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| Mónica Oblitas |
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assil Anastasov/ “La Paz, sus rostros en el tiempo” (Rolando Costa Arduz) |
Preservando una historia de varios siglos | El museo del convento de San Francisco es uno de los más espaciosos y significativos de Bolivia y guarda tesoros invalorables
Desde lo más alto del campanario de la Iglesia de San Francisco, entre las 10 antiguas campanas que hace mucho dejaron de tañer, se puede imaginar lo que fuera La Paz hace siglos, cuando el pueblo indio y la ciudad española, los primeros asentamientos de la ciudad, estaban divididos por tres puentes de piedra que atravesaban el río Choqueyapu. De un lado, los señoriales españoles con sus calles empedradas, del otro, los pueblos indios donde las Iglesias de San Francisco, Santa Bárbara, San Pedro y San Sebastián, marcaban las distintas zonas de calles de tierra, chozas de adobe y ninguna arquitectura.
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Emplazada a las orillas del río, divisando ambos lados pero ubicada en el indígena, la Iglesia de San Francisco ha sido y es un símbolo para la ciudad de La Paz. Desde las primeras misiones franciscanas de evangelización (1682); los tiempos del duro cerco a La Paz impuesto por Tupac Katari en 1781, (cuando el puente y el atrio de la Iglesia eran un punto de encuentro entre españoles e indígenas) o como actual testigo del poco previsible cotidiano paceño, San Francisco es prácticamente la “catedral” de los paceños. La Iglesia tiene en una de sus ventanas las huellas de los tiros de algún golpe militar y el San Francisco del vitral principal perdió una mano cuando fue impactado por una granada de gas: en medio del caos, el lugar es el epicentro de la ciudad y continúa siendo uno de los más importantes puntos de encuentro para sus habitantes.
Ahora, después de 15 años de arduo trabajo, los franciscanos han logrado un ambicioso proyecto: atesorar su presencia en la historia de Bolivia a través de la creación del museo franciscano, y ofrecer a la ciudad de La Paz un nuevo espacio para el arte.
San Francisco y La Paz
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Los primeros misioneros asignados para la conversión de los americanos fueron los frailes franciscanos que llegaron a La Paz en 1548 aproximadamente, un año antes de la fundación de la ciudad en 1549, con la misión de evangelizar el norte de La Paz, Beni y el Chaco en Tarija. La primera Iglesia de San Francisco, construida en 1607, se perdió por una fuerte nevada que derrumbó el techo y remojó los adobes. La nueva construcción empezó en 1700 y la última bóveda se concluyó el 27 de octubre de 1772. En su forma original, el convento abarcaba hasta la avenida Mariscal Santa Cruz, llegaba hasta las calles Linares y Sagárnaga y tenía nueve patios interiores.
Con la creación de la República en 1825 y a través del decreto dictado por el Libertador Simón Bolívar, las ordenes religiosas fueron expulsadas de Bolivia. Los franciscanos se quedaron, pero fueron despojados de varias pertenencias, entre ellas la primera parte del claustro que sufrió varias modificaciones a lo largo de la historia, siendo cuartel, aduana y escuela.
La construcción más antigua en San Francisco data del siglo XVII y es la del patio intermedio, donde se encontraba la huerta. En algunas habitaciones se pueden apreciar grecas pintadas en el siglo XVI y llaman la atención los colores de la bandera nacional que varias tienen pintados en las paredes. Esto se explica por el embanderamiento obligatorio de todas las casas de La Paz en la época de la Guerra del Pacífico. En este patio también se encuentra la celda que será recreada a imagen exacta de las que usaban los franciscanos. Se ha elegido la del padre Juan de Dios Delgado, compañero de lucha de Pedro Domingo Murillo y enterrado junto a él y otros héroes como Eduardo Abaroa en la cripta bajo el altar mayor de la Iglesia.
En 1948, al hacer la apertura de la avenida Mariscal Santa Cruz, el arquitecto Emilio Villanueva decide demoler la mitad del claustro. A través de varias gestiones, el lugar tuvo distintas funciones hasta llegar a la galería artesanal que fue retirada para dar paso a la restauración del convento.
Un trabajo de bisturí
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La labor del equipo de los arquitectos Fidel Cossio y Patricia Vásquez (30 obreros y 15 técnicos restauradores de las escuelas taller de Sucre y Potosí) es impresionante. Lo que hasta hace algún tiempo fuera una galería artesanal, es ahora una obra histórica que ha recuperado el valor de reliquia que tiene la Iglesia y todo su entorno.
