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Revista de Domingo Para Toda La Familia
Domingo, 12 de marzo de 2006
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Marcelo Quiroga Santa Cruz, el caudillo traicionado
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Marcelo Quiroga Santa Cruz, el caudillo traicionado

Texto | Rafael Sagárnaga

Fotos | Archivo

Aniversario | Marcelo Quiroga Santa Cruz habría cumplido este 13 de marzo 75 años. En los reiterados homenajes que cada año se le hacen aún hay quienes reiteran que no lo traicionarán

La media mañana del 17 de julio de 1980 Bolivia se conmovió de angustia, decepción y desaliento ante otro golpe de Estado. Los militares, bajo un repudio generalizado y en una conducta ya compulsiva, se habían lanzado a su segunda toma del poder en 11 meses. En La Paz, las radios anunciaban que la asonada se inició en Trinidad y cobraba apoyo en el interior.

Inmediatamente Marcelo Quiroga Santa Cruz respondió desde su casa a la convocatoria del Comité de Defensa de la Democracia (Conade), la última cita política de su vida.

La reunión se realizaría en la céntrica sede de la Central Obrera Boliviana (COB), en pleno paseo de El Prado. Fueron citados los principales líderes políticos y sindicales así como activistas de las libertades ciudadanas. Sin embargo, entre decenas de dirigentes, sólo dos de las siete principales personalidades de aquella coyuntura se presentaron: Quiroga, en su condición de primer Secretario del Partido Socialista-1 (PS-1), y el líder obrero Juan Lechín. En las horas siguientes ambos correrían una suerte muy dispar.

Una voz, de mando militar entonces, asegura que la tragedia de Marcelo comenzó cuando un dirigente se aseguró de convencerlo para que asista al Conade. “Después llamó desde dentro de la COB y dio la seña, dijo: `papá está en casa´”. Luego se inició el operativo denominado Avispón. Una docena de civiles armados partió en ambulancias, desde diversos recintos militares con rumbo a la sede sindical.

La “sorpresa” de Arce Gómez

Alrededor de las 11:00, en la COB se leía ante la prensa el documento de resistencia pacífica al golpe. De pronto ráfagas de ametralladora destrozaron los vidrios. Poco después, en medio de gritos y disparos, los miembros del Conade fueron conminados a salir en fila y con las manos sobre la cabeza. Cuando se inició el descenso por las escalinatas la atmósfera parecía irse apaciguando.

Así, de manera cortés, uno de los paramilitares separó al anciano Lechín del grupo. Otros ordenaban la salida de quienes se aproximaban a la puerta, eso hasta que ubicaron a Marcelo en uno de los descansos de la escalera. El líder del PS-1 bajaba con cierta prisa cuando uno de los asaltantes quiso forzarlo a dejar la fila increpándolo y agarrándole el hombro. Quedaba clara la idea de llevarlo en solitario a un recinto cercano.

Apenas Quiroga intentó rechazar su aislamiento, el paramilitar le disparó un proyectil que ingresó por debajo de la tetilla izquierda. Mientras el político se derrumbaba, su victimador, un hombre blanco, de 1,60 metros, complexión gruesa y frente amplia, lanzó una ráfaga. Los disparos causaron nuevas heridas en Marcelo y mataron al dirigente minero Carlos Flores.

El líder socialista fue trasladado malherido hacia el Estado Mayor. En el camino sus captores iniciaron vejámenes e incipientes torturas. Poco después, resultaron llamativos los gestos de sorpresa con los que el virtual ministro de Gobierno, Luis Arce Gómez, recibió los cuerpos de Quiroga y Flores. Pareció a más de un testigo que el jefe militar no sabía que el operativo derivaría en sus manos.

El idealista

Análisis forenses de las fotografías obtenidas de los archivos militares señalan que Marcelo fue sometido a torturas en el Estado Mayor. Diversas versiones aseguran que falleció aproximadamente a las 17:00. En las siguientes horas el cadáver fue incinerado en las inmediaciones del principal recinto militar del país. Hasta la fecha no se sabe el paradero de sus restos.

