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Cochabamba - Bolivia
Domingo Para Toda La Familia

Domingo 04 de Diciembre 2005 | Año VI, Número 341

 
Edición Semanal

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Marcos Malavia:

“El arte reintegra al ser humano"

Texto

| Claudia Eid
Fotos | Cortesía El Deber








Siempre se ha escuchado que el teatro boliviano necesita

formación, pues Marcos Malavia es uno de los pocos bolivianos que

puso en práctica esta necesidad.




 



Radicado en Francia desde hace 23 años, el director, actor y dramaturgo orureño logró abrir la primera Escuela Nacional de Teatro en la Universidad Católica de Santa Cruz.

Actualmente, además de seguir con sus actividad artística, dirige la escuela, en la que diariamente se forman dos promociones de actores de todo el país.

En esta entrevista, Malavia habla sobre sus actividades y sobre cómo hizo posible esta Escuela.

¡OH!: ¿Cómo equilibra su trabajo de director, actor y dramaturgo con la dirección de la Escuela Nacional de Teatro?

Es cierto que no es nada fácil, porque necesito organizar mi tiempo de manera de poner asegurar el funcionamiento de la Escuela y al mismo tiempo mis obligaciones en Francia que son bastante grandes, ya que además de codirigir la compañía de teatro Sourous, dirijo el Festival teatro Auteurs en Acte en París y poder asegurar la formación en el conservatorio de teatro de Bagneux.

Pero afortunadamente y gracias a mis colaboradores aquí en Santa Cruz, como Hugo Francisquini que es el subdirector, estamos llevando adelante, creo que con éxito, el funcionamiento de la Escuela, concretamente yo vengo a Bolivia tres veces por año en dos periodos cortos de dos a tres semanas y en un periodo más largo de tres meses entre junio y septiembre, esto implica un tiempo de trabajo bastante intenso, pero los resultados que podemos recoger ya ahora son bastante alentadores como para olvidar el cansancio.

¡OH!: ¿Cuándo surgió la idea de abrir la Escuela en Bolivia?

Es un proyecto que yo tenía en mente desde hace muchos años. Siempre he tenido la certeza de que el teatro boliviano necesitaba, como paso fundamental, crear una escuela de profesionalización. El año 2000 vine para realizar la creación de mi obra “El vientre de la Ballena”, era una producción franco-boliviana realizada en colaboración con la Embajada de Francia. Puede trabajar con varios actores en La Paz, Cochabamba y Santa Cruz, yo antes ya había dado otros talleres, cada vez que tenía la oportunidad y el tiempo de venir a Bolivia. Pero ese año constaté que una nueva generación de jóvenes había llegado al teatro con otra energía y con la firme intención de dedicar su vida al arte de teatro, una generación que es la que está ahora en la Escuela, que va a dar creo una nueva era al teatro en Bolivia, ya que están con la intención de llegar lo más lejos que puedan, lo único que necesitan es un recinto que pueda ayudarlos a adquirir herramientas, es una real suerte para Bolivia contar con esta generación tan valiosa.

Es a partir de ese momento que comencé a elaborar el proyecto, y tomar los contactos que me parecieron lo más adecuados para iniciar el proyecto. Además de diseñar el proyecto pedagógico, al principio fue bastante difícil: una cierta apatía de la parte de las autoridades de la época hizo que el proyecto casi no llegara a realizarse.

¡OH!: Entonces, ¿cómo fue posible realizar esa idea y qué obstáculos encontró?

Al principio la dificultad mayor que encontré fue la de no tener el apoyo necesario de parte de las autoridades, esto es bastante triste ya que se considera el arte como un lujo en nuestro país, que como todos lo sabemos es una necesidad profunda del ser humano. El arte reintegra al ser humano en su integridad y dignidad, creo que es indispensable de reintegrar la dignidad a la gente de bajos recursos. Es la dignidad que elevará a nuestro país.
Pero, bueno, luego de darme cuenta que no obtendría la menor ayuda posible de parte de las autoridades, intenté ver otros medios y otras instituciones como las universidades, pero allí también me encontré con dificultades. En esta época también surgió la idea de poder hacerla en Sucre, pero allí tampoco pudo ser posible reunir las energías necesarias para llegar a realizar el proyecto.

El encuentro fundamental que hizo posible la realización del proyecto es el que tuve con Marcelo Arauz y Cecilia Kennilg, de APAC, que estuvieron de paso en París, gracias a ellos pude establecer contacto con Nicolás Castellanos de la Fundación Hombres Nuevos, que muy rápidamente constató la importancia que tenía el proyecto para Bolivia y me ofreció llevar adelante el proyecto junto a la Fundación Hombres Nuevos y la Universidad Católica Boliviana. A partir de ese momento, las cosas se movieron rápidamente y en julio de 2003 realizamos el taller de prefiguración de la Escuela. Luego vino el momento de la elaboración del programa pedagógico y la validación por el Rectorado de la Universidad Católica. El 15 de marzo pudimos inaugurar oficialmente la Escuela Nacional de Teatro e iniciar las clases con la primera promoción que fue seleccionada del taller de prefiguración.

¡OH!: ¿Cómo surgió la decisión de trabajar fuera de Bolivia?

Después del golpe de García Meza en 1980 tuve que salir del país, ya que antes hacía teatro en la minas y en Oruro con mi grupo, llamado El Túnel, realizábamos lo que se llamaba teatro de protesta, con el aliento y el apoyo del gran amigo Liber Forti, el cual nos organizaba giras en las minas, así que una vez que el golpe llegó, mi situación estaba más que delicada. Me escapé a Santiago de Chile, donde trabajé como actor, allí conocí a gente bastante solidaria como Héctor Noguera, Ramón Núñez y a otros. En esa época monté en Santiago una obra gestual que se llamaba “Juan Cutipa se está muriendo” en homenaje al Juan Cutipa de Alfredo Domínguez.

