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Cochabamba - Bolivia
Revista de Domingo Para Toda La Familia
Domingo, 15 de enero de 2006
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Politti secretos revelados

Texto | Miguel Angel Devia

Fotos | Rolando Villegas/ Domingo Politti

Este fotógrafo argentino tuvo que salir exiliado de su país, de Chile y Bolivia debido a su trabajo de denuncia. | Publicó las imágenes que revelaron las torturas que la dictadura de Augusto Pinochet realizó en el Estadio Nacional. Hace 30 años llegó a Bolivia, donde, además de fotografías, ha hecho prensa escrita y televisión. Tuvo una polémica participación en la búsqueda de los restos del Che

El cigarrillo es como mi bastón, es como una muletilla para poder hablar", confiesa Domingo Politti, con un Derby rojo encendido en la mano derecha, la misma con la que disparó su cámara fotográfica por más de cuatro décadas. Aunque es argentino de nacimiento, la fuerza del exilio lo convirtió en un ciudadano sudamericano. Tiene 67 años y nació en Mendoza (Argentina), donde inició su carrera como fotógrafo profesional en el diario Los Andes.

A pesar de que sus fotos han dado la vuelta al mundo, es probable que en Santa Cruz lo recuerden como el argentino canoso que aparecía golpeando de casa en casa para pedir que alistaran a los niños con la mejor ropa para fotografiarlos sin ningún compromiso, y días después volvía con una foto de 50 por 60 montada en un bastidor de madera. "Tenía que ser un desalmado el padre o la madre que se negara a comprármelas", dice, ríe y suelta una bocanada de humo. Su estudio se llamaba Foto Imagen. "Si entrás a alguna casa donde hayan fotografiado a sus hijos por el año 76 hasta el 79, vas a ver que el borde de la foto dice Foto Imagen", cuenta orondo, seguro de haber tomado todas las fotografías de todos los niños en esos tres años. Quizás no fue tan así.

Sin embargo, su reconocimiento como fotógrafo de denuncia se originó antes de su llegada a Bolivia, en el Chile de los años 70 que fue cuando logró burlar la censura del régimen militar de Augusto Pinochet para captar en películas fotográficas el horror que las balas y botines militares imprimieron en la piel de los fusilados y torturados.

En 1961 este reportero gráfico se fue de Mendoza por diferencias políticas con el presidente radical Arturo Frondizi, a quien había apoyado en campaña y que posteriormente decidiera entregar el manejo del petróleo argentino a empresas estadounidenses. "Yo dije: no me quedo un día más (...), lo del petróleo era traicionar todo lo que se había dicho durante la campaña".

Su destino fue Viña del Mar, donde trabajó como fotógrafo de playa. Pero una catástrofe natural en el lugar le dio la oportunidad de volver al periodismo gráfico como corresponsal de La Tercera de Santiago, ciudad a la que terminaría por trasladarse con su colega y amigo José Gómez López para hacer un programa de televisión. "Un día me comentó José: "vamos a enseñarle a estos ‘pelotas’ a hacer televisión", claro que nosotros nunca habíamos hecho nada", cuenta Politti, desvergonzado y con una risa cómplice.

AVIONES EN LA MONEDA

Al llegar el día del golpe (11 de septiembre de 1973), él y algunos de sus amigos del diario de izquierda Puro Chile fueron avisados de la inminencia del ataque militar. "Ese día estaba tomando fotos de los aviones bombardeando el palacio de La Moneda y de los tanques que lo rodearon", recuerda con ojos nostálgicos, y detalla que la fachada del diario, su diario, fue ametrallada. La caída de Allende produjo el cierre de Puro Chile y Quimantú, la editorial del gobierno en la que Politti trabajaba. Perdió su trabajo y se vio obligado a tomar fotos para los militares, lo que le daba cierta libertad para hacer una que otra imagen prohibida.

Pero enviar ese material al extranjero no era fácil. Ninguna embajada se quería comprometer y el gobierno militar obligaba a imprimir en contacto todas los negativos que se enviaran al exterior -de esa manera podían controlar la información que salía del país-. Entonces Politti trabajaba como corresponsal de la agencia francesa Sipa Press, ideó una estrategia para burlar la censura. En 12 rollos que envió a Francia puso copias de contacto de las imágenes que la Junta Militar quería mostrar al mundo, como las quemas de libros "subversivos" y la supuesta opulencia en la que vivía el depuesto Salvador Allende; pero las acompañó con negativos de los cuerpos que los militares arrojaban al río Mapocho, los que mataban en la calle y de otros tantos más a los que el ejército invitó a hablar a punta de corriente eléctrica en los genitales.

