Texto | Mónica Oblitas
Fotos | Archivo, Catálogo SIART 2001,
Mamani Mamani, Eric Bauer
Símbolo milenario y guardián de la ciudad, el Illimani es venerado por todos los paceños | Alrededor de su pétrea figura se han tejido leyendas y se han inspirado talentos. Éste es un reportaje que reúne lo más importante que se ha hecho en torno al Illimani Achachilasa, el enviado de los dioses
Majestuoso y vigilante, emblema paceño por siempre; el Illimani es, sin duda, el símbolo de la ciudad de La Paz y ha servido de inspiración para todas las artes que se han desarrollado en la hoyada. Son pocos los que no han cedido ante el influjo mágico de la montaña que encierra, en sus grietas nevadas, leyendas e historias de amor y de sangre. Y aun los habitantes se alimentan diariamente del influjo místico que el nevado más imponente ejerce sobre quienes viven a su sombra. Al celebrar un aniversario más de la ciudad de La Paz, es imposible dejar de referirse a su musa más importante.
El arte del nevado
"El Illimani se está —es algo que no se mira—. En el Illimani, el cielo es lo que se mira; el espacio de la montaña. No la montaña. En el cielo de la montaña, por la tarde, se acumula el crepúsculo; por la noche, se cierne la Cruz del Sur. Ya el morador de las alturas lo sabe; no es la montaña lo que se mira. Es la presencia de la montaña". Jaime Sáenz se inspiraba así, interpretando su sentimiento hacia la montaña y utilizando las palabras como solamente él sabía hacerlo en su libro Imágenes paceñas. Lugares y personas de la ciudad. Como Sáenz, muchos hombres de letras volcaron su inspiración en el nevado. Armando Soriano lo sabe muy bien y le dedicó una antología poética. "Acaso los literatos son los que han estado más vecinos a la solemne montaña paridora de sensitivas sugestiones. El ejemplo está claro en la fecunda lírica sobre esta montaña, a su vez geológico poema, que abarca con su esplendor inextinguible la ciudad entrañable", justifica su posición.
El Illimani también ha sido un imán para pintores tan relevantes como Arturo Borda, paceño, que estuvo influido por el simbolismo pictórico y plasmó constantemente la imagen del nevado y el entorno de la ciudad de La Paz, o Cecilio Guzmán de Rojas, que es considerado el padre de la corriente indigenista en la pintura boliviana y que tiene, como no podía ser de otra manera, varias obras inspiradas en la montaña, al igual que la pintora María Luisa Pacheco.
Mamani Mamani es otro de los pintores cuya creatividad se ha encendido frecuentemente alrededor del Illimani, tanto así que su hijo mayor se llama como la montaña. Y es autor de una serie (de la que reproducimos un cuadro) dedicada especialmente al nevado. "Para mí es un tótem, el templo más hermoso de las montañas; es el guardián de La Paz, pero también es un guerrero. Además de ser una montaña sagrada, es mística; si uno la contempla detenidamente puede ver toda una familia penetrando dentro de ella: el papá, la mamá, el hijo y la abuela. Es un apu, un achachila, para los aymaras... para la gente andina es una imagen sagrada", explica emocionado.
La música tampoco se queda atrás, tanto que el tango Illimani, de Néstor Portocarrero, es un himno casi obligatorio para los paceños. Otros músicos han encontrado en el misterio de la montaña su fuente de inspiración, aunque no en la cantidad que tamaña musa esperaría. Uno de ellos es el grupo Wara y la canción Illimani. Así lo explica el compositor Óscar García, para quien es una enorme roca viva, un vigilante, una suerte de deidad, pero sobre todo una marca de la ciudad. "El Illimani ha sido y es, hasta que le toque derretir su imponente hielo, una fuente de energía y un atractivo para todo tipo de expresiones. Más en las artes plásticas que en las sonoras. En la música, además de Portocarrero, hay obras escritas alrededor de él, aunque no se lo nombre. De hecho, yo tengo una canción para una orquesta de instrumentos nativos que se llama Cumbres. También había un grupo paceño de folclore que se llamaba Illimani. Los poetas lo nombran con más frecuencia que acierto. Quizás el nombre no aparezca con frecuencia en títulos de obras musicales por la extraña convicción de que ha sido muy usado. El caso es que de ser así, no sería tan complicado encontrar obras con su nombre”, dice García y luego se complementa: “En cientos de textos de canciones está bailando con o sin tropiezo. En Collita, de Wara, por ejemplo. Es una montaña ineludible para los que tienen la suerte de decir y de pintar, de graficar, de registrar imágenes, de hacer piñatas o cualquier otra inutilidad aparente. Para el común de los mortales que transita una ‘intransitable’ ciudad en la que los piratas han conquistado el poder y el espacio, el Illimani está ahí porque sí. Tiene que estar ahí porque si no, esta ciudad sería mil veces menos magia y más parto".