Claire Duamelle, que era la agregada cultural de Francia en Chile, vio la obra y fue ella que propuso pedir una beca para que yo fuera a estudiar a París, es extraño pero en esa época yo trabajaba con Andrés Pérez, el director chileno que falleció hace dos años, hacíamos teatro de intervención en la calle, lo que era prohibido en Chile, y recuerdo que una tarde después de haber actuado él me dijo: ¿sabes?, mi sueño es ir a trabajar con la Airane Mouskine a París y yo le dije que el mío era ir donde Jean-Louis Barrault. Tres meses más tarde los dos estábamos en París respectivamente en los lugares que soñábamos. Es así como salí de Bolivia, tenía 19 años cuando tuve que partir.

¡OH!: ¿Qué es lo más importante cuando escribe o dirige una obra?

Escribir y dirigir son dos actos artísticos bastante distintos, pero hay algo importante que los acerca, es la traducción de un mundo interior, para mí el autor de teatro es una membrana de la sociedad del fondo colectivo común, es a través de este prisma que él elabora sus historias, luego el director tiene que tener la lucidez de servir también esta primera tentativa de explicación de lo “innombrable”, la escritura es un espejo empañado, sólo puede traducir una parte de todo lo que constituye ese misterio que lo anima y necesita de la honestidad del director, para poder ser transmitido a los actores y luego al público. En ese sentido, creo que lo más importante es el de servir con honestidad y humildad aquello que motiva la obra. Y para lograrlo es necesario también una gran práctica de las herramientas del teatro.

¡OH!: ¿Cómo define la estética de su trabajo?

Personalmente no pretendo tener una estética particular, creo que el artista que define su estética está de una cierta manera muerto, hay algunos que cometieron ese error como por ejemplo Grotovski, que de alguna manera cavó su tumba artística con lo que llamo el teatro pobre, pienso que el artista no debe obedecer a una estética sino a lo que empuja la obra y lo que tiene que decir a su público. Antes que nada, cuando dirijo una obra pienso primero en lo que el público debería resentir cuando el telón cae al final de la representación, el estilo o la estética serán la expresión de esto. Yo creo que los pintores como Picaso, Vangog, Velásquez nos dan esta lección, cuando en cada época de su vida opera un cambio profundo en su expresión artística y de alguna manera lo hace renacer hacia otra época.

Ahora si me preguntas qué teatro defiendo o el que me toca, ahí podría responderte que es el que busca elevar al público en su búsqueda interior para comprender su propia muerte.

¡OH!: ¿Está contento con el desarrollo de las cosas en la Escuela hasta ahora?

Sí, claro que estoy satisfecho, ahora tenemos dos promociones que están trabajando cotidianamente en la Escuela, con 42 horas semanales de cursos, y que vienen de diversas ciudades de Bolivia, 65% de nuestro alumnado está constituido por jóvenes de La Paz, Cochabamba, Oruro, Sucre.

Por otro lado, el edifico que está siendo construido para la escuela en 2.500 metros cuadrados ya está en la fase final de la obra fina, la escuela contará con un teatro de 500 butacas y equipado según las normas francesas, ya que Pick Priano, un notable escenógrafo, ha venido a trabajar junto al arquitecto Alfredo Solís, para que todos los detalles de iluminación y sonido sean solucionados de la manera más profesional. Por otro lado, en el edifico hay varios ambientes de trabajo, para la danza, el yoga, la acrobacia, el canto y una sala pequeña para montajes que no sean frontales de 180 m2, es creo una de las escuelas más grandes de América Latina. Podemos estar orgullosos que el teatro boliviano cuente con esta infraestructura, esto fue gracias a los financiamientos obtenidos por la Fundación Hombres Nuevos, en España, también contamos con el apoyo de instituciones como APAC, de la embajada de Francia y el Instituto Franco-Alemán de Santa Cruz y de algunas empresas privadas como Air France y Repsol YPF.

¡OH!: ¿En qué proyectos propios trabaja actualmente?

Por el momento estoy montando una obra con el segundo año de la escuela, de un autor Rumano que vive desde hace muchos años en Francia, Matei Visniec, el titulo de la obra es “Vida y Muerte en la tierra de nadie de los derechos humanos”. Es una obra fuerte y que espero que estará lista para la inauguración del edificio de la escuela. Luego a mi regreso en Francia comienzo el montaje de la obra “Al Borde de la vida” de Gao Xingjian, que es un autor Chino radicado en Francia que obtuvo el premio Nobel de 2000. Esta obra será presentada en el Festival Auteurs en Acte que dirijo en París.

Marcos Malavia nació en 1961 en Oruro, en el pueblo de Huanuni. Es actor, director y dramaturgo. Luego de pasar gran parte de su infancia y juventud en Oruro, La Paz y Santa Cruz, se vio obligado, a la edad de 19 años, a salir exiliado del país en 1980, cuando Bolivia vivía el gobierno dictatorial de Luis García Meza. Desde 1983 reside en Francia.

Trabajó en particular con la Compañía Renaud-Barrault y luego con Marcel Marceau antes de ser asistente de Alfredo Arias. Es director desde 1990. Desde 1996 dirige el Festival “Autores en Acto” en L’Isle sur Sorgues. Participó con sus obras precedentes en numerosos festivales con críticas elogiosas. Actualmente es director y gestor de la primera Escuela Nacional de Artes Escénicas, en Santa Cruz.

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