“Todo se había perdido, estaba rebocado, las molduras, los detalles de los capiteles de piedra estaban pintados...” explica Vásquez.
Aunque tomó tiempo y trabajo, con las comerciantes fuera se pudo liberar una construcción de los años 70 que tapaba el patio original y se la demolió. De esta forma se pudo rescatar parte del antiguo piso empedrado. El trabajo de restauración ha sido lo más difícil y minucioso. Los técnicos han trabajado en cantería, en talla de piedra y en la limpieza de la enorme arquería que estaba camuflada por los kioscos de venta. En las paredes se han repuesto las piedras bolones y las piedras canteadas, llamadas sillar, que se han traído de Letanías, en Viacha.
También se ha trabajado en pintura de caballete con la restauración de varios lienzos que se exhibirán y en pintura mural, recuperando los colores tanto de pintura plana (colores en muros y paredes, ocres, azules y grises) como la parte de dibujos mediante el trabajo de calas estratigráficas, donde se sacan una por una todas las capas de pintura con un bisturí hasta llegar a la base de la pared. Los techos han conservado parte de la madera original de nogal y pino, que también ha sido tratada por los técnicos.
El financiamiento
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La comunidad franciscana ha financiado todo eproyecto. En el año 1978, se presentó un primer proyecto a cargo del Fondo Social de Emergencia, donde se quería revalorizar el convento de San Francisco y darle un nuevo uso, pero los franciscanos se opusieron al tenor del mismo porque significaba ceder durante 99 años todos los espacios del convento.
Las obras actuales comenzaron con la valoración del lugar en el año 1993 y se iniciaron formalmente en 1994, aunque Patricia Vásquez explica que ha sido en estos últimos cinco años donde se ha avanzado notoriamente.
El principal impulsor de la obra ha sido el padre Orlando Cabrera, quien quería recuperar el edificio sin perder la residencia de la comunidad franciscana que en la actualidad continúa viviendo en el lugar.
Para ello solicitó al Viceministerio de Cultura que elabore un proyecto de restauración con esos lineamientos: mantener la presencia de los franciscanos en todos los lapsos de la historia del país en la que han participado, primero en los movimientos de evangelización y luego en los distintos procesos de independencia.
El trabajo solicitado al Viceministerio fue financiado por los padres franciscanos y fue allí donde empezó el trabajo de Fidel Cossio. El proyecto se elaboró durante ocho meses y el levantamiento de planos estuvo a cargo de Patricia Vásquez que en la actualidad supervisa junto a Cossio toda la obra. El financiamiento, que alcanza los 750.000 dólares, se logró con aportes de la sede franciscana en Europa, fundamentalmente de la Comisión de Arte y Cultura que funciona dentro de la orden en Italia.
Ahora, es el padre Francisco Cuevas quien tiene a cargo la comunidad franciscana en La Paz y la finalización de las obras del museo, que está previsto que se abra al público a finales de este mes y donde se expondrá la muestra World Press Photo 2005.
Paseando la historia
Cuando llegue al convento, el visitante se encontrará con un pequeño patio de piedra donde una enorme maqueta muestra cómo fue construido y cómo era el convento originalmente. En el patio siguiente, (adornado por una fuente de piedra), un pasillo flanqueado por arcos tallados conduce al primer piso del museo. Las columnas conservan todavía algunas marcas de cuando el lugar fuera un cuartel y los soldados amarraban en ellas los caballos. En este primer patio se ubican varias salas de exposición que podrán ser visitadas libremente.
El segundo patio es una sinfonía de colores, azules ultramarinos, ocres y grises, conservando los tonos con los que estaba pintada esta parte del convento que tenía en el centro una huerta y que sirvió también como escuela.
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En este espacio se ubican varios cuartos, entre ellos la bodega donde los franciscanos preparaban vino y singani. Los artefactos que utilizaban y las enormes tinajas de barro donde se guardaban las bebidas todavía se conservan en perfecto estado, también se exhibirán muebles antiguos, objetos litúrgicos y platería. Además, muchos de los acervos que se conservan en otras misiones franciscanas, como la de Chiquitos por ejemplo, también serán expuestos en este museo. La visita además incluye el coro mayor de la Iglesia, su cubierta y el campanario, desde donde la vista de la ciudad es simplemente hermosa. Por todo ello, el lugar es una puerta al pasado, una forma de entender y apreciar lo que fuera y es el país y el porqué de su historia.