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Domingo, 15 de octubre de 2006
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La encrucijada de la Constituyente

Luis René Baptista

Texto | Redacción ¡OH!

Fotos | Archivo/ Jorge Landaeta

La coyuntura actual, en la que en el centro de la polémica está la Asamblea Constituyente, obliga a buscar respuestas que canalicen salidas para viabilizar esta instancia fundamental para el futuro del país. Para ello, ¡OH! ha entrevistado a seis analistas, quienes respondieron algunas preguntas claves acerca de la encrucijada en la que se han visto inmersos quienes debaten los distintos puntos en el teatro Gran Mariscal de Sucre.

Estas son las preguntas:

1.- ¿Qué opina sobre el hecho de que la Asamblea haya sido declarada originaria y plenipotenciaria?

2.- Si no existe un acuerdo al respecto, ¿cuáles serán las consecuencias para el país?

3.- ¿Qué opina sobre la polarización entre occidente y oriente?, ¿cuáles son los motivos reales?

4.- ¿Cuál debe ser el rol de Cochabamba en esta coyuntura?

Roberto Laserna*: “La Asamblea fue concebida como instrumento de poder”

1.- Se trata, a mi entender, de un acto político que pone en riesgo de nulidad legal todo lo que la Asamblea pudiera acordar. El Artículo 31 de la Constitución Política del Estado señala claramente que “Son nulos los actos de los que usurpen funciones que no les competen, así como los actos de los que ejerzan jurisdicción o potestad que no emane de la Ley”. Y tanto la Constitución como la Ley de Convocatoria son muy precisas al definir las competencias y el carácter de la Asamblea.

Sin embargo, como se trata de un acto político, también entiendo que a sus protagonistas poco les interesa su dimensión jurídica, pues probablemente confían en resolver la controversia mediante la acumulación de poder político.

2.- Las palabras empleadas en el artículo primero del reglamento de debates, que algunos grupos admiten como si fueran inocentes y neutrales, puramente simbólicos, son en realidad un manifiesto político que pretende, precisamente, motivar esa acumulación de poder. Se busca crear una imagen ideológica que no solamente desconoce el ordenamiento jurídico, sino que podría viabilizar o justificar su ruptura. Esto prueba, en realidad, que la Asamblea siempre fue concebida como un instrumento de poder más que de cambio institucional.

La ruptura del orden jurídico suele ser interpretada, de manera ingenua y voluntarista, como el requisito de la revolución. En realidad, lo es del caos, un caos que puede devorar a sus gestores. La ley no solamente protege al ciudadano, también protege al Estado. Si ella desaparece se abren las compuertas del conflicto y tal vez de la violencia, donde gana quien tiene la fuerza, no la razón, y donde pierden los que ya son pobres, vulnerables, débiles. El único acuerdo posible es el respeto a la ley. Sin ella no hay democracia ni equidad.

3.- La polarización entre oriente y occidente es más de forma que de fondo. Lo que hay al fondo, más que polarización, es fragmentación. El particularismo de los grupos sociales, que se refugian cada vez más en identidades excluyentes y en demandas corporativas, se disfraza con discursos políticos y regionales, pero en el fondo busca defender posiciones o promover privilegios de grupo. En ese sentido, tanto occidente como oriente son, por ahora, disfraces, y, como tales, quienes los usan se los ponen y sacan de acuerdo a las necesidades y circunstancias del momento.

Es posible que los motivos reales de esta fragmentación disfrazada se encuentren en la precariedad de nuestra economía, en las crecientes aspiraciones que tiene la gente, y en la declinante convicción de que ellas puedan ser satisfechas con un proceso de desarrollo que sentimos cada vez más remoto. Una gran parte de los conflictos se explican como pugnas rentistas, es decir, por la distribución de la riqueza existente en bosques, tierras, minas y campos petroleros. Necesitamos recuperar la idea de que el progreso es posible y que depende de nosotros.