La arquitectura
La historiadora Magdalena Cajías explica que La Paz, a partir del siglo XIX, se convirtió en una referencia al crecer en población, en economía, en comercio, en desarrollo industrial y minero. Esto permitió extender rápidamente las construcciones de la ciudad que, acompañadas de una mirada positiva de su misma identidad por parte de los arquitectos, priorizaron su geografía y, por ende, al Illimani. Uno de estos visionarios fue el arquitecto Emilio Villanueva, que se encargó de realizar varios edificios, como el Monoblock de la UMSA, cuya vista es una de las privilegiadas hacia el Illimani, y abrió la avenida Mariscal Santa Cruz, que también se orienta hacia el nevado.
En el primer centenario de la ciudad de La Paz, durante el gobierno de Bautista Saavedra, se festejó con bombos y platillos la inauguración de varias calles, y se abrió la avenida Camacho (actual centro financiero de la ciudad), que se diseñó para que, desde cualquier edificio, pudiera verse el Illimani. La planificación de la ciudad tuvo en cuenta, en ese entonces, la importancia del paisaje para embellecerla aún más sin perder la identidad. Sin embargo, a partir de los años 70, el llamado desarrollismo dejó de priorizar el entorno natural; por ello, la mayoría de edificios construidos en El Prado, por ejemplo, han ocultado la vista al nevado, así como varias otras construcciones posteriores.
En la actualidad, los arquitectos paceños subliman la imagen del Illimani como referencia principal para las construcciones en la ciudad. El arquitecto Ramiro Bellido explica que es un referente, un icono artístico y un paisaje que no puede desaprovecharse. "Visualmente se intenta equilibrar algunas deficiencias que pueden encontrarse en la orientación de las construcciones. El Illimani está al sureste de La Paz y, muchas veces, puede dar una ayuda para las oficinas y departamentos que están ubicados contrarios al sol; es una vista fabulosa de la montaña. Además, la topografía paceña, con sus distintas elevaciones, permite aún más aprovechar este paisaje". En el mundo andino, el Illimani, como cada montaña, tiene un significado especial. De características femeninas, protege a la ciudad de La Paz como una madre, pero es también un poderoso enviado de los dioses. Un centinela.
La leyenda
Hay varios mitos que rodean la figura del Illimani, aunque uno de los más difundidos es el que relata Fernando Díez de Medina en el libro Nayjama.
Cuenta esta leyenda que Wirakocha, dios supremo, decidió que cuatro soberanos reinarían en paz en la cordillera; sin embargo, la arrogancia y el ansía de poder hizo que uno de ellos se enfrentara a sus compañeros en un combate apoteósico que duró un milenio. Harto del conflicto, Wirakocha envió a Thunupa, la figura de la justicia y el equilibrio, para que pusiera orden. Después de escuchar la explicación de los cuatro guerreros, Thunupa dictaminó: “Sólo tres conductores tendrán señorío en la cordillera. El Señor de Luz será de hoy en adelante Illampu, el centelleante; el Señor de Agua se nombrará Illimani, el resplandeciente, y el señor de Piedra se convertirá en Wayna Potosí, el joven bramador”. Luego cogiendo su honda divina, puso en ella un pedrusco de oro y al tiempo de lanzarlo zumbando por el cielo en dirección a Huayra Apu o Señor del Aire, dijo: “Rebelde fuiste, solitario quedarás y menguado en poderío. Truncaré tu insolencia y tu estatura: serás partido en dos. ¡Sarjama! (vete) dijo Thunupa. Tú eres el Alejado, Sajama te nombro en memoria de tu estupenda rebeldía”. Y así, la montaña descabezada se convirtió en el Mururata y la gran roca que fuera su cabeza es el nevado Sajama.