El tiro casi le sale por la culata. En Francia, su editor se percató del "fraude" y decidió imprimir los negativos para distribuirlos en Europa, teniendo mucho cuidado de respetar los derechos de autor, por lo que las fotos que denunciaron las violaciones a los derechos humanos en Chile casi provocan una transgresión más: la muerte de Politti. "Cuando se enteraron de esto, los militares me citaron y me "carajearon", según ellos no me iban a volver a hablar sino a matar", dice, cortando el aire con su mano izquierda.

Sin duda alguna, la mayor proeza de este fotógrafo fue haber logrado captar las torturas que los militares chilenos perpetuaron en el Estadio Nacional de Santiago. Cuenta que un colega le comentó que desde el segundo piso de su casa se alcanzaban a ver las torturas a los detenidos en el velódromo del estadio.

"En ese momento sólo había un lente teleobjetivo con la capacidad de acercamiento necesaria y lo teníamos en la editorial Quimantú. Casualmente ese día yo estaba entregando el inventario a los militares. Cuando mi colega me comentó esto, le dije al militar encargado del inventario que sería mejor seguir al otro día, porque eran como las seis de la tarde. Saqué el lente, dos cámaras Nikon, un trípode y cinco rollos", narra. Al día siguiente de este episodio, Politti fue a la casa de su colega con cierto temor, pues confiesa que temió que fuera una trampa. Sin embargo, el periodista deportivo no mentía. En efecto, desde la ventana del segundo piso de esa casa, Politti constató, cámara en mano, cómo los militares chilenos hacían simulacros de fusilamiento a los detenidos. Una cortina bastó para que se camuflara y tomara, una a una, las 36 fotos de los cinco rollos.

Pero tomar esas fotografías era sólo la mitad de la astucia, pues a la censura periodística se sumaba el temor de ser detenido. Él sabía que portar esos negativos era igual a comprar un pasaje de ida al patíbulo. Pasaje que los militares estaban a punto de regalarle, pues ya le habían dado señales claras de que no querían verlo. A días de tomar las imágenes del Estadio Nacional, un tanque entró por la calle donde vivía, paró frente a su casa y dobló el cañón para apuntar hacia su ventana. Aunque cree que la maniobra no duró más de dos minutos, para él, para sus dos hijas y su mujer, fue una vida entera.

Frente a esta situación, Politti decidió que lo mejor para su seguridad era salir del país. Pero no quería buscar asilo en la embajada argentina, porque sabía que esta vía demoraba por lo menos dos meses. Decidió apostar al periodismo y convenció al director del diario gubernamental La Nación para que lo enviase como corresponsal al norte de Chile, donde había varios campos de concentración con prisioneros políticos. "Dije que cubriría la labor del honorable ejército chileno en el norte del país y, luego, me iría a Perú", acota. Su destino real fue Mendoza, la patria. Pero para sacar los cinco rollos de negativos que había revelado clandestinamente en el laboratorio de uno de sus amigos, tuvo que jugar a espía de cine estadounidense. Guardó las cintas de los negativos en un frasco de vidrio cerrado herméticamente, que tiró en el tanque de la gasolina de su Fiat 600, se persignó y arriba, al cruzar la cordillera de Los Andes, tomó la decisión de no volver a Chile por un buen tiempo. Sabía que en el vientre del auto tenía el peso de una historia en imágenes, que aún resultaba desconocida e inverosímil para el mundo. Historia que daría vida a Operación Silencio, un libro y una película donde se denunció por primera vez que el Estadio Nacional era el campo de concentración más grande de Chile.

VIDELA, OTRO EXILIO

A su retornó a Argentina, Politti vendió varias de esas imágenes a la revista bonaerense Siete Días y al diario Noticias, que pertenecían a un sector del movimiento Montonero. Además, logró que un corresponsal italiano publicara otro tanto en el exterior.

Desde 1973 hasta 1976 se instaló en Mendoza y trabajó retratando niños. Pero ese año, cuando la sombra de Augusto Pinochet se desvanecía en su recuerdo, otro golpe militar lo obligó a cambiar de planes y a empacar sus cosas. "Me las arreglé un tiempo hasta que llegó el general Videla y me invitó, muy cordialmente, a irme del país. Ahí tuve que agarrar ya no el Fiat 600, sino el Rambler y vine por tierra a Santa Cruz (Bolivia)", relata hoy, cuando ya no es un Rambler, sino un Niva rojo el auto que lo espera en la puerta de su casa.