4.- Cochabamba ha jugado siempre, y debe seguir jugando, un rol articulador, de moderación y unidad. Pero eso no debe confundirse con la ambigüedad, la neutralidad o la indiferencia. Si Cochabamba no tiene o no encuentra soluciones o propuestas que armonicen posiciones antagónicas en el marco de los principios que sustentamos como República, tendrá que optar. En todo caso, lo importante debe ser levantar siempre esos principios de libertad y justicia, que están amparados por la ley y expresados en la declaración universal de los derechos humanos.

* Roberto Laserna es investigador social. Su obra más reciente es La Trampa del Rentismo (Ed. F. Milenio, La Paz, 2006)

Luis René Baptista*: “Lo de occidente vs. oriente es sólo la forma”

1.- Creo que ese es un paso más, una vuelta más de tuerca, de un proceso que nos está conduciendo a la destrucción de lo más valioso que hemos logrado construir, pese a todas las limitaciones, a lo largo de nuestra historia pero sobre todo durante los últimos 24 años: las instituciones republicanas, democráticas y representativas. Es un paso previo imprescindible a la consumación del proyecto chavista -del que el actual gobierno es sólo un apéndice-, que consiste en la sustitución de la democracia representativa por un régimen totalitario, lo que ellos denominan el “Socialismo del siglo XXI”. Es una locura que, ojalá, los bolivianos logremos revertir pacíficamente.

2.- Si este proceso de destrucción de las instituciones continúa el Estado acabará disolviéndose, lo que sólo puede conducir a dos desenlaces: o lo que propone el proyecto político en marcha, que es la sustitución de las actuales instituciones por otras, funcionales a un régimen totalitario, para lo que sería necesaria una contundente y fulminante derrota de quienes se oponen a ese proyecto, o a un retorno al estado de barbarie. Es decir, a que todos los conflictos de intereses que existen en Bolivia, como en cualquier país del mundo, se resuelvan por la vía de la violencia. Lo ocurrido en Huanuni hace poco es sólo una pequeña muestra de lo que eso puede significar.

3.- Yo creo que lo de occidente versus oriente es sólo la forma, el aspecto externo que adquiere en nuestro país una polarización muchísimo más profunda que, más que con factores geográficos, tiene que ver con un conflicto de visiones. Algo muy similar a lo que durante el siglo XXI ocasionó la división de países que optaron por la vía comunista y los que optaron por la vía capitalista.

Creo que lo que está ocurriendo en Bolivia es algo muy parecido a lo que ocasionó feroces guerras civiles a lo largo y ancho del mundo, en unos casos, o a divisiones “pacíficas” en otros. Es el caso de China continental y China nacionalista, Corea del Norte y Corea del Sur, Vietnam del Norte y Vietnam del Sur, Alemania Federal y Alemania “Democrática”, y en general, Europa del Este y Europa del Oeste. Es el choque frontal de dos proyectos de país, proyectos de futuro. El que en Bolivia ese conflicto de visiones esté asociado a oriente y occidente es sólo la forma.

4.- En ese contexto, Cochabamba, por su ubicación geográfica, pero también y sobre todo porque en nuestra región hay una penosa tendencia a la medianía, es una especie de territorio en disputa en sentido literal y figurado. No creo que Cochabamba pueda ni deba pretender constituirse en una especie de árbitro imparcial entre dos visiones, sencillamente porque no hay conciliación posible entre ellas. Como en el resto del país, ambas visiones también están en conflicto y lo que se puede esperar es que tarde o temprano también aquí haya un sector de la sociedad que se alinee con una de ellas, y otro con la otra.

No está en nuestras manos la posibilidad de evitar que esa confrontación se produzca y una de ellas resulte vencedora y la otra derrotada. Lo que sí está en nuestras manos es contribuir a que esa confrontación se resuelva pacífica o violentamente. Para que ocurra lo primero, y no lo segundo, es absolutamente indispensable preservar, evitar la destrucción, de las instituciones y los procedimientos democráticos, los que corresponden a un Estado de Derecho.