Se había puesto fin a una vida ajena por un delito tan evidente como paradójicamente difícil de precisar. Cinco lustros antes, pocos habrían imaginado que el pequeño hijo del Ministro de Guerra del presidente Daniel Salamanca, visceralmente anticomunista, moriría defendiendo causas obrero-campesinas. Sin embargo fue difícil impedir que se interesara en la política. Ya en 1946, cuando su progenitor era gerente de la Patiño Mines, el adolescente Marcelo Quiroga, apenas concluían clases, corría al Congreso. Tenía especial afición por presenciar los debates parlamentarios entre elocuentes tribunos nacionalistas, socialistas y republicanos. El 17 de julio se victimó también a aquel joven apasionado por el cine, la filosofía y la literatura.

A sus 26 años publicó la novela “Los Deshabitados” y ganó el premio William Faulkner, la mayor distinción internacional recibida por un escritor boliviano. Así no tardó en cultivar la amistad de escritores de la talla de Pablo Neruda, Juan Rulfo y Eduardo Galeano.

Luego entre el arte y sus reflexiones sociales ingresó en el periodismo. Conmovido por los agitados días que sucedieron al declive del proceso nacionalista empezó a escribir agudos y destacados ensayos. Corría 1964 y se embarcó entonces en la publicación del diario El Sol.

El político

De ese tiempo, muchos recordaron su amistad con admiración por el joven Marcelo Quiroga. Entre incontables testimonios, el columnista Paulovich elogió a El Sol y el ex presidente Gonzalo Sánchez de Lozada recordó los proyectos cinematográficos que idealizaron. Hasta el propio Arce Gómez y el dictador García Meza aseguraron que fueron amigos de Marcelo cuando éste practicaba otra de sus aficiones: la equitación. Así, no había cumplido los 30 y tenía todo para una ventajosa carrera en las artes y la cátedra universitaria, pero optó por la política. No pasó mucho tiempo para que la memoria de esa pregonada amistad y afecto fueran traicionadas

En 1966 la dictadura de Barrientos se arropó de aires demócratas. Marcelo fue invitado a candidatear como diputado independiente junto a un grupo de intelectuales por un frente centrista: la Comunidad Demócrata Cristiana. Elegido congresal Quiroga no tardó en romper la moderación de la bancada que lo había postulado. En julio de 1967 le inició un juicio de responsabilidades al propio Barrientos por la masacre de San Juan y el cargo de política antinacional. Se trata del único proceso de la historia a un presidente en ejercicio.

El Congreso desaforó a Quiroga en menos de 24 horas. Cuando el afectado se presentó sorpresivamente ante los jueces para defenderse, fue apresado por agentes del Estado que tomaron los tribunales. Horas después, gracias a la prensa, se libró por primera vez de ser asesinado en el suburbio paceño de Achachicala. Barrientos se ensañó con Marcelo confinándolo luego en el campo de concentración de Madidi y en la cárcel de San Pedro. En ese contexto, el gobierno se negó incluso a dejar que Quiroga Santa Cruz asistiera siquiera a los funerales de su padre.

Tras la muerte de Barrientos, Quiroga recuperó la libertad y su vida cobró un vertiginoso ascenso político. En 1969 fue invitado a formar parte del gobierno centro-izquierdista de Alfredo Ovando Candia. Como ministro de Minas y Petróleo encabezó los procesos de nacionalización de la Gulf Oil Company y la Mina Matilde.

En 1971, mientras gobernaba Juan José Torres y el país se polarizaba entre izquierdas y derechas, fundó el Partido Socialista. Se sumó luego a la resistencia contra el golpe de Hugo Banzer y luego fue expulsado del país hacia Chile, Argentina y México.

En la mira

Durante el exilio Quiroga se convirtió en una figura de renombre continental por sus denuncias contra las dictaduras y a la influencia de EEUU. Tuvo incesantes participaciones en foros internacionales, incluso en el propio Senado estadounidense. Allí señaló al gobierno de Jimmy Carter que “la mejor forma de ayudar a Latinoamérica era dejar de intervenir en Latinoamérica”. El final de la dictadura en 1978 abrió paso a la palestra más destacada de Quiroga. Electo como diputado, junto a cinco otros socialistas, lanzó el más célebre juicio de responsabilidades de la historia boliviana. Filmaciones, fotografías, archivos internacionales, copias de los singulares “decretos reservados” desnudaron uno de los regímenes en los que más delitos económicos, políticos y de lesa humanidad se habían cometido.