LA PAZ ERA NOTICIA

Al cruzar la frontera montó Foto Imagen, la empresa aquella de los niños le serviría para sobrevivir, más como desahogo a esa pasión que le produce aún el periodismo gráfico.

Sin embargo, pareciera que su destino está ligado de algún modo a la denuncia. Por una coincidencia viajó a La Paz un día antes del golpe de Alberto Natusch Busch, el 1 de noviembre de 1979, y logró registrar con su cámara la denominada Masacre de Todos Santos.

"La puta madre, la primera vez que tengo buenas fotos y no tengo dónde publicar", dice que dijo en ese momento, cuando con su lente disparó a los militares que tomaron la Plaza de Murillo. Al no tener un medio, lo creó. Con algunos periodistas amigos de La Paz formó la revista De Frente. "Hicimos el primer número con mil ejemplares de 16 páginas en tamaño oficio (...). Se vendieron en menos de dos horas". Cuenta que decidieron reimprimir cinco mil números que se agotaron luego de dos días, para terminar imprimiendo 15 mil que se venderían en menos de una semana. Las fotos que Politti publicó en De Frente serían reproducidas por la comisión de Derechos Humanos de Bolivia presidida por el sacerdote Julio Tumiri en una edición homónima de la masacre.

La Paz era noticia. Por eso, y porque Politti parecía haber agotado los niños para fotografiarlos en Santa Cruz, decidió trepar Los Andes —una vez más— para instalarse en la Sede de Gobierno, donde trabajó como corresponsal de una agencia de noticias cuyo nombre hoy le cuesta recordar.

La revista De Frente se mantuvo activa hasta que otra invitación al exilio llegó a sus manos. Remitente: Luis García Meza. Motivo: una foto a contraluz que tomó al dictador cuando éste anunció que Lydia Gueiler se tenía que ir del Palacio Quemado antes de que hiciera parte de los mártires de la nación. Cuando el militar derrocó a Gueiler, Politti fue detenido por tres días y debió salir del país.

Instalado en Ecuador, compartió exilio y amistad con el ex presidente Hernán Siles Zuazo. "El doctor Siles me dijo que su primer medida como presidente iba a ser nacionalizarme boliviano. Pero cuando volvimos de Ecuador se le olvidó y sólo hasta que llegó Víctor Paz pude tener esto (saca su carné boliviano del bolsillo de la camisa)".

Al volver a La Paz, Politti montó los programas televisivos Más allá de los hechos, de denuncia sobre el narcotráfico, y Bolivia Urgente, dedicado a la ecología y el ecoturismo.

Contra-Site

En noviembre pasado el cineasta italo-argentino Danielle Incalcaterra presentó en Santa Cruz un ‘docuficción’ donde relata su experiencia durante la búsqueda de los restos del guerrillero argentino Ernesto Che Guevara en Vallegrande. Aunque su plan inicial era hacer una película de la búsqueda, Incalcaterra terminó realizando una denuncia sobre el impedimento de parte de algunos funcionarios del Ministerio del Interior para que él y otros periodistas pudieran filmar. Uno de los implicados en las denuncias de Incalcaterra era el propio Politti, de quien se aseguraba habría intentado vender la exclusividad de las imágenes.

"Son ‘huevadas’ —responde desenfadado Politti—, a mí se me pidió que filmara todo el proceso de búsqueda de los restos del Che, porque el Gobierno necesitaba documentarlo. Aparece este italiano que dice que no lo dejábamos grabar y luego denunciando que le habían intentado vender la exclusividad. Efectivamente —continúa Politti— una de las agencias se contactó con mi hija para ver si le podíamos vender la exclusividad, y no la había. Sí podíamos trabajar con ellos, ya de forma independiente, alquilándoles una cámara y se las alquilé como empresa privada".

Según él, Incalcaterra se quejaba de que él y los funcionarios del Ministerio no lo dejaron filmar, "pero en la película se lo ve filmando todas las imágenes en la fosa (...) con los huesos del Che. Es una contradicción", comenta con algo de ironía.

Hoy Domingo Politti vive en La Paz, a media cuadra del cine 6 de Agosto. Prefiere llamar a su familia las Naciones Unidas, aludiendo a su nacionalidad, la de sus cuatro hijas y su mujer. "Mi primera hija es argentina; mi mujer, la segunda y la tercera son chilenas; la cuarta nació en Ecuador cuando tenía que haber nacido en Bolivia, y yo soy boliviano".

 
 
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