*Luis René Baptista es periodista y Editor de Opinión de Los Tiempos.

Roberto Barbery*: “No estamos en el año cero”

1.- Se trata de una arbitrariedad, porque el extremo no tiene fundamento histórico ni legal. Desde una perspectiva histórica, Bolivia es una realidad en el tiempo, más allá de sus luces y de sus sombras. No estamos en el año cero. La Asamblea Constituyente no nace por generación espontánea; está precedida de una experiencia histórica y, ante todo, de una realidad legal… Por ello, el análisis es aún más concluyente desde la perspectiva de la legalidad: la Constitución Política del Estado y la Ley Especial de Convocatoria, son el precedente institucional de la Asamblea Constituyente, y establecen con precisión que su atribución exclusiva es considerar la Reforma Constitucional y que no puede interferir en el funcionamiento de los poderes constituidos.

2.- Lamentables, seguramente. El desacuerdo supone la imposición de un proyecto absoluto en un país diverso que tiene miradas relativas y que requiere proyectos basados en el reconocimiento de la diferencia y la práctica del pluralismo y la tolerancia.

3.- En toda sociedad hay diferencias de clase, de raza y de región. La novedad es que tenemos un gobierno que en vez de proponer coincidencias, se dedica a exacerbar peligrosamente las diferencias.

*Roberto Barbery es abogado y analista político.

Roger Cortez*: “La polarización es un artificio publicitario”

1.- Hoy no es otra cosa que una declaración, que refleja el fastidio y hasta cierto punto la desesperación de la mayoría de asambleístas, que se encuentran hastiados de las permanentes y estruendosas intenciones de la dirigencia de Podemos por transformar su disminuida presencia en una capacidad de veto efectivo que le permite imponer su criterio.

De momento y, en términos prácticos, tal como lo señala el primer artículo del reglamento no tiene ninguna consecuencia práctica, en el sentido que los asambleístas no se proponen interferir el desenvolvimiento de los poderes constituidos. Esto permite ver lo vana e infructuosa que ha sido la prolongada discusión sobre este tema.

Quienes suponen que declarando plenipotenciaria a la Asamblea habrán conseguido superar las frustraciones poláticas que nacen de una situación de equilibrio precario de fuerzas, se equivocan profundamente. Ellos no aciertan a comprender que los verdaderos límites para que la Asamblea sea originaria (en el sentido de órgano real de poder y capacidad efectiva de gobierno) no se encuentran en la mala fe de sus oponentes o en la redacción de la ley de convocatoria, sino en que el avance del proceso constituyente no ha llegado a un momento de victoria neta de las fuerzas constituyentes que aspiran cambiar al país. El hecho de que la Asamblea no está capacitada para elaborar una constitución, sino un proyecto de constitución, fija límites muy nítidos a la Asamblea ya que los asambleístas han sido elegidos con el mandato exclusivo de realizar este trabajo de redacción y nada más. A este duro límite se agrega otro aún más rígido y se refiere que antes de la Asamblea fue elegido un gobierno popular, con abrumador mandato. Si esto no hubiese ocurrido y la Asamblea resultaba ser el puente entre una crisis de gobierno y una elección por realizarse pudo, tal vez, existir la posibilidad de que esta se erigiese en órgano gubernativo.

El secreto del empeño que han puesto los asambleístas elegidos bajo el cobijo de la sigla del MAS, es que piensan -como lo han declarado varios asambleístas y el Vicepresidente- utilizar ese carácter "originario" para llamar a elecciones al final de sus deliberaciones. Esa no es tarea de la Asamblea, sino de la nueva Constitución, que si estipula eso y es aprobada puede determinar dicha sucesión de acontecimientos, lo que demuestra que lo que debe buscarse es que la Constitución sea original, originaria y cimiento de un renacimiento nacional (mejor que una refundación que tiene un dejo burocrático). Para que la Asamblea deje de ser un elemento cada vez más ajeno y distante, es preciso que todos respeten su soberanía e independencia y dejen de interferir en su funcionamiento. Si se encamina por este rumbo y se desprende de la tutela tradicional de la vieja política, los asambleístas pueden pactar un texto que se apruebe no sólo por 2/3 de sus miembros, sino que cuente con el respaldo de más del 90% de los votos en el referéndum popular.

