando el menor comienza a gatear es el primer paso a la independencia porque ya no depende tanto de la madre para moverse”, explica Claros.
Aunque no se crea, el gateo también influirá en diferentes subsistemas del movimiento que componen otros mucho más complejos como andar, correr, jugar al fútbol, etc. Por tanto, si el gateo se desarrolla correctamente se favorecen las conexiones futuras entre los dos hemisferios cerebrales. De estas conexiones depende el correcto desarrollo de funciones cognitivas y de movimiento más complejas. Por ello, es trascendental estimular el gateo.
El gateo y el desarrollo del cerebro
El gateo crea rutas de información neurológicas entre los dos hemisferios, es decir, facilita el paso rápido de información esencial de un hemisferio a otro. Estas rutas creadas no sólo sirven para sentar las bases de las funciones superiores de movimiento, sino que son precursoras de conexiones que servirán para crear otras entre los dos hemisferios y que son trascendentales para la maduración de las diferentes funciones cognitivas.
El gateo y la coordinación
“El gateo implica que el brazo derecho vaya sincronizado con el pie izquierdo y el brazo izquierdo con el pie derecho. A esto se llama patrón cruzado, ya que dos ejes se cruzan. Mediante el apoyo en equilibrio sobre estas dos extremidades opuestas, el ser humano puede desplazarse. Este movimiento comprende el eje de las caderas y de los hombros. Las articulaciones se mueven en rotaciones contrarias entre sí al avanzar gateando y crean una torsión relativa de la columna en cada sentido en función del eje actuante. Dicha torsión posiciona correctamente y sin sufrir presiones extrañas se tonifica adecuadamente los músculos, que más adelante permitirán que el niño mantenga la columna perfectamente erecta cuando esté maduro para caminar”, dice Claros.
El gateo, el niño, el mundo y su medio
“La distancia que existe entre los ojos y la palma de la mano al gatear se convierte en una medida fundamental. Con esa nueva medida corporal, el niño mide el mundo que lo rodea y se adapta más eficientemente al medio porque lo mide constantemente y va retomando información espacial ordenada”, explica Claros.
Un claro ejemplo de lo mencionado es cuando una persona después de muchos años vuelve a la casa donde pasó su infancia, la percibe más pequeña de lo que la recordaba. Esto se debe a que entonces la propia medida (medida de los brazos extendidos) era menor.
Establece la futura lateralización.
“En el nivel de desarrollo posterior al gateo comienzan los primeros procesos corticales (de la corteza) de lateralización. Con él, uno de los hemisferios se convierte en dominante y el otro en servidor, para no tener que operar con ambos a la vez. Al conectar los dos hemisferios gracias al gateo se facilita acudir más rápidamente a funciones más complejas que requieren de ambos hemisferios”, explica.
Un niño pequeño que quiere agarrar una pelota pondrá las dos manos a la vez porque la orden llega simultáneamente a ambos hemisferios. Un niño con un nivel de organización superior coge la pelota que le mandaron rodando con una mano o con otra, dependiendo de si está a un lado o a otro, o si está en un nivel superior de organización dependerá de si es diestro o zurdo.
Ayuda a poder escribir en el futuro.
Según Claros, mediante el gateo se desarrolla la coordinación cerebral ojo-mano. Cuando el niño gatea se establece entre ambos una distancia similar a la que más adelante habrá entre ojo y mano a la hora de leer y escribir. Por tanto, favorece decisivamente la aparición temprana de ambas funciones —leer y escribir— con los beneficios adicionales que ello conlleva intelectualmente.
Consejos:
Colocar al bebé boca abajo a partir de los cinco meses para que comience a levantar la cabeza. Luego, en esta posición con el tiempo ya no se sentirá fatigado y comenzará a tener fuerza en sus brazos y posteriormente en las caderas.
Una vez que haya logrado esto, se recomienda utilizar material ligero como juguetes de plástico y de colores llamativos y colocarlos frente a él, pero un poco alejados para que quiera alcanzarlos.
También puede colocar alrededor del pecho del menor una toalla y usted hacer el ejercicio de levantarla un poco para que el bebé quede apoyado en los cuatro puntos (piernas y manos). Si realiza este ejercicio varias veces, sin llegar a fatigarlo, podría estar estimulándolo a que gatee pronto.
Se recomienda que el niño se sienta cómodo en cuanto al lugar en el que está ubicado y la ropa con la que está vestido.