Texto | Mónica Oblitas
Fotos | Archivo
Música | Está considerado como uno de los mejores guitarristas de Bolivia. Su banda, GoGo Blues, acaba de lanzar su cuarto disco
De la primera entrevista a Gonzalo Gómez cuando recién llegó a Bolivia, publicada en el suplemento Mucha Cosa de Última Hora, han pasado casi 10 años. En ese entonces, Gómez —sin más que guitarra en mano— recorría los bares paceños buscando dónde tocar. A veces tuvo suerte y a veces no. Pateando al perro, la banda formada por Gómez (donde ya tocaba el bajista Julio Jaime) tenía un sonido distinto, fuerte, sin retoques: rock 100 por ciento a todo volumen, y no terminaba de convencer al público paceño acostumbrado a una música más delicada, menos directa. Varios años, distintas formaciones y media docena de discos después, Gonzalo Gómez es reconocido como uno de los mejores guitarristas de Bolivia.
La banda GoGo Blues (GGB) conformada por Gómez en voz y guitarra, Nicolás Suárez en teclados, Julio Jaime en el bajo y Alexis Trepp en la batería, ha representado al país en la última versión del Festival de Cosquín, uno de los más importantes de Argentina, y pudieron compartir con grandes músicos como Sky Bellinson de los Redonditos de Ricota, Alex Lora del Tri, Alejandro Medina, bajista de Manal, y el maestro blusero Botafogo.
Hace poco, GGB se presentó en el Festijazz de La Paz y ha tocado en las principales ciudades del país, (“Nos falta Cochabamba”, ríe Gómez). Además acaba de lanzar su cuarto disco, “Hoy”, que no ha dejado de lado ese sonido fuerte y auténtico que caracterizó en un principio a Pateando al perro, y que además denuncia, repudia y también ama en las letras de las canciones, dejando un testimonio de la cotidianeidad de los cuatro músicos.
Oriundo de Oliva, en Córdoba, Gómez empezó a tocar la guitarra a los 12 años. Quienes lo conocen saben que pocas cosas disfruta más que tocar la guitarra, y esa vibra ha sido la que le ha permitido llegar donde está. Fiel a sus convicciones, polémico y sin pelos en la lengua, Gómez habla con ¡OH! acerca de su más reciente producción, de su vida y carrera, y de la movida rockera en Bolivia en la que, asegura, no existen las estrellas.
¡OH!: ¿Cuáles son las diferencias más importantes entre los discos que ha grabado GGB?
Son discos distintos porque tienen el carácter de la gente con la cual toqué, más allá de una idea que siempre tuve, la gente con la que toco, me hace tocar.
Sigo manteniendo un ojo crítico hacia las cosas que pasan y un ojo denunciante. Como también uno cotidiano. Este disco, “Hoy”, tiene que ver con realidades de nuestro país, denuncias de discriminación, etc., que vemos día a día y también tiene cosas cotidianas, canciones para los hijos por ejemplo. Creo que refleja en varios aspectos lo que nos pasa a diario, y no podemos estar al margen de lo que pasa en el país.
¡OH!: ¿Considera que el rock debe ser un vehículo de denuncia y reflejo de lo social en un país?
No sé si debe ser. ‘Debe’ no es un término que yo usaría. Creo que por siempre los músicos hemos denunciado y mucha gente nos ha tomado como voz y considero que la función de un artista de verdad es llegar a ser la voz de su pueblo.
¡OH!: ¿Cuál es el aporte de cada músico en la GGB? Luego de tantas formaciones, ¿es esta la fórmula en la que se siente más cómodo?
No es la forma en la que me siento más cómodo, porque no sé si la hay... Para mí, por ejemplo, el hecho de cantar en la banda no es un papel que disfruto tanto como tocar la guitarra, lo hago porque creo que tiene un carácter especial que lo haga. Por eso definí ser yo el cantante de la banda.
Yo me sentí casi siempre cómodo o por lo menos lo intenté. Es una condición que trato que suceda mientras toco. Lo que pasa es que después de la primera formación que tuve con GGB, esta es la segunda vez que puedo sostener otra. Estamos más de un año tocando juntos, no cuento a Julio Jaime porque con él he estado tocando toda mi vida. Al llegar a este punto, la banda es lo más importante que hemos generado musicalmente.
¡OH!: ¿Y respecto al aporte de sus integrantes?
