Volver a Los Tiempos
Edición Semanal
TENDENCIAS
Cochabamba - Bolivia
Revista de Domingo Para Toda La Familia
Domingo, 12 de marzo de 2006
CONTENIDO
Tendencias
París usa polleras
¿Dolor de espalda?
Recuerdos del primer campo de golf
Actualidad
Células madre, salud para toda la vida
Frambuesas bolivianas de exportación
Marcelo Quiroga Santa Cruz, el caudillo traicionado
Entrevista
“Bolivia tiene fuerte personalidad”
Paparazzi
Salguero Arias & Velásquez Rodríguez
Guzmán Castro & Sagárnaga Alcázar
Valeria Rioja
Le Bistrot

Staff

PRESIDENTE EJECUTIVO
| Gonzalo Canelas

CONSEJO EDITORIAL
| Fernando Canelas
| Alfonso Canelas

DIRECTORA EDITORIAL
| Maria Reneé Canelas


EDITORA DE ACTUALIDAD
| Mónica Oblitas

EDITORA DE TENDENCIAS
| Mónica Luján

EDITOR DE HABITAR
| Leonardo Terán



Galería de Fotos Miss Bolivia 2008
Elección Miss Universo 2008

Memoria

Recuerdos del primer campo de golf

El primer campo de golf en Cochabamba a orillas de la laguna Alalay no tuvo césped sino un terraplén de pirita arenosa traída desde las minas. (Foto cortesía familia Berdecio De Martini).

Texto | Wilson García Mérida

Fotos | Archivo Iconográfico Datos & Análisis

MODERNIDAD | La creación del Country Club de Cochabamba el 8 de marzo de 1940 respondió a una acción aglutinante de la elite urbana cochabambina, tras el desastre de la Guerra del Chaco. Marcada por la era del estaño, la organización colectiva de los deportes “blancos” como el tenis y el golf, de manera integrada con actividades de caza y pesca que se remontaban al siglo XIX, resultó el hecho más significativo de la hegemonía modernizante que fue abruptamente interrumpida con la revolución del 52

El doctor Adrián de La Torre Guardiola tiene frescas las imágenes de su lejana juventud disfrutada en los años 40 del pasado siglo. Testigo de los primeros afanes por modernizar la cotidianidad cochabambina en la era del estaño —con la creación de un ansiado “Country Club”—, Adrián fue uno de los pioneros del golf:

“Cuando se fundó el Country Club yo tendría unos 17 años; pero recuerdo perfectamente que comencé a practicar el golf desde mis 14 años, cuando el Country Club era todavía un proyecto en el papel. Sí. Era más o menos 1937 cuando mi padre, Carlos de La Torre, nos llevaba en su automóvil hasta la laguna Alalay, donde jugábamos golf en las cercanías de un dique que va a la ciudad, al borde de la laguna. El primer hoyo se encontraba junto a una caseta. La cancha estaba tan cerca de la laguna, que las pelotas caían al agua y había que recuperarlas para seguir el juego, así que además del golf, practicábamos obligadamente la natación”.

La Guerra del Chaco, que había concluido en 1936 sellando nuestra derrota ante Paraguay, dejó entre sus secuelas la necesidad de una mayor integración dentro las propias elites urbanas que todavía arrastraban el viejo pleito señorial entre liberales y conservadores. Hallaron que una organización racional del tiempo libre, un uso práctico del ocio colectivo, sería la mejor manera de reintegrarse; y fue el deporte, en sus más variadas disciplinas, el aglutinante ideal. En ese contexto, los llamados “deportes de élite” tendrán la prioridad.

Y fue precisamente después de la Guerra del Chaco que se crea el Club de Tenis Cochabamba, a orillas del río Rocha, sobre unos terrenos campestres entre Cala Cala y La Recoleta. En este club se produce un fenómeno muy propio de una sociedad con rasgos matriarcales como es la cochabambina: después de la guerra, las mujeres se apropian de todo aquello que parecía exclusivamente reservado para los hombres; y así pues, en Cochabamba, la destreza del tenis está en manos femeninas. Y causarán sensación ante toda la ciudad, en ese momento fundacional, las gemelas De La Reza, Sara y Berta, un dúo de tenistas campeonas, además bellísimas adolescentes, que arrasaban con implacables “sets” incluso a sus oponentes masculinos.