El proceso fue interrumpido por un nuevo y fugaz golpe de Estado el 1 de noviembre de 1979. Un informe de inteligencia reveló que entonces se tramó un segundo intento de asesinato contra el líder socialista.

Tras 15 días de conflicto se llamaron a nuevas elecciones y en junio de 1980, el PS-1 de Quiroga había casi triplicado la votación obtenida menos de un año antes. Los análisis lo anunciaban como un futuro presidenciable.

Tras los sucesos del 17 de julio, la memoria de Quiroga fue saludada en todo el orbe así como por todo el espectro político boliviano. Desde cada frente se valoró su afamada cualidad de orador y vocación democrática. Claro sus postulados socialistas fueron progresivamente olvidados. El PS-1 expiró antes de la década. Sus compañeros de partido se dispersaron resignados a la ola neoliberal de los 90, algunos incluso se alinearon tras el Banzer demócrata.

También desde aquel 17 de julio su nombre ha motivado reiterativos homenajes, lo llevan plazas, escuelas y avenidas. Incluso el Congreso Nacional creó una distinción al mérito democrático que lleva su nombre.

Desde la restitución de la era democrática, cada presidente, excepto uno, han recordado a Marcelo en sus discursos.

La traición

Sin embargo, como traición a esa memoria ningún régimen sumó la completa voluntad política para esclarecer su asesinato. También en cada gobierno las Fuerzas Armadas sabotearon explícitamente toda investigación y negaron poseer documentos. Algunos de éstos, obtenidos por terceras vías de propias dependencias castrenses, rebelaron una minuciosa persecución a Quiroga ya desde sus años de exilio.

Irónicamente, en junio de 2002 y pese a la oposición de la familia, los militares recibieron la distinción “Marcelo Quiroga Santa Cruz” de parte del Congreso. Mientras, su proverbial reclamo de justicia fue lo menos homenajeado. Tres de los implicados en los hechos de la COB murieron en situaciones confusas, por decir lo menos. Los que fueron identificados como responsables inmediatos andan libres. Dos de ellos, los ex militares Felipe Molina y Franz Pizarro, fueron custodios de Banzer durante la dictadura. Ambos reconocieron ante los jueces su participación en los hechos. El nombre del ejecutor nunca fue revelado, pese a haberse sabido que fue fruto de un sorteo entre uniformados.

Mientras, García Meza goza de una extraña vida de recluso con recurrentes salidas hacia dependencias hospitalarias militares, donde recibe el trato de general. Y él, como el recluso Arce Gómez, aseguran aún “que fueron amigos de Quiroga”, pero que olvidaron qué pasó en esos días.

(Con datos de las investigaciones de la Familia Quiroga Trigo, el ex diputado Wálter Vásquez Michel, el semanario Aquí, el informe de la Asamblea de Derechos Humanos y publicaciones de los diarios Ultima Hora, La Prensa y la agencia Jatha.)

Wálter Vásquez: “Ya sé quién es el asesino de Quiroga Santa Cruz”

Wálter Vásquez Michel fue uno de los principales dirigentes de aquel PS-1 que lideró Quiroga Santa Cruz. Acompañó a la víctima más recordada de la narcodictadura en el Congreso al haber sido elegido diputado en dos oportunidades. En 1966 formó parte del grupo que planteó el juicio al presidente Barrientos y que luego apuntaló la nacionalización de la Gulf. Se precia de ser uno de los escasos dirigentes radicalmente fieles al PS-1 tras el asesinato de Marcelo y de haber identificado, recientemente, a su verdugo.

¡OH!: ¿Qué pasó en las horas previas al asesinato de Marcelo Quiroga Santa Cruz?

El día 16 yo estuve con él hasta las 2:00. En horas previas habíamos estado preparando la reunión de los parlamentarios porque habíamos sacado 11 en las elecciones. Quedamos en que nos veríamos en la tarde del 17 para recoger de la imprenta carnés del partido. No sabíamos lo que pasaría. Pero el golpe se veía venir. Todos decían “va a ser esta tarde”, “va a ser mañana”. Nosotros teníamos un buen contacto para saber cuándo iba a ser el golpe. Pero después supimos que esa mañana no pudo hablar con Marcelo para alertarle. Era un militar en el Estado Mayor. Fue el mismo que nos dio los 53 tristemente célebres “decretos reservados” de Banzer. Por eso nos torturaron, luego.

