Texto | Mónica Oblitas Z.
Foto | Jorge Landaeta/ Archivo R. Pérez Alcalá
Figura | Arquitecto y pintor, es el creador de varias de las construcciones más importantes en el país. Su pincel ha pintado cuadros sublimes que son reconocidos en todo el mundo.
Las manos de Ricardo Pérez Alcalá dicen todo de él. Están marcadas por el esfuerzo arduo de muchos años y son las manos de un trabajador incansable, un hombre que no se ha tomado un sólo día de vacación en toda su vida y que lleva la cuenta de 6.400 cuadros pintados hasta la fecha, más varias docenas de construcciones que llevan su firma, porque además de pintor, también es arquitecto, y aunque estudió esta carrera para solventar su pasión por el arte, la vida le dio la vuelta y terminó ocurriendo lo contrario, “mi casa y las de mis hijos las ha financiado el pintor”, explica, a tiempo de recordar su primera exposición, a los 15 años. A partir de ella, el talento de Pérez Alcalá, quien nació en 1939 en un pueblo cercano a Tumusla en Potosí, ha sido generosamente prolífico con el arte y la arquitectura bolivianas. Obras como la Piscina Olímpica de Obrajes, la Normal Simón Bolívar, el Faro de Ilo, por ejemplo, se cuentan entre las construcciones que llevan su firma, además de miles de pinturas y esculturas.
Casado, padre de tres hijos y abuelo de varios nietos, se considera un artista al margen de toda la farándula que llena los salones de exposición. Dice que la felicidad son instantes y que los éxitos también son pasajeros, pero que al haber cumplido con sus propias metas, se siente satisfecho y listo para seguir en la batalla.
¡OH!: ¿Cómo observa el crecimiento urbano de las principales ciudades del país?
El manejo de las normativas de la ciudad de La Paz siempre ha estado en manos de gente inapropiada. Además son normativas obsoletas y copiadas de otros países y otras ciudades que no toman en cuenta el problema de los diferentes niveles que tiene La Paz, que es de una topografía importante y difícil de resolver. Cuando se trata de normativas y de ver los planos, es otra cosa plantearlos en una ciudad con semejante topografía. Las distancias entre predios no son las mismas que si estuvieran concebidas en un solo plano, ese es uno de los defectos más grandes que tiene la ciudad y el motivo por el que existe el caos y se destruye esta ciudad constantemente. Luego existe una fuerza económica y de mal gusto que se está imponiendo: la llamada arquitectura chola. Es un esquema mental de gente que puede tener dinero ya que la fealdad no es justificación de pobreza, es una condición y hay arquitectos que engranan muy bien en ese manejo de la plástica, por lo tanto la fealdad está cundiendo como patrón mental y cultural. Es la fealdad casi manifiesta al punto de que se iba a cometer uno de los actos más crueles: la construcción del transitorio Mercado Lanza en el atrio de la iglesia de San Francisco, destruyendo el corazón de la ciudad de La Paz. Es casi institucional, es una normativa, una forma de pensar, un esquema que está corroyendo esta ciudad...
¡OH!: ¿Qué sucede con las otras ciudades?
El Alto sería el monumento a la fealdad más grande del mundo. Pienso que Santa Cruz es mucho más amplia y no se cometen tantos errores como en La Paz y en Cochabamba menos. La crisis está en La Paz.
¡OH!: ¿Crisis que afecta entonces a los centros de enseñanza? ¿qué opina del nivel de las carreras de arquitectura en el país?
Cuando está en crisis algo, también están en crisis los centros de enseñanza, la UMSA por ejemplo, pero pienso que en la (Universidad) Católica hay bastantes docentes muy conocidos que tienen obra y es que se trata de eso, de tener un marco de referencia, de ser el autor de algo importante en arquitectura.
¡OH!: Hablemos de Usted, de su carrera, ¿cómo empieza a pintar?
Yo a mis 12 años declaré ser pintor solemnemente y a los 17, cuando salí del colegio, decidí estudiar arquitectura para apuntalarme, para cooperar al pintor y no dejar que sufra tanta historia de incomprensión que tienen los artistas, me dije que yo mismo iba a curar el problema teniendo una profesión como arquitecto, pero la vida me ha enseñado que no fue así, porque el pintor está solventando económicamente al arquitecto, es paradójico, pero así es la historia.
¡OH!: La carrera de arquitecto y la de pintor combinan bastante bien...
A un principio era ayudante y dibujante de arquitectos, pero profesionalmente el pintor se ha impuesto y se ha dado el lujo de solventar económicamente al arquitecto. No soy el único pintor-arquitecto además, en la Argentina está Clorindo Testa, gran escultor, pintor y arquitecto, en México, Juan Ogorman, en Guatemala está Ceniceros, también un arquitecto prominente. No es nuevo que el trabajo entre la arquitectura, la pintura y la escultura sean una sola cosa, una coincidencia maravillosa.
¡OH!: ¿Hacia qué lado se inclina?