Pero a diferencia del tenis, el golf es todavía un deporte marginal a finales de los años 30, y por una simple razón de espacio, según explica De La Torre:

“Era muy difícil encontrar un lugar para jugar golf en Cochabamba. Es un deporte que exige grandes extensiones de terreno plano y la mayoría de las áreas verdes de la ciudad, sobre todo las del norte, estaban loteadas. Creo que el único lugar disponible y relativamente cercano al centro de la ciudad era Alalay”.

En efecto, Cochabamba no sería “moderna” sin una cancha de golf a tal altura del progreso. La ciudad rebosaba de deportes, pero faltaba el golf.

SIRENAS EN EL SUR

Al caer la tarde del viernes 8 de marzo de 1940, Gastón de Urioste recibe en su domicilio a seis de sus amigos: Carlos de La Torre, Carlos Rodríguez Rivas, Armando Berdecio, Hugo Moreno, Julio Guzmán Morales y Alex Graue. Son los siete fundadores del Country Club de Cochabamba que se pusieron manos a la obra para convertir un agreste paraje de la laguna Alalay, al sur de la ciudad, en un centro activo de la convivialidad cochabambina, edificando allí el soñado club de clubes.

Según una referencia que nos brinda el doctor Ernesto Daza Rivero, la orilla de la laguna Alalay elegida para establecer el Country Club era una tradicional y antigua zona recreacional que databa desde las épocas de la colonia, incluso. Fue en esta área, por ejemplo, donde el Club de Tiro, Caza y Pesca fundada a fines del siglo XIX por Federico Blanco, efectuaba sus competencias.

“Pero no sólo eso” —aclara Daza Rivero— “ya antes de comenzar el siglo XX los predios de la laguna Alalay eran campos de equitación, fue allí donde un abuelo mío se fracturó una pierna al caer de su veloz caballo, y en los años 20 se realizaba pruebas de aterrizaje de aviones, al menos en dos inolvidables ocasiones: una cuando el ingeniero Julio Knaudt probó una nave construida por él, y otra cuando voló doña Amalia Villa de La Tapia, la primera piloto mujer de nuestra historia”.

Sobraban, pues, razones para elegir la laguna Alalay como sede del naciente Country Club.

Pocos días después de su fundación y una vez redactados los estatutos del Club para su protocolización como un ente de sociedad privada, fue celebrada la primera Junta Ordinaria con participación de sus primeros 33 accionistas que representaban a las familias más tradicionales de Cochabamba.

La primera decisión de aquel grupo consistió en realizar gestiones en La Paz para conseguir la expropiación de terrenos en la orilla este de la laguna Alalay. El ex presidente Daniel Salamanca, el ingeniero Julio Knaudt y Jorge Tardío cedieron voluntariamente sus lotes a favor del Club; y posteriormente, cuando las instalaciones se ampliaron, Luis De Martini, un emprendedor emigrante italiano, también transferirá sus terrenos a esta sociedad.

La posesión se consolidó con la anexión de unos valiosos lotes que detentaba un sacerdote, monseñor Erasmo Arze, mediante exitosas negociaciones llevadas a cabo por el doctor Carlos Rodríguez Rivas, quien poco tiempo después impidió la expropiación de estos terrenos del Country, en 1953, cuando el gobierno del MNR pretendió destruir este espacio para lotearlo en favor de sus sindicatos agrarios. “Mi esposa, doña Neva Estenssoro, era prima de Víctor Paz y esa relación de parentesco nos fue muy propicia para que el jefe del MNR la piense dos veces antes de expropiarnos los terrenos del Country que tan sacrificadamente habíamos conseguido”, recordaba Rodríguez Rivas.

Sobre aquellos terrenos se establecerá el primer campo de golf semi-reglamentario y se construirá el “Club House”, aquel recinto donde los socios irán a celebrar con rebosante cerveza y mortadelas alemanas, llevando a sus hijos a tan lejano paraje en la zona sud con el ardid de que en la laguna Alalay existían sirenas que daban la cara al caer la tarde, según relata Ernesto Daza:

“Mi tío Enrique Rivero Torres nos animaba a hacer ese escabroso viaje a la laguna Alalay diciendo que las sirenas salían al atardecer y nosotros, mientras pescábamos en esas cristalinas aguas, esperábamos —hasta la entrada la noche— la aparición de las mentadas sirenas para pescarlas por lo menos visualmente con nuestras linternas. Hicimos un deporte de la infructuosa caza de sirenas, además de mis hermanos y yo, Oky Chiarella y los hermanos Canelas, los Moreno y los Cámara”.