2.- La demora en cumplir su trabajo y postergar sus discusiones de fondo debilita a la Asamblea y la convierte en un lastre más que en un hito del proceso de transformaciones (constituyente) que está ocurriendo en el país. Esto contribuye, además, para que los enemigos de la Asamblea y los medios difusivos con los que cuentan puedan continuar sobrecalentando y dramatizando los problemas, dando nueva y artificial vigencia a quienes nos pronosticaban un holocausto hace dos años (el sector Facoff, tan afín con el ex Presidente que huyó el 17 de octubre de 2003) y que hoy esparcen todo tipo de rumores. La Asamblea redactando su proyecto, el gobierno atendiendo los problemas de la población y aquellos que nacen de la gran inexperiencia de su personal; los jueces supremos atendiendo sus responsabilidades fijadas por la constitución vigente, sin actuar oficiosa y partidariamente en asuntos que no son de su incumbencia, son algunas señales que permitirán recuperar el optimismo y esperanzas con que empezamos este año y que no deberán dejar de crecer continuamente.

3.- Esa "polarización" es hoy, mucho más que antes, un artificio publicitario, si tomamos como referencia elementos objetivos de análisis como las tendencias electorales desde 2004, el resquebrajamiento institucional de organizaciones monolíticas hasta hace poco y que parecían representar sin fisura a Santa Cruz, por ejemplo. Esto no significa que no existan diferencias o puntos de roce entre ambas referencias geográficas. Las hay, pero son de mucho mayor facilidad de arreglo y transacción que hace años. Si tomamos, por ejemplo, el caso de la tierra se puede ver como se van aislando paulatinamente algunos de los grandes terratenientes que no tienen títulos, o los tienen falsificados o irregulares, dentro de las cámaras empresariales que antes los respaldaban incondicionalmente. O, por otro lado, el aparentemente tan espinoso problemas de las autonomías es muy fácilmente resoluble si la nueva Constitución sienta la base principista para que exista un régimen mixto de autonomías (departamental y cultural) y si la Asamblea opta por definir un estado intercultural, en vez de un estado "multinacional", que en el tiempo podría crear mayores y terribles fisuras.

El tiempo que se ha perdido puede recuperarse abriendo espacio a una amplia y democrática deliberación nacional que le dé materiales a la Asamblea para cumplir su obligación y, de esa manera, podremos ver desvanecerse las polarizaciones de todo tipo, incluyendo las que revelan la existencia de procesos de descomposición social. En un proceso constituyente, tan rico y prolongado como el que vivimos (ya casi 17 años) vamos a seguir viendo tendencias y fuerzas de avance, coexistiendo con las de carácter negativo y destructivo. Los bolivianos hemos venido mostrando que tenemos el temple para afrontarlas.

*Roger Cortez es analista político y catedrático universitario.

Manfredo Kempff*: “La Constituyente debe crear una Bolivia para todos”

1.- Considero que la Asamblea Constituyente actuó de manera tramposa al haber burlado la Ley de Convocatoria, y que ese artículo 1º del Reglamento de Debates es un atentado contra la buena marcha de la Constituyente porque ha indispuesto, con su informalidad, a la mayoría de los asambleístas opositores. Querer partir de la nada, es decir, desconociendo la Historia de Bolivia, es una aberración que puede costar muy caro. Como es otra aberración jurídica el pretender que la Asamblea esté por encima de todos los poderes fundacionales que existen en el país.