Me gusta el arte, las artes plásticas. Me es difícil elegir entre el pintor y el arquitecto porque cuando hay una obra interesante me aboco al arquitecto alma, vida y corazón y con la pintura y la escultura sucede lo mismo. Amo la poesía, aunque no la puedo hacer, pero sí cometo poesía de vez en cuando.
¡OH!: ¿Recuerda cuál fue el primer cuadro que pintó?
Era una naturaleza muerta que pinté a los 11 años, vendí el cuadro en el mercado de Potosí, no me acuerdo en cuánto, pero sí que mi hermana se hizo un vestido nuevo con él...
¡OH!: Usted tiene la honra de venir de una familia realmente privilegiada respecto al arte...
Es cierto, el talento me viene de familia, yo soy de la dinastía de Melchor Pérez de Holguín, con mis tres tíos pintores, Víctor Torres Pérez, Simón Torres Pérez y el gran caricaturista José María Oña Pérez... He estado rodeado desde chico de talento, aunque mi padre por bueno quiso protegerme de la carrera de artista...
¡OH!: ¿Y cómo hizo para ganarse la confianza de sus padres y que lo dejen estudiar arte?
Estudié paralelamente el colegio y la carrera de Bellas Artes. Prácticamente estaba obligado a estudiar Bellas Artes porque el director de la escuela de primaria donde yo estaba le encargó a mi profesor que me inscribiera en la Academia. Ya cuando salí del colegio me vine a estudiar arquitectura acá en La Paz, donde una de mis hermanas, Emma, que me protegió. En esa época no tenía mucho tiempo para pintar debido mis estudios, pintaba mentalmente, tuve una exposición mental incluso....
¡OH!: ¿Una exposición mental? ¿pudo plasmarla?
Tenía 24 cuadros en la mente, las formas, los colores, hasta me imaginé cómo sería la colocación de mis cuadros en el salón Guzmán de Rojas, de ellos he debido pintar unos cuatro cuadros después de 40 años. Tengo algunos todavía en mente, pero muchos se me han borrado ya.
¡OH!: ¿Cómo es su proceso creativo?
Cada artista tiene una forma, pero la juventud es para soñar y la madurez para realizar. Yo tengo un cúmulo de sueños, entre ellos esa exposición, pero tengo otros más y recuerdos, deseos y planes, entonces cuando no encuentro en mi cotidianidad algo que pueda pintar, apelo a mi juventud y a esos sueños. Nunca estoy vacío, si no hay recuerdos, son sueños, y si no hay ni eso, pues es la realidad, entonces estoy en un callejón, en un interior, o como sucede cuando una persona me impacta mucho y me conduce a algo creativo y a algo recreativo también. Hay muchos aspectos y es un proceso muy largo aunque hay otros instantáneos, hay cuadros muy elaborados en todo sentido, tanto como oficio y como idea. Las técnicas se adquieren con el trabajo, yo tengo 6.400 cuadros pintados en mi vida, tomando en cuenta que Guzmán de Rojas no pasó de los 250, que Borda no pasa de 450...
¡OH!: ¿Lleva la cuenta con detalle?
Es que yo tengo una moral de trabajo, aunque nadie lo crea. Es un trabajo absolutamente diario, es una imposición personal, tengo que justificar el día haciendo lo que sé. En arquitectura tengo 45 cuadernos que, sumados los dibujos, pasan de los 2.000. En la noche, cuando ya no tengo problema con el color, me dedico a la arquitectura, así no tenga pedidos. Nunca me he dado un día de vacación, no conozco lo que es eso, para mí es una vacación hacer algo que me interesa.
¡OH!: Usted vivió varios años en México, donde se encuentran gran parte de sus pinturas, ¿por qué volvió a Bolivia?
Por un accidente o por una coincidencia, no sé. Resulta que a Bolivia el Perú le otorga un puerto, el de Ilo, y me emociona de tal forma el gesto que pienso en hacer un monumento de agradecimiento. Ya se sabe que es más fácil dar que recibir, y así se lo planteé al entonces Presidente Jaime Paz Zamora, quien lo aceptó de buen grado, así que hice el monumento más importante del Pacífico, tanto por su tamaño como por su trascendencia, y esa fue la razón. Me sentí muy bien en Bolivia y me quedé, dejando en México absolutamente todo, aún mi prestigio...
¡OH!: ¿Se arrepiente?
Para nada.
¡OH!: Y además acá también tiene prestigio...
No sé, un poco lo dudo porque lo que dice el pintor Guillermo Ruck en una carta sin conocerme, es cierto. Esta es una época violenta donde los impostores se imponen. Existen los pintores oficiales que se encaraman en un sistema y son los encargados de representar a nuestros países, y eso es lo que sucede. Hay una convocatoria actual por ejemplo, que es verdaderamente vergonzosa, ellos son los curadores, los concursantes. Yo soy marginal de todo un sistema de gentes, de curadores y de supuestos intelectuales y pintores que están manejando la pintura boliviana hace 40 años y que durante todo ese tiempo no han traído un premio al país y no traen ni vergüenza, que es lo más grave. Yo estoy marginado de ese sistema, pero no estoy amargado.