¡OH!: ¿Por qué mientras el resto de los principales líderes políticos se cuidó de ir a la COB y se puso a buen recaudo, Marcelo se presentó, sabiendo los riesgos que corrían? Se ha sabido de un plan que apostaba a eliminarlos a todos.

Él también conocía tanto rumor, pero era un hombre que no quería ocultarse, que no quería estar en refugios. Era un hombre que quería estar en la línea de fuego, tal vez fue un gran error. Sin embargo, nosotros luego concluimos en que ninguno de los dirigentes políticos iba a ser eliminado, excepto Marcelo Quiroga. Recuerde que ya García Meza lo amenazó y que Marcelo le respondió con su firma que podía encontrarlo. Supimos también que un grupo de militares ya se había sorteado quién debía eliminar a Marcelo. ¿Cómo se explica sino qué a Lechín no le tocaron un pelo en la COB? Por el contrario, le dijeron con mucha educación: “señor Lechín, pase usted por aquí”. Entonces yo pensé inmediatamente que nos iban a tratar bien. Pero segundos después lo mataban a Marcelo. Yo ya dije esto algún tiempo después y Lechín se me enfrentó y también le respondí, en fin, mejor no hablar de eso, él ya ha muerto.

¡OH!: Tampoco era la primera vez que Quiroga estaba amenazado de muerte.

Claro, ya mucho antes. En 1966, el día que leyó el pliego de acusación contra Barrientos, ese día lo desaforaron de la manera más bochornosa. Poco después tuvimos que huir del Congreso y luego lo capturaron. Lo llevaron a una casa de seguridad donde tenían que matarlo, pero logramos descubrir el lugar a tiempo. Él estaba visualizado. Nunca le perdonaron que haya nacionalizado la Gulf, tampoco que ese mismo equipo liderado por Marcelo haya nacionalizado Mina Matilde. La derecha, el Ejército y el imperialismo lo tenían marcado. Marcelo no tenía que ser perdonado nunca. Era el hombre más peligroso para la derecha y la oligarquía. Entonces ellos armaron el escenario para matarlo.

¡OH!: ¿Los otros no eran un peligro para la derecha?

No. Guevara ya había cambiado de bando, Siles en 1956 entregó el campo de Madrejones a una empresa argentina. Vea qué hicieron después Paz Zamora y los otros.

¡OH!: Entonces también era un peligro para la izquierda…

Sí, él apuntaba a encabezar, como nunca, un partido de masas con cuadros y no una coalición como siempre acostumbró la izquierda. Estábamos seguros de que cuatro u ocho años después sería Presidente.

¡OH!: ¿Sabe si hubo infiltrados de los militares que hayan asegurado ese día la presencia de Quiroga Santa Cruz en la COB?

Mire, seguramente hubo. Yo no confío en la gente que estando en el partido ya servía a la derecha y después de la muerte de Quiroga desató un desbande. Alguien ya tuvo que haber avisado que Marcelo estaba en la COB porque Marcelo había salido muy temprano hacia la COB. Yo llamé a su casa a las 11:00 y su esposa me dijo: “Wálter, por favor anda a la COB, Marcelo está prácticamente solo allá”. Es muy probable que hayan pasado el dato. Sin embargo lo que sí puedo asegurarle es que ya he averiguado el nombre de quien ha asesinado a Marcelo y el del chofer que lo trasladó. Era el jefe que asaltó la COB, era un teniente del Ejército, voy a dar los nombres pronto. Haremos el anuncio al país con los detalles.

¡OH!: ¿No es ninguno de los tres que han sido identificados y reconocieron que participaron del asalto?

No, no fueron. Yo podía haberles endilgado, pero aprendí de Quiroga a hacer política con la verdad. Ya entonces me di cuenta de que el que lo mató era el jefe del asalto, un militar. Ahora ya sé el nombre, el grado, quién lo llevó a la Central Obrera y en qué vehículo. Ese fue el que lo mató.

 
 
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