Nuestra historia no arranca con Evo Morales y el MAS. Esa es una pretensión absurda de algunos fanáticos racistas que ignoran lo que es Bolivia. Querer desconocer el pasado es algo que, seguramente, podrán hacer los que se llaman “originarios”. Pero eso no coincide con el criterio de otros bolivianos que amamos nuestro pasado, que nos sentimos orgullosos del mismo, y que, por lo tanto, no aceptamos que la ignorancia, por resentimiento, quiera borrar de un plumazo todo lo bueno y malo que aconteció con la Bolivia republicana y antes también, con la grandiosa etapa colonial, base de nuestra cultura católica, ensamblada, durante siglos, con la milenaria cultura andina. La Constituyente debe crear una Bolivia para todos, sin trampas odiosas ni matonaje de las mayorías, y esa será la única forma de llegar a conclusiones prácticas y aceptables.

2.- Yo nunca he sido partidario de pretender “refundar” Bolivia y de montar una Constituyente donde estén presentes multitudes que representan a campesinos y trabajadores e ignoran a quienes, por su formación y conocimientos, no deberían estar alejados cuando se trata de elaborar una nueva Constitución Política del Estado. Una Constitución no es lo mismo que redactar un ampliado salarial ni un voto resolutivo. Si la nueva Constitución no recoge los anhelos de todos los bolivianos y sólo se hace al amaño de las pretensiones personales del Presidente y a las ambiciones de un gobierno de medio siglo que proclama el MAS, estamos lucidos. Tanto peor si la Constituyente navega al influjo de las experiencias – nada buenas por cierto – que vienen desde la Venezuela chavista. ¿Qué consecuencias pueden haber de un fracaso en la Constituyente? Habría que preguntarle al nuevo embajador de Venezuela, que ya ha hablado de derramamiento de sangre que, desde luego, será la nuestra solamente, y no la del impertinente diplomático de marras que no es sino un eco de lo que se dice en Caracas.

3.- Esta es, a todas luces, una polarización falsa. Y es falsa porque en Bolivia, hace diez años o menos, si bien existía una lógica rivalidad regional, que muchas veces es saludable, jamás se habló de enfrentamientos entre etnias ni de regionalismos exacerbados. Todo lo que ha aportado el etnocentrismo andino ahora en boga, ha estado dirigido, no sólo contra el oriente boliviano, sino contra todo compatriota - camba o colla – que no participe de sus ideales. No se puede decir, por tanto, que en oriente se piense de una forma y en occidente de otra. Eso no sería correcto, porque en occidente existe una enorme cantidad de gente que deplora todo este chauvinismo indigenista que se quiere imponer a la fuerza. En La Paz, como en Cochabamba y Chuquisaca, por ejemplo, no importan para nada las diferencias geográficas y lo que sí interesa son las afinidades culturales existentes. Es falsa la premisa de que un cruceño tiene que pensar distinto a un orureño por cuestiones de etnia o distancia. Lo que sucede es que el MAS, con los votos abrumadores pero circunstanciales que ha obtenido, ha partido al país en dos, como se parte una torta, y eso no es válido para afirmar rotundamente que uno piensa distinto del otro o que una parte de la República tiene que ser enemiga de la otra.

*Manfredo Kempff Suárez es diplomático y escritor.

Winston Estremadoiro*: “Más cambiarían a Bolivia 20 mil kilómetros de carreteras asfaltadas, que media docena de Asambleas Constituyentes”

1.- Conceptualmente, en una Asamblea Constituyente lo originario se contrapone a lo derivado. Bolivia fue creada en 1825 y su primera Asamblea Constituyente fue originaria. Por tanto, la actual es derivada.