Así fue cómo el Country Club comenzó a desempeñar un papel aglutinante y coloquial entre la elite urbana de la sociedad cochabambina. Luis Armando Berdecio De Martini, hijo de uno de los siete fundadores del Club, recuerda:

“Mi padre era un auténtico ‘club-man’. Concebía el Country Club como un lugar de encuentro entre amigos y entre familias, no necesariamente para competir, sino ante todo para conversar, bromear, hablar de política o literatura al aire libre y olvidarse de las cosas rutinarias por un instante”.

EL GOLF Y LAS PIRITAS

El primer “green” de golf establecido en el Country Club no será verde. Es un terraplén de arena pedregosa traída desde los desmontes de las minas de Catavi, a la usanza de la época. Este campo de piritas arenosas tiene sólo nueve hoyos y nos los 18 según los reglamentos internacionales. Pero es un buen campo de golf al fin. Será en los años 60 cuando se ampliará el campo reglamentariamente y se emprenderá con el sembrado de un pasto especial cultivado con un sistema de riego a aspersión.

El culto al golf en Cochabamba está nítidamente marcado, en sus inicios, por la cultura del estaño. Juan Ocampo Díaz, testigo de esta época, explicaba tal relación de dependencia deportiva entre el valle y las minas:

“Si usted se ubica bien en el contexto de aquella época, comprenderá que muchas actividades sociales que se expandieron en el país estaban relacionadas estrechamente con la economía minera que entonces prevalecía. Por eso es que los mejores golfistas, los campeones de natación, incluso memorables campeonatos de bowling y los más brillantes torneos de tenis que se han conocido en Bolivia surgieron en los centros mineros, sobre todo de Oruro y Potosí como Huanuni y Catavi”.

Juan Ocampo recordaba también que muchos socios del Country Club fueron destacados profesionales cochabambinos que se desempeñaban como ingenieros o médicos en los centros mineros antes y después de la Nacionalización: “Venían de las minas a vacacionar y nos dejaban buenas lecciones deportivas”.

Cochabamba destacaba sus delegaciones para enfrentarse a duros oponentes en campeonatos que se realizaban en Catavi y Colquiri. Era necesario mejorar el nivel de competitividad y entonces fue que, en 1944, la directiva del Country decidió contratar los servicios del golfista español Eduardo del Barrio para hacerse cargo de una escuela en esta disciplina. Del Barrio dirigió la Sección Golf durante más de 20 años y de su maestría surgieron campeones nacionales que trascendieron las fronteras del país, como Gastón Malpartida.

CLUB DE CLUBES, LA UTOPÍA

Poco antes de la revolución del 52, una “camada” de nuevos socios del Country Club intentó llevar adelante el propósito inicial de sus fundadores que consistía en hacer de esta organización un “club de clubes”, es decir integrar en su seno a todas las disciplinas deportivas posibles. Bajo esa iniciativa, por ejemplo, el antiguo Club de Tiro, Caza y Pesca, dirigido por Juan Rivero Torres y Luciano Galindo, fue integrado orgánicamente como una sección del “Country” de Alalay.

El ex directivo Wálter Crespo Valdez recordaba que uno de los mayores impulsores para integrar y centralizar los clubes existentes al margen del “Country”, fue José de la Reza: “En los años 60, don José de La Reza intentó fusionar el Country Club con el Tenis Club, pero surgieron obstáculos legales. Lo mismo sucedió con el Club Hípico”.

Crespo Valdez refiere también que en 1974, el socio Mario Benavides propuso facilitar el ingreso del Club Wilstermann al “Country”, alentando la posibilidad de construir un campo de fútbol en los predios de Alalay. “Pero esa propuesta chocó con la férrea oposición de los socios que eran hinchas del Club Aurora”, decía Wálter Crespo.

Pese a la imposibilidad de centralizar a esos clubes ya existentes, el Country Club creó sus propias secciones de natación, tenis, fútbol de salón e incluso equitación, esta última con unas prodigiosas caballerizas que fueron consolidadas bajo gestión de Alfonso Quiroga Santa Cruz.

A mediados de los 60, comenzará también a tomar cuerpo el proyecto para la construcción del circuito automovilístico promovido por el Automóvil Club Boliviano, alrededor de aquella laguna habitada por imaginarias sirenas.

------------------------------

llactacracia@yahoo.com

 
 
Untitled Document
© Cochabamba - Bolivia