Cada uno de los integrantes tiene un aporte estético, lo que es muy importante para tener un buen perfomance. Si bien venimos de lugares distintos, llegamos a un mismo fin que es GGB y tratamos de trabajar para sus canciones y para darle un sonido a GGB. Cada uno de nosotros es fundamental. El trabajo de Alexis, como un baterista “heavy”, ha sido muy importante para tocar con mucha más fuerza, y a su vez con toda esa fuerza y dinámica podemos llegar a tocar sólo con el piano de Nico. Hablar de Julio es una página aparte, tocar con él es una de las satisfacciones más grandes que tengo en mi vida. El une tanto la parte heavy de Alex, como la parte swing y delicada de Nico, mientras yo hago lo que puedo.
¡OH!: ¿Cómo observa la movida rockera en Bolivia que se dice es muy elitista? ¿Podemos hablar de rock stars?
No. No hay rock stars. Primero, un rock star tiene un millón de dólares en el banco y gana 10 en una gira. Tenemos un cielo hermoso, lleno de estrellas, pero nosotros estamos en el suelo. No veo que haya un sentido elitista en el rock, pasa que no hay posibilidades para todos, pero eso no lo generan los músicos. Viene de los empresarios, de organizadores de eventos, de medios de prensa, de televisión, de la situación económica del país, pero yo no he visto que a nadie le hayan cerrado las puertas siendo bueno.
¡OH!: Sin embargo, si el músico no tiene dinero, no puede grabar un disco por más bueno que sea...
No es una condición elitista, es una condición de la situación económica, no hay apoyo para este movimiento y en ese caso si uno no se paga su disco, no lo puede hacer. No hay una empresa discográfica que te haga artista, por eso no hay rock stars en Bolivia, porque no tenemos siquiera eso. Con el poco mercado que hay, los músicos tratan de hacer lo mejor que pueden.
¡OH!: Sabiendo por experiencia que es casi imposible vivir del arte, ¿Qué es lo que le motiva a continuar en el intento? ¿Realmente cree que podrá vivir alguna vez de su música?
Lo que me mueve primero es la necesidad de decir lo que siento. He tratado muchas veces de separarme de la música por frustraciones de este tipo y lo único que he conseguido es frustrarme más. Pero también es una desilusión a veces el hecho de trabajar y aportar tanto y tener que llegar a mi casa con suerte con 50 bolivianos. A veces al verme en esa situación me siento mal, pero es la vida que me tocó vivir.
Además tiene que ver con que si no hago esto, no soy nada. No soy una persona. Toco porque es lo que vine a hacer a este mundo. Cuando llegué a este país lo asumí como mío y eso lo tomo como una necesidad de dar. Creo que en algún momento las otras generaciones podrán recibir un legado mejor que el que tuvimos nosotros. Y eso me hará sentir muy feliz.
¡OH!: En una entrevista con un medio cordobés, usted aseguraba que el rock nacional recién tiene sus cimientos a partir del movimiento generado en los 90, ¿sigue manteniendo esa posición?
Claro. Considero que las generaciones anteriores al movimiento de los 90 en Bolivia, no generaron un aprendizaje en las que vinieron después. Y eso por una falta real de trabajo original. Eran copias de bandas, traducían y hacían cosas en algunos casos hasta robadas. En eso dejo afuera a Wara y a Om por ejemplo, que sí aportaron pero que no han sabido generar un mercado. Considero que las generaciones que vienen están empezando a verse no en ellos sino en nosotros, y cuando hablo en plural me refiero a un sinfín de gente que en los 90 generó el movimiento de rock boliviano. Yo no considero que la carrera de ningún artista se premie y valga si no hace canciones ni discos.
¡OH!: GGB tocó en el Festival de Cosquin representando a Bolivia. ¿Qué ha significado estar encima de ese escenario? ¿Ha sido el momento más importante de Gómez guitarrista?
Sí, y tocar para la hinchada atigrada (risas). Cuando yo tenía 13 años fui por primera vez al concierto de La Falda, uno de los más importantes también en Argentina. Cuando viví esos momentos sublimes de rock, supe que algún día iba a estar ahí, encima del escenario, y cuando estuve tocando en Cosquin, me di cuenta que lo logré... Estar en el camerín sentados con músicos importantes, haber representado a Bolivia en ese Festival con una banda que sonó a la par de cualquiera que tocó esa noche, con la connotación que fue el día del tributo a Pappo, con más de 30 mil personas y una bandera gigante de Bolivia en el medio, fue algo maravilloso.
¡OH!: ¿Puede decirse que ha alcanzado la madurez tanto personalmente como sobre el escenario?
Todo estaría perfecto con un millón de dólares, pero lo demás realmente es hermoso, mis hijos, mi familia, lo que siento al caminar por las calles de La Paz, la sensación de sentirme útil y saber que he podido tener un lugar en un país como Bolivia y poder decir lo que siento, que a unos les gustará, a otros no, pero yo sólo tengo una manera de decir las cosas.