El ‘originario’ es un eslogan político tan racista como la noción de razas puras. Desconoce 500 años de mezcla entre las gentes, primero entre los distintos conglomerados antes de 1492; luego por el mestizaje biológico y cultural con los europeos. Es tan falso a la luz de la etnohistoria, como el diputado de arco, flecha y montera de cuero de tigre en el hemiciclo congresal. Es parte del discurso neofascista de nuevos salvadores de la patria, en el que conceptos falaces como originario y ‘blancoide’, son contraposiciones que siguen recetarios estalinianos, para fraguar estereotipos que desmerezcan al adversario.

La declaración de la Asamblea como plenipotenciaria es ilegal porque Bolivia es una república que se rige en un ordenamiento jurídico que no ha cesado funciones. La misma Ley de Convocatoria de la Constituyente rayó la cancha dentro de determinados parámetros, como los dos tercios como condición sine qua non para aprobar todos los puntos de la nueva Constitución. Darle poder absoluto por encima del ordenamiento legal es sedicioso. Igual que algún jetón, por ejemplo, proclame nuevo departamento al Chaco. O peor, que se constituya en república independiente, que de inicio buscaría apoyo en algún país vecino interesado en su gas natural. Ya pasó en el Acre.

2.- Consecuencia penosa sería deslegitimar el esfuerzo que significa la Constituyente. La búsqueda de mayor equidad en nuestro abigarrado país, muestra la voluntad nacional de cambiar para bien. No viene gratis ni es barata, más aún en una Bolivia tan pobre que hasta esa voluntad de cambio es financiada por óbolos extranjeros. Prostituir la Asamblea Constituyente a designios autoritarios siguiendo recetas de otros países, sería sembrar la semilla de la discordia y la división.

3.-La polarización en Bolivia tiene que ver con dos visiones de país. La oriental está orientada a crear riqueza, a producir, a exportar; es abierta al mundo y a su inevitable globalización. La occidental es involutiva, se basa en milenarismos vengativos y utopías ilusas de un pasado indio paradisíaco, casado con ideologías obsoletas muertas con el muro de Berlín y rematadas por la apertura china al capitalismo. Bien dijo Marx que no es revolucionario el socialismo, sino el capitalismo: más cambiaría Bolivia con 20.000 Km. de carreteras asfaltadas que con media docena de Asambleas constituyentes.

La polarización entre oriente y occidente no tiene que ver con cambas y collas. Son ambos, más los japoneses, menonitas y muchos inmigrantes extranjeros afincados en Santa Cruz, los ingredientes activos en la fragua de la nueva patria, en una amalgama en que la diversidad es vista como cualidad, no como defecto.

Tal polarización se debe a que se ha desplazado el centro de gravedad económica del país hacia Santa Cruz, mientras se mantiene, y con el actual régimen se exacerba, el centralismo de la sede de gobierno. Un proceso similar ocasionó la mal llamada Revolución Federal de fines del siglo 19. Alguno colegirá que vamos camino a un repris del conflicto, esta vez entre cruceños y paceños. ¿Cómo, arguyo, si del millón y pico de cruceños de la conurbación capitalina, más de un tercio son oriundos del occidente? Precisamente la autogestión de regiones, plasmada en la Autonomía de la que es portaestandarte Santa Cruz, es la que moja la mecha del detonante de una tragedia nacional.

4.-Más que solazarse en chovinismos de campanario, Cochabamba debería plasmar en obras su papel de corazón de una patria diversa e integrada. Propiciar con vías camineras de primer nivel su rol de bisagra de oriente y de occidente, de norte y de sur. Apoyar de boca y bolsillo a corredores bioceánicos, a la Hidrovía Ichilo-Mamoré, a un nuevo proyecto ferrocarrilero del Atlántico al Pacífico. Hay recientes atisbos de toma de conciencia de los cochabambinos, en sentido de que la autonomía regional les es tan beneficiosa como a cruceños y tarijeños, más aún tomando en cuenta sus recursos hidrocarburíferos, cuyas regalías es preciso invertir con juicio.

*Winston Estremadoiro es antropólogo y analista